edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
17/07/2017
Las nuevas calificaciones serán decisivas

Una subida de tipos y el BCE pueden anular el crecimiento previsto por el Gobierno

España, muy expuesta a la nueva calificación de las agencias cuando suban los tipos y el BCE cambie su política monetaria
Juan José González
Las deudas españolas, suma del Estado y sus entes, bancos y demás entidades financieras, superan en la actualidad el cuarto de billón de euros, cuantía que da una idea de la dimensión del problema y de su vulnerabilidad en tanto que dificultad para hacer frente a las mismas. Si, como es previsible, se encarece el precio del dinero y el Banco Central Europeo comienza a bajar el volumen de sus compras de deuda, la gravedad del problema será mucho mayor. La presión al alza del precio del dinero es un hecho, de la misma forma que Europa prepara estos días un calendario de actuación para el cambio de su actual política monetaria, la retirada gradual de los estímulos, de la compra de deuda practicada en los últimos doce meses. Si este es el escenario previsible a medio plazo -a seis y ocho meses vista- los planes del Gobierno deberán cambiar sustancialmente, o introducir numerosas modificaciones para adaptar las previsiones a la nueva realidad que parecen confirmar los hechos. En el fondo, y en el centro del problema, se encuentra el elevado volumen de la deuda española, la formada por la deuda del Estado y sus entes dependientes, la deuda bancaria y la de las entidades financieras. Sin cambio de política, la deuda del Estado será insostenible.
El Gobierno vive estos meses muy pendiente de los vientos de cambio económico. Por un lado, los procedentes de la previsible subida del precio del dinero, evidente en el caso de los tipos norteamericanos. Y por otro, la certeza de que el Banco Central Europeo ya ha comenzado a enviar señales a los mercados y a los Gobiernos en forma de hipótesis, supuestos en los que sería factible y razonable un cambio en la política monetaria en Europa. Algo que, sin embargo, aunque generador de inquietudes no parece preocupar en exceso a los Gobiernos al entender que la retirada de los estímulos se llevaría a cabo de forma gradual.

Sin embargo, el cambio de marcha del BCE tendría algunas consecuencias prácticas que pondrían en apuros a las autoridades españolas. El motivo no es otro si no el elevado volumen de endeudamiento que soporta la Economía española, deuda integrada por la deuda del Estado, de las administraciones y entes públicos y de las entidades financieras, nada menos que un cuarto de billón de euros. Un montante que a día de hoy es sostenible en tanto que los tipos de interés bajos mantienen el precio de la deuda y su financiación en cifras razonables, asumibles.

Pero el cambio del escenario económico, si se materializa la subida del precio del dinero y el BCE procede en los próximos meses, por ejemplo, a partir del primer trimestre del próximo año, las finanzas de los Estados comenzarán a resentirse en la medida del tamaño de sus deudas y del crecimiento económico de cada uno de ellos. Pero no sólo afectarán los cambios al Estado, si no también, como efecto colateral, los daños en aquel se trasladan a las empresas de forma casi automática. Entonces, el problema ya habrá cobrado la dimensión de un problema nacional, implicando al sector público y al sector privado.

En principio, la financiación del Estado español parece estar encaminada, controlada y muy bien gestionada en plazos y costes. En este sentido, la deuda pública sólo contaría con el problema de mantener una financiación barata del Estado en un mercado con precios al alza. Pero el problema mayor estaría en las empresas, puesto que la nueva política del BCE dejaría de comprar deuda privada empresarial que regresaría al mercado para ser financiada. Esta nueva situación, previsible a seis u ocho meses vista, repercutirá en la financiación de los Estados al contar con un nuevo competidor, con la deuda empresarial en poder del BCE.

De unos y otros, de los tipos de interés y del fin de los programas de compra de activos del BCE, dependen los planes de los Gobiernos, dependen también la financiación de los Estados y de las empresas. La mejor forma de afrontar el nuevo escenario pasa, para cualquier Gobierno, por lograr el crecimiento y mantener la expansión en los próximos ejercicios. En el caso español, todo indica que, como mantiene (y revisa) el Gobierno y confirman (y mejoran) numerosos institutos privados e instituciones internacionales, la expansión económica seguirá el buen ritmo actual. Otro asunto será el que afecta a la calificación que otorgan las agencias a la deuda pública y que, en el caso de la española deberá superar el examen de la nueva situación, esto es, la que vendrá definida por una subida del tipos de interés y del cambio en la política monetaria del BCE.

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