edición: 3056 , Martes, 29 septiembre 2020
25/03/2020
Expertos calculan que podría llegar al 125%

Una deuda pública del 115% del PIB provocará otra crisis política y social

El endeudamiento público récord adelanta cambios sociales en el empleo y un nuevo Gobierno que deberá salir de las urnas
Juan José González
Al parecer algunos institutos públicos ya han comenzado a hacer proyecciones de futuro sobre el nivel que puede llegar a alcanzar la deuda pública española cuando llegue la factura, cuando se dé por concluidos los destrozos económicos por la crisis sanitaria y se tenga la certeza, sólo aproximada, de los daños para proceder al balance. Se sospecha que se superarán todas las cotas conocidas, razonables en escenarios normales, que siguen la corriente del ciclo económico de turno y los pequeños sobresaltos de la coyuntura como un cambio en el poder, una tormenta en primavera, una crisis política en Latinoamérica o la quiebra de dos bancos. Esto es diferente a todo lo demás y anterior y tendrá un reflejo igualmente diferente a los hasta ahora conocidos. La referencia de la crisis financiera de 2008, como la crack bursátil de 1929 o el final de la Segunda Guerra mundial de 1945 se antojan, ahora mismo como posibles grandes sucesos para hacer una comparativa. Los economistas oficiales, como se decía antes, ya cuentan con algún escenario futuro al que le asignan una primera cifra catastrófica: la deuda pública española podrá alcanzar el 120% del PIB o, incluso el 125%. Si bien, los moderados se inclinan más por una deuda del 115% del producto interior español. La base del cálculo es por el momento tan débil que se podría calificar más como una conjetura que como una predicción económica.
Pero es en todo caso, un acercamiento a una posibilidad en la medida en que la base de ese cálculo sólo va teniendo en cuenta las medidas aprobadas por el Gobierno central, los compromisos en forma de ayudas de todo tipo de las Autonomías y otras propuestas que sin estar aún aprobadas por el Consejo de Ministros se dan por seguras que saldrán adelante en las próximas semanas (y en los próximos meses). Con todo este material de promesas efectivas, convertidas en decisiones ejecutivas, los economistas arriesgan un escenario de deuda pública sobre el producto interior que provocará una cascada de problemas políticos y sociales (y evidentemente económicos) de igual calibre que la crisis sanitaria. 

Las cuentas también parten de otra base: que el Estado español, como otros Estados de mayor potencia como Italia o Francia y Reino Unido, no cuentan recursos suficientes para hacer frente a una debacle como la que está viviendo el sistema económico en general y en Europa en particular. Es obvio que salvo muy contadas excepciones (léase Alemania) los Estados no tienen la abundancia de recursos que necesitaría una situación como la actual. No se trata en esta ocasión de una crisis al uso: en esta es necesario, además de las ayudas a la población, a los colectivos sociales más necesitados que necesitarán de la ayuda directa y subvencionada del Estado, cantidades mayores, cifras exorbitantes para alimentar la oferta e incentivar la demanda, para que la máquina no se detenga. 

Y todas estas exigencias obligarán a gastar por encima de las posibilidades, gastar un dinero que no se tiene. La vieja fórmula del endeudamiento, que había caído en desgracia por el abuso reiterado de algunos Estados, cobra ahora toda su fuerza para salir o evitar en parte el agujero, el roto económico que provocará la crisis. El endeudamiento público es, por tanto, la única solución, la única medicina que se propone para curar la enfermedad. A diferencia de otras crisis anteriores, la de 2020 es común, global, mundial. Afecta a todos los países, no ha sido provocada por malas decisiones de gobiernos locales o la desgraciada gestión de las autoridades de turno. Ha sido importada, involuntariamente.

Esto hace posible que no haya culpables que deban ser castigados por sus actos. En este escenario el BCE puede controlar la crisis financiera de la crisis sanitaria ayudando en general y asistiendo en particular. En este caso parecen encontrarse España e Italia. Para ambos el supervisor central ya ha liberalizado el gasto, será individual y la barra libre. Enterrado por el momento cualquier pacto suscrito por las partes, los acontecimientos han llevado a que los necesitados se salten las normas de estabilidad y logren sobrevivir. 

Ahora los Presupuestos Generales del Estado serán de Guerra (con mayúsculas) y las partidas serán de necesidad y todas ellas de obligado cumplimiento. Claro que en una situación como la descrita, con los economistas apuntando al 110%, al 115% o incluso al 125% de deuda pública del PIB, se esperan otros problemas además de los económicos: los sociales y los políticos. Los planes sociales previstos por el actual Ejecutivo van a sufrir un vuelco importante. La crisis económica golpeará con fuerza al empleo y es probable que la población, tanto la que ha sufrido la crisis sanitaria directamente como afectada, como indirectamente en cuarentena, pueda pensar en un nuevo Gobierno. Será indispensable pasar por las urnas.

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