edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
20/05/2016

Una reunión del G7 en Sendai este mes aspira a mantener la tregua monetaria internacional

Hace un trimestre que el G20 promovió una exitosa suspensión de las guerras entre divisas
Carlos Schwartz
El último fin de semana de mayo el G7 se reúne en la ciudad japonesa de Sendai y en el centro de su agenda está la revisión de los pactos alcanzados hace tres meses en la reunión del G20 en Shangai. A resultas de los acuerdos en la ciudad china se registraron una serie de conductas por parte de los bancos centrales que han sido decisivas para la estabilidad de los mercados de cambios durante los primeros cuatro meses del año. Los ejemplos están a la vista. La Reserva Federal (RF) no prosiguió con los incrementos de tipos de interés del sistema, el Banco Central Europeo (BCE) decidió abstenerse de momento en profundizar su política de tipos de interés negativos, el Banco de  Japón no ha vuelto a ampliar su política de inyectar dinero al mercado y el Banco de la China Popular ha librado una campaña contra los especuladores que quieren un renminbi más bajo. A resultas de este escenario, por ejemplo las monedas de los países de economías emergentes recuperaron terreno frente al dólar en el primer cuatrimestre del año.
Esta semana sin embargo las divisas de Polonia, Brasil, y África del Sur volvieron a debilitarse frente al dólar. Sin embargo durante los meses hasta mayo la relación entre las monedas centrales en las relaciones comerciales internacionales mantuvieron un alineamiento sin mayores alteraciones. En realidad los cambios más relevantes fueron los de la libra esterlina y el peso mexicano con caídas mayores del 1,5% frente al dólar, amén de una mayor estabilidad del precio del dólar que ha incidido en un barril de petróleo en el horizonte de los 50 dólares. Pese a ello esta semana los rumores de que la Reserva Federal podría reanudar los incrementos del tipo de interés dispararon al dólar y bajaron el precio del barril de petróleo.

Algunos analistas del mercado ven en esta tregua algo similar al denominado Acuerdo del Plaza de 1985 por el cual se limitó con éxito la fortaleza del dólar. Pero entonces la batalla de fondo era entre Japón y Estados Unidos donde este último intentó salvar su balanza comercial ante Japón bajando al dólar. La estrategia fracasó porque el problema era de competitividad internacional, es decir costes de producción en los que estaba implícita la carrera tecnológica del país asiático y pese a una reducción significativa del tipo de cambio del dólar de un 50%, la balanza comercial con japón siguió en rojo. Establecer un paralelo es desacertado.

Bajo la superficie lo que hay en la actualidad son desajustes entre monedas vinculados entre otras cosas a las diferencias entre el poder adquisitivo de cada una de ellas en sus mercados interiores e internacionales respecto de las otras monedas del sistema monetario. Estados Unidos ha manifestado su preocupación por la existencia de una “guerra monetaria” encubierta con la publicación por parte del Tesoro de una lista de divisas a observar entre las que están China, Alemania, Japón y Corea del Sur. Este maniqueísmo sobre la supuesta manipulación de los tipos de cambio lo que pone de relieve es que hay un profundo desajuste entre las mismas que tenderá a resolverse de forma ordenada o traumática “y no más tarde de 2017” de acuerdo con un analista de un importante operador del mercado de divisas.

El mensaje que lleva el secretario del Tesoro estadounidense Jack Lew a Sendai el úlltimo fin de semana de mayo es de estabilidad en los mercados cambiarios. Va de suyo que el grupo va a dar su apoyo a este objetivo, la cuestión es cuánto se podrá mantener lo que cada vez más parece un puñado de acuerdos bilaterales a la espera de que un vendaval los disperse. Es evidente que los bancos centrales han ganado tiempo con sus estrategias convergentes. Pero durante cuánto tiempo. El dólar ha reanudado el roncar de sus motores y la divisa comienza a calentarse. La Reserva Federal calmó en su momento la apreciación al reducir los aumentos de tipos de interés previstos de cuatro a dos para este año.

Los datos de debilidad económica en China aconsejarán a la RF cautela, afirman los operadores consultados porque, consideran, el banco central estadounidense intentará evitar una tormenta monetaria estival como la que se desencadenó el año pasado en torno al renminbi. También es cierto que el dólar ha perdido suficiente terreno como para que una apreciación limitada pueda ser absorbida sin desbordar los máximos anteriores durante este año. En realidad los tiempos para una tal política de acuerdos quedan a expensas de que el banco central más necesitado de un cambio de paridades deje flotar a su divisa, y quienes serán capaces de esterilizar los efectos adversos de ese cambio en la política monetaria, y si eso es posible.

Hay operadores que invierten la pregunta y lo que cuestionan no es la duración de la actual tregua y un nuevo horizonte de paridades, sino cuál será el escenario. Porque puede ocurrir, afirman, que se mantenga una tregua pero que sus efectos, es decir paridades artificiales, se trasladen a la política fiscal interior en la forma de déficit o mayores superávit alimentando desequilibrios que ya están presentes, por ejemplo, dentro de la zona del euro entre Alemania y España por ejemplo.

De allí las presiones de la Unión Europea por disciplinar el déficit fiscal de España y Portugal. Este es un escenario prometedor en una eventual batalla entre Estados Unidos y una Alemania inmersa en un superávit creciente en torno al valor real del euro. Así que parece que el Tesoro sospecha que Alemania manipula el euro, y si nos atenemos a los excedentes de balanza de pagos de la economía más fuerte de la región de qué otra forma el Tesoro podría cuestionar al euro sin apelar a esta evidencia. Esto promete diversión con la potencial salida del Reino Unido de la UE a la vuelta de la esquina, que por cierto no forma parte del euro.

¿Que pasará con la libra si hay desacople? Una pregunta con tantas respuestas como opiniones políticas sobre el tema hay. Y en el fondo la industria británica y los exportadores del país no ven con tan malos ojos una depreciación de la libra. La cuestión es saber si uno de estos movimientos puede dejar salir al genio de la botella. Lo que está claro es que en este contexto habrá golpes entre operadores y este se ha tornado en un mercado solo para expertos.

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