edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
29/06/2011
EL DEDO DE MADOZ

Un 'remake' cojo del plan Brady de 1989 pretende zanjar la crisis de la deuda griega

Carlos Schwartz

La propuesta de refinanciación de la deuda griega pergeñada por el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, junto a los bancos de ese país que aspira a prorrogar en 30 años los vencimientos del 50% de la deuda griega presenta una debilidad que lo convierte en un 'remake' cojo del Plan Brady con el cual se zanjó la crisis de deuda de América Latina en marzo de 1989. La diferencia fundamental en el tratamiento del problema estriba en que el plan aquel, promocionado por el entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, Nicholas Brady, los bonos que sustituyeron la deuda multilateral y bilateral -denominados bonos Brady- tenían el aval de los países acreedores y de los organismos multilaterales que intervinieron en la operación. No es el caso del intento del plan Sarkozy.

Este último aspira a sustituir ese aval, rechazado por Alemania, mediante la creación de un organismo ad hoc que emitiría bonos a 30 años de cupón cero -es decir emitidos al descuento- que si tendrían indirectamente un respaldo de los estados de la UE a través de su fantasmagórica presencia en ese organismo. El mismo tendría una vinculación con el Mecanismo de Estabilización Europeo que aun no existe y que estaba previsto para 2013. Seguimos en las mismas, adelantar el calendario pactado entre Francia y Alemania sin espantar a los caballos de Atila. En marzo de 1989 el presidente del comité de bancos que negociaba el Plan Brady, el presidente de Citibank John Reed, se pavoneaba por las calles de Madrid donde se realizaron algunas de las reuniones multilaterales. Estaba al borde de materializar el acuerdo que consideraba histórico y mientras descendía las escaleras de los salones del entonces Castellana Hilton de Madrid -hoy Intercontinental- hacia el salón de entrada del hotel afirmaba ante los periodistas que “este es el fin de una pesadilla”.

A Reed su papel exitoso en el comité de bancos acreedores le valió de plataforma para hacer campaña a brazo partido para la eliminación de las trabas para que los bancos comerciales tuvieran acceso a las operaciones de la banca de negocios y operaran en bolsa y en la industria de seguros. Fue a caballo del “éxito” del plan Brady que la ley Glass-Steagall que excluía a la banca comercial de las operaciones de alto riesgo fue derribada, en contra de las previsiones del pope de los economistas Kenneth Galbratith (El País 26 de junio de 1988) quien consideraba esa eventualidad imposible.

El ejemplo es cuando menos aleccionador si tenemos en cuenta que en buena medida una expresión profunda de la crisis sistémica que estalló en la banca y en la industria de los seguros en 2008 está estrechamente vinculada al proceso que siguió a la eliminación de esa ley. Fuera de estas digresiones el hecho de que no haya garantía de los estados acreedores a los posibles bonos con los que se respaldaría la novación de la deuda soberana griega supone el fracaso del plan en el medio plazo.

Si Europa no es capaz de hacer una emisión de deuda con el respaldo solidario de los estados miembros de la UE para apoyar la reestructuración de la deuda de uno de los estados miembros, ni puede tampoco lograr que un acuerdo de acreedores garantice una emisión de bonos que asuma Grecia, al estilo de los bonos Brady, entonces no hay solución estable. Los bancos pueden transitoriamente conceder a la sugerencia de una reestructuración garantizada con un bono cupón cero con una rentabilidad soberbia. Pero eso será todo. Al día siguiente los movimientos sísmicos seguirán, y para este descuido no hay píldora del día después.

Por añadidura hay conflictos entre los bancos franceses y alemanes en cuanto a los plazos a los cuales están dispuestos a reestructurar la deuda, y los germanos no parecen estar dispuestos a conceder más de 15 años en el mejor de los casos. Entretanto, la eliminación hace varias décadas de la ley Glass-Steagal ha permitido por ejemplo que bancos comerciales como JPMorgan estén de lleno en el mercado de derivados, y entre otros en el de los Credit Default Swaps (CDS) que tan destacado papel pueden llegar a jugar en caso de una suspensión de pagos de Grecia. Estos datos complementarios dan mucha emotividad a los días que se avecinan porque si el congreso griego no alcanza un acuerdo sobre el plan suplementario de medidas de austeridad y privatizaciones que es condición para la concesión de los tramos de financiación que están pendientes y para la nueva que el país espera recibir, todo el esfuerzo de la reestructuración se irá al garete. Mientras, el partido conservador en Grecia que para nada es ajeno a lo que le ocurre en el país ha declarado que el plan será catastrófico para Grecia.

Vale la pena señalar en torno a este asunto de la reestructuración de la deuda griega que el Banco Central Europeo será en breve presidido por el economista italiano Mario Draghi. El gobernador del Banco de Italia y miembro del consejo del BCE ha sido alto ejecutivo de Goldman Sachs Europa. Este banco de negocios ha sido el encargado de maquillar las cuentas públicas de Grecia para que el nivel real del déficit presupuestario no fuera visible para Eurostat, el instituto estadístico europeo cuyas cifras refleja fielmente el BCE.

A la política europea no le causa el menor pudor que un ex alto cargo de un banco de negocios como Goldman Sachs, que entre otras cosas se opone a que las operaciones OTC caigan bajo el control oficial y que sus operaciones se liquiden y compensen a través de entidades centrales de contrapartida (ECC), presida al banco central de la Unión.

Entretanto, el BCE que tiene en su cartera unos 14.000 millones de euros en deuda pública griega se opone a la prórroga de su vencimiento. Esta es desde luego una cerrada posición en defensa del capital del banco al que han aportado todos los países miembros. Al mismo tiempo es bueno señalar que las cosas van por muy mal camino por relación a los sueños que en la década de los 80 enunciaron personalidades como Robert Triffin y Alexander Lamfalussy.

El BCE ha fracasado en su intento de impulsar una mayor unidad política que permitiera una autoridad fiscal central en Europa capaz de emitir deuda pública en representación de todos los estados miembros. Su oposición de hoy refleja la derrota de sus objetivos. El plan Sarkozy si se impone es sólo una escala transitoria en la vía crucis de la crisis del euro. Vale la pena señalar que una parte sustancial de los que contribuimos a este medio hemos sido testigos directos como periodistas del desarrollo del plan Brady y los acontecimientos que lo rodearon. No es una casualidad, es una decisión consciente.

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