edición: 2513 , Jueves, 19 julio 2018
18/05/2010

Una América Latina dividida negocia con una UE contra las cuerdas

Pedro González
La reanudación de las interrumpidas negociaciones con el Mercosur en pos de una zona de libre comercio será probablemente el resultado más visible de una semana de cumbres entre la Unión Europea y las diferentes regiones de América Latina y el Caribe. Un encuentro, especialmente el que aúna a la totalidad de ambos conjuntos de países, en el que la presidencia rotatoria española tiene puestas todas sus complacencias, toda vez que la anunciada ausencia de Barack Obama arrumbó la que iba a ser gran estrella de este semestre, el encuentro de la UE con Estados Unidos.

Los prolegómenos de la cumbre UE-América Latina han sido bastante humillantes para España, empeñada tanto en convencer a sus socios europeos de la importancia que deben prestar a aquel continente como de demostrar a la comunidad iberoamericana que somos puente obligado en sus relaciones con Europa. Sin embargo, la ostensible debilidad internacional del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero también se está dejando notar en las repúblicas iberoamericanas, diez de las cuales amenazaron con no acudir al encuentro si lo hacía el presidente de Honduras, Porfirio Lobo, elegido en unos comicios que Lula –principal inspirador del chantaje- sigue sin reconocer.

Un movimiento secundado de inmediato por Hugo Chávez y sus colegas del eje bolivariano, y que obligó a una solución de emergencia a la diplomacia española para plegarse a sus exigencias. Conseguido el objetivo de seguir considerando a Honduras como una apestada, Chávez se descolgó de la cumbre, anunciándolo no por los habituales cauces diplomáticos sino a través de la megafonía de sus alocuciones radiotelevisadas.

El caudillo venezolano sigue procediendo mientras tanto a la expropiación masiva de todas las tierras “hasta que no quede un solo latifundio”, actividad que extiende a pequeños y grandes negocios, sean supermercados o tiendas de alimentación, o sean instituciones financieras que exigen garantías antes de conceder créditos. Chávez ordena las incautaciones y fija ‘ad calendas graecas’ la indemnización: “veré cómo y cuándo puedo pagarte”, asevera en sus anuncios a los reos de su fiebre expropiadora. Mientras tanto, el cubano ex ministro del Interior Ramiro Valdés multiplica la creación de comités de defensa de la revolución a imagen y semejanza de los que puso en pie en La Habana, e impulsa unas milicias populares calcadas de las Brigadas de Intervención Rápida de las Tropas Especiales cubanas, no para hacer frente a invasiones exteriores, que también, sino para enfrentarse al “enemigo interior” y a los “traidores a la patria”, es decir represión pura y dura de los no adictos al régimen chavista.

Los modos “bolivarianos” se están extendiendo peligrosamente por el continente, ya que los procesos de expropiación y nacionalización parecen seguir las pautas de Chávez. Hace pocos días también el secretario de Comercio argentino, Guillermo Moreno, decidió anular buena parte de las importaciones de alimentos, con órdenes verbales de obligado cumplimiento, pero sin molestarse en elaborar un decreto legal. Una actuación que afecta a los países vecinos, especialmente Brasil, que ha amenazado con medidas de retorsión.

Además del esfuerzo económico cubano por realizar las pasadas maniobras militares ante una supuesta amenaza de Estados Unidos, también es evidente que el continente iberoamericano está realizando un descomunal esfuerzo inversor en armamento. Una vez más la iniciativa correspondió a Chávez, cuyas adquisiciones de todo tipo de armas modernas ha sido secundada por Ecuador y contrarrestada por el esfuerzo inversor bélico de Brasil, Colombia, Perú y Chile. No es, pues, una mera modernización de las respectivas fuerzas armadas sino más bien una lucha por el liderazgo respaldada por un poderío militar que resulte ostensible y disuasorio a ojos de los demás.

Ese continente dividido, e incluso fracturado, tiene enfrente a una UE contra las cuerdas, cuya moneda única ha sido, y es, el objetivo último de las ofensivas de unos mercados financieros que han olfateado su falta de liderazgo. Quienes urgen a los dirigentes europeos a que se mantengan firmes ante los ataques especulativos y articulen una gobernación económica fuerte, no lo hacen únicamente por altruismo. Saben que Europa y sus viejos valores son a pesar de todo para ellos una esperanza alternativa a los abusos del capitalismo salvaje y a los que toman a éste como pretexto para instaurar otro tipo de dictaduras no menos salvajes. América Latina, que ha conseguido en conjunto una democracia arraigada y no sufre tanto como Europa los embates de la crisis, necesita no obstante de fuertes avances comerciales que aumenten su prosperidad y asienten usos y costumbres que dejen poco margen para que se instaure el modelo cubano en otros países del área.

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