edición: 2861 , Jueves, 5 diciembre 2019
24/04/2010

Una América Latina fracturada ansía que Europa recupere su papel como potencia global

Pedro González
América Latina y Europa se miran con escepticismo y con el peligro de un progresivo alejamiento. A juicio del ex presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, los iberoamericanos tienen nostalgia de una Europa más fuerte, “porque somos hijos de la misma civilización y de la misma cultura”. A excepción de España, que lucha por convencer a la Unión Europea del carácter estratégico de las relaciones con el continente iberoamericano, el conjunto de la UE contempla a América Latina como una comunidad muy dividida, excesivamente retórica e incapaz de resolver de inmediato pequeños problemas, considerados ridículos cuando se contemplan a cierta distancia. A su vez, los latinoamericanos experimentan cierto resentimiento frente a una Europa que erigió frente a ellos la barrera de una política agrícola proteccionista que sigue sin abatirse. Estas son algunas de las conclusiones de dos intensos seminarios, celebrados esta semana en Madrid, a instancias de la Secretaría General Iberoamericana, el Real Instituto Elcano y la Fundación Inter American Dialogue, previos en todo caso a la cumbre Unión Europea-América Latina del próximo mes de mayo.

El foro ha contado incluso con la presencia, vía videoconferencia, de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, cuya intervención ha sido juzgada con severidad por la mayor parte de los asistentes. “Esta señora –comentaba uno de ellos- no se ha percatado de que en Madrid se reunían varias decenas de muy experimentados ex presidentes y ministros de Economía y Asuntos Exteriores de países latinoamericanos, y ha elaborado un discurso paternalista y de perfil insultantemente bajo”. En efecto, los países iberoamericanos no rehuyen su responsabilidad en su retroceso con respecto a la economía global. Del 35% del PIB de los países OCDE ha pasado al 25%, y del 16% del volumen del comercio mundial ha retrocedido al 5%, datos que provocan la alarma de un continente  que no renuncia a competir con el poder exhibido por las nuevas grandes potencias emergentes.

No ha habido grandes diferencias a la hora de enumerar los grandes desafíos a los que se enfrenta el binomio UE-América Latina: problemas globales que requieren soluciones globales; lucha contra la proliferación nuclear; criminalidad altísima; sistema financiero aún no coordinado 24/24/7, es decir a todas horas todos los días del año; cambio climático ostensible, y un narcotráfico capaz de emponzoñar a toda la sociedad europea a partir de nuevas rutas, que de paso envenenan África.

Especialmente crítico con la relación entre América Latina y Estados Unidos se mostró Lázaro Cárdenas, nieto del presidente que nacionalizara los hidrocarburos e hijo de Cuauthemoc, el verso más que suelto del PRI. El gobernador de Michoacán se preguntaba por qué los cientos de kilómetros de túneles que el narcotráfico utiliza entre Estados Unidos y México solo descubren sus bocas en territorio mexicano, como si no existieran entradas y salidas del otro lado del río Bravo. Es escalofriante saber que del lado de Estados Unidos existen nada menos que 13.000 fábricas de armas y expedición, que obviamente se utilizan en las diarias carnicerías que asuelan el territorio mexicano. Todo ello para concluir que sin una decidida actitud de combate por parte del principal país consumidor de droga será imposible erradicar una lacra que carcome a países como México.
 
A este respecto, Enrique García, presidente ejecutivo de la Corporación Andina de Fomento (CAF) criticaba el silencio norteamericano a propósito del esclarecedor trabajo conjunto sobre las raíces del narcotráfico y sus posibles soluciones para erradicarlo de tres acreditados ex presidentes como el brasileño Cardoso, el mexicano Zedillo y el colombiano Gaviria, un documento que no ha merecido el más mínimo comentario por parte de Estados Unidos.

García también llamó la atención sobre el “excesivo enamoramiento que América Latina está experimentando respecto de China”, cuyos acuerdos con diversos países iberoamericanos exhiben un modelo de producción tradicional, sin innovación tecnológica alguna y con escaso o nulo respeto por el medio ambiente, “tal y como ya están lo están sufriendo los países africanos en los que ha desembarcado el incuestionable poderío chino”. Cree también que China aporta el espejismo de una prosperidad instantánea, cuyo efecto más demoledor sería volver a despertar la afición latinoamericana por el quietismo rentista.

 A partir de estos datos, el presidente de la CAF preconiza un reforzamiento de relaciones con una Europa que pueda aportar nuevas tecnologías a América Latina, a la vez que aproveche la ventana de oportunidades de un continente que crece al 4%. La CAF, que agrupa a 18 países (tres más están en lista de espera), financia proyectos de infraestructuras, especialmente transfronterizas, por valor de 10.000 millones de dólares anuales. Carreteras, gasoductos, energía eléctrica y puertos constituyen los principales rubros que la CAF está dispuesta a financiar por un montante de hasta 30.000 millones de dólares en los próximos dos años, lo que Enrique García considera una ventana inmejorable de oportunidades para empresas europeas en general, y españolas en particular, con atención preferente a las pymes.

LA PIRATERÍA Y LA DISCRIMINACIÓN A LAS EMPRESAS NORTEAMERICANAS, CONTENCIOSO PRINCIPAL ENTRE ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS

El papel político y económico de España en América Latina fue elogiado con énfasis por el nuevo embajador de Estados Unidos en España, Alan D. Solomont, que celebró una primera reunión masiva de contactos con los empresarios españoles afiliados a la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD). “Sabemos que España sigue siendo uno de los grandes actores internacionales en América Latina –dijo Solomont-, especialmente para promocionar la cultura del libre mercado, los derechos humanos y el libre comercio”.

El embajador se comprometió a cumplir el principal encargo del presidente Barack Obama, es decir “el reforzamiento de los lazos e intercambios económicos entre los dos países”. Solomont recalcó que España es el décimo inversor en Estados Unidos en 2009, y el tercero en lo que va de 2010, destacando que las empresas españolas se han situado de manera inmejorable para participar en la modernización de las infraestructuras viarias del país, y en la implantación de las plantas de producción de energías limpias. La penetración española no se limita a estos sectores, puesto que las producciones y servicios audiovisuales se proyectan ya a partir de Miami, y el jamón ibérico desde Virginia.

Solomont delineó la frontera entre el éxito y el fracaso de su misión a partir de su capacidad para conseguir que nuevas empresas españolas se establezcan en Estados Unidos y las norteamericanas crezcan también en el mercado español, pero no dejó de resaltar los contenciosos que, a propósito de la piratería informática y la presunta discriminación de las empresas norteamericanas en los contratos públicos, enfrenta a Estados Unidos con España. “La piratería es más que un grave problema”, dijo. “Esa piratería significa nada menos que un 30% de fraude, una cantidad lo suficientemente significativa como para tomar medidas drásticas”. El embajador reveló haber hablado tanto con el Gobierno de Zapatero como con la oposición para evitar detener el flujo de producción de música y películas a causa de la no evitación de este fraude, y también dejó claro que el sentimiento que los norteamericanos tienen hacia este problema se refiere solo a España y no al resto de la UE.

El otro punto de fricción está en las acusaciones de diversas empresas de Estados Unidos, que se sienten discriminadas por las administraciones españolas en los contratos públicos. Solomont abandonó el tono diplomático para advertir de las consecuencias que pueden derivarse de este comportamiento, que contrapuso a las facilidades que a su juicio han encontrado las empresas españolas para hacer pingües negocios en el mercado norteamericano.

Como era de prever, Alan D. Solomont elogió a su propio presidente, del que alabó su actitud de comprensión y amistad hacia España, a través de sus encuentros con el Rey y con Rodriguez Zapatero. Admitió el reproche que le hizo su presentador, Antonio Garrigues Walker, de que Estados Unidos fue el principal causante de la crisis financiera, al tiempo que también se adhirió a su vaticinio de que “también es el único que nos puede sacar de ella”, e hizo una encendida referencia a la presentación ese mismo día por Obama de su proyecto de ley para regular los mercados financieros. Y, en fin, para suavizar sus veladas amenazas a propósito de los contenciosos, también lanzó piropos a la clase empresarial española, al subrayar sus valores éticos y su seriedad en la realización de negocios internacionales.

CAOS EN LOS CIELOS DE EUROPA

En el continente europeo la semana estuvo marcada por las consecuencias de la erupción del volcán islandés Eyjafjälla, un fenómeno de escaso valor científico pero que ha evidenciado los problemas que causa la ausencia de un cielo común, justo lo que propusiera hace una década Loyola de Palacio, a cuya yugular se lanzaron entonces los representantes de la socialdemocracia europea, tanto desde sus gobiernos nacionales como desde los escaños de Estrasburgo. Eurocontrol es un mero organismo de coordinación entre las soberanías aéreas de los 27, cuyos presuntos hechos diferenciales han sido sepultados por las toneladas de ceniza que cada segundo lanzaba este volcán de nombre impronunciable, preludio tal vez de otra erupción mucho más descomunal de su primo cercano y mucho más grande, el Katla, un volcán que acostumbra a desperezarse solamente una vez cada siglo (la última, en 1918), aunque eso sí con un estrépito capaz de hacerse sentir en todos los confines de la tierra.

Comprobado ahora que Loyola de Palacio fue una adelantada, la UE tiene ahora la oportunidad de enmendar el error siquiera sea parcialmente: constituir un auténtico gestor europeo que unifique las normas de control y emita recomendaciones –sería conveniente que con carácter vinculante- para las autoridades nacionales.
 
De momento, este capricho  de la Madre Naturaleza lleva costados cerca  de 2.000 millones de euros a las compañías aéreas, casi el doble de lo que supusieron los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York, mientras sectores estratégicos vitales, como lo es el turismo para España, han perdido no menos de otros cien millones de euros. Al mismo tiempo, la pésima coordinación de las consecuencias sobre siete millones de viajeros pone de relieve que la burocrática Europa dista mucho de dotarse de la agilidad que requieren situaciones de emergencia, que cada vez serán más y más frecuentes.

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