edición: 2560 , Lunes, 24 septiembre 2018
07/02/2018
Reacción desmedida, mal presentimiento

Una corazonada bursátil acaba con las ganancias, la confianza y el optimismo

Caída puntual -e histórica- que consigue terminar de un sólo golpe con los beneficios de enero
Juan José González
Nada en especial ni singular parece explicar la espectacular caída de las bolsas con la que se inició la semana. Del análisis de la situación no se desprende un motivo principal como causa de  la corrección de los mercados ni tampoco de la suma de los varios factores que conforman la coyuntura. Ni siquiera en el apartado de los rumores se podría encontrar la causa de la bajada de las cotizaciones bursátiles. Rumores sobre el posible adelanto de una bajada de tipos en EE UU coincidiendo con la sustitución de Janet Yellen al frente de la Reserva Federal por un conservador Jerome Powell, tampoco parece que sea motivo para la espectacular corrección. Es cierto que se intensifican los rumores y, por tanto, las posibilidades, de cambios de políticas monetarias cuando en el río suenan tensiones inflacionistas. Tensiones, rumores y noticias en torno a la subida salarial que se conocieron el viernes pasado y que es probable que hayan sido interpretados como la señal de salida para que los precios inicien una subida con el acompañamiento del precio del dinero. Pero estas causas y estos efectos ya se han producido en anteriores ocasiones pero con otros resultados, sin afectar de forma tan elocuente a los mercados de valores. Mercados que, por otro lado, no hay que perder de vista que se movían y siguen moviéndose, en niveles récord, históricos desde hace meses. Por otra parte, ya se conocen algunos resultados empresariales sin que ninguno de ellos obligue a considerar que ha llegado el momento de vender y abandonar el mercado. Por tanto, la reacción -sobrerreacción- de los inversores no parece justificada por una fuerza o razón mayor. Nada parece haber cambiado con la fuerza y peso suficiente como para hacer cambiar el escenario. Para remate, explica un experto, "hay que vender porque otros venden. Y punto".
Mientras tanto, siguen los analistas y expertos del mercado en busca del causante de la corazonada que propició el susto colectivo, y mundial, de una corrección bursátil general e histórica en dos índices de referencia mundial como el Dow Jones (-4,6%) y del S&P500 (-4,1%). Caídas que materializan las pérdidas de todas las ganancias del presente año, un mes, y de la mayor parte de las obtenidas en los últimos diez meses. 

La reacción de los mercados, sin embargo, ha vuelto a mostrar la sensibilidad de los analistas por la información comparada, de modo que la corrección del lunes encuentra su parangón en algunas sesiones de hace casi un siglo o de su enorme parecido al escenario previo a la crisis financiera de 2008.

Explican desde algunas casas de inversión que la sobrerreacción de los inversores en la primera jornada de la semana responde a una corazonada, a un pálpito de algún operador que puso en marcha la maquinaria de venta de alta frecuencia, un ordenador con una potente herramienta de software capaz de realizar millones de compras y ventas en apenas diez minutos.

Un operador aseguraba que el funcionamiento puntual de ese ordenador en un momento puntual podría haber sido una prueba, un experimento o ensayo técnico en busca de tendencias, para comprobar el comportamiento del mercado, si bien, no creía que se hubiera realizado en los últimos minutos de la sesión, próximos al cierre.

En cualquier caso, y sin contar todavía con una explicación razonable sobre los motivos de la caída del lunes, aumenta la sensación de que los mercados de renta variable ya habían alcanzado niveles de compra suficientes que podrían justificar el comienzo de las ventas, de retiradas de beneficios, motivados en parte por el cumplimiento de los objetivos fijados por las carteras como también por el temor a nuevos acontecimientos en la vida política norteamericana, con un impredecible presidente, y sin eliminar la sensación compartida de un mal de altura que ya afecta a numerosas valoraciones.

La teoría de la corazonada, hasta ahora una probabilidad que compite con la aceleración de la inflación, y la consiguiente tensión sobre una subida de tipos, cobra mayor fuerza en la medida en la que los resultados empresariales, la expansión de las economías, americana y europea, así como la recuperación de las economías emergentes se mantienen a buen ritmo y confirman las expectativas. Otro asunto diferente es que la corazonada en cuestión se haya llevado por delante las ganancias de enero y algo más; el optimismo y la confianza en el futuro de las bolsas.

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