edición: 2742 , Miércoles, 19 junio 2019
09/04/2019
Iniciativa de la OCDE y el FMI, y el apoyo de China y EE UU

Una dosis de optimismo institucional consigue cambiar el escenario y retrasar la recesión

En apenas tres meses, los gobiernos parecen haberse alineado con las instituciones económicas, cambiando el catastrofismo por un optimismo matizado
Juan José González
Cambio del guion económico, sin recesión en el horizonte, cambios de actitud en EE UU y China, aparcando sus posiciones enfrentadas y algunos síntomas que indican más actividad económica. Se aleja o pospone la recesión cuando todo indicaba que Europa se encontraba en la antesala. Se multiplican los apoyos institucionales para lograr estabilizar el ciclo económico, en fase de crecimiento. Los bancos centrales exhiben medidas de control mientras que desde el FMI se escucha una recomendación mundial de apoyo al crecimiento económico. Voces que parecen haber sido escuchadas, al menos en China, dispuesta a aplicar medidas de estímulo fiscal y monetario. Mientras, en España, las empresas y las entidades financieras están pendientes del ajuste final de los resultados trimestrales, primeros del ejercicio y que se conocerán en pleno festival de propuestas electorales. Algunas compañías adelantan que ha sido un trimestre magnífico -si se compara con el catastrófico anterior- en clave de recuperación, aunque comenzando a descontar que un próximo Gobierno estará obligado a pisar el acelerador de las reformas si no quieren asistir a una peligrosa caída de la expansión económica.
El mensaje urbi et orbi de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde ("no habrá recesión") ha sido acogido con diversidad de sensaciones, entre la sospecha y la incredulidad, con la similar distancia que separan los términos más utilizados en los últimos tiempos para definir el escenario económico: ralentización, desaceleración o frenazo, siendo este último equivalente a la primera velocidad que habría que engranar para dirigirse a la recesión. Pero Lagarde ha puesto los términos en su sitio, lo que no elimina la posibilidad de sorpresas en el medio y largo plazo.

Los Gobiernos, fieles a su habitual querencia al optimismo, no se sienten aludidos por algunos datos objetivos que pueden ser las pistas de una próxima crisis, quizá en la creencia de su razonamiento práctico (político) que les reafirma en su pensamiento: "mientras no haya crisis ¿para qué pensar en crisis?". Les asiste la razón de la experiencia, y bien reciente, cuando en 2008 nadie admitía que la crisis no llamaba a la puerta, sino que ya estaba dentro. Los gobernantes manejan actualmente, síntomas y presagios que llevan a la balanza para comprobar hacia dónde se mueve el fiel, qué es lo que más pesa.

En una parte sitúan el descalabro de una salida de Reino Unido de la Unión Europea. Suman la crisis de la economía italiana (ya en primera velocidad), el parón germano y el tiempo que tardará en recuperarse el incidente del comercio internacional entre EE UU y China. En la otra parte de la balanza, colocan al Banco Central Europeo en actitud de asistencia técnica al mercado, controlando la inflación. Se añaden a esta, la placidez comercial entre las dos grandes potencias mundiales una vez firmada la paz o la tregua, y muchos inversores descuentan una salida de Reino Unido de Europa en paz.

El balance, según sea interpretado por el interesado, dará lugar a la toma de posiciones inversoras o, por el contrario, determinará que los agentes económicos se inclinen hacia la prudencia, sin duda, uno de los matices del mensaje de Largarde, o se animen y vean en el idílico escenario, desconfianza y desaceleración. Hoy, los inversores se muestran inquietos, con operaciones en el mercado bursátil y en bonos que confirman el debilitamiento de las economías y aumenta el tráfico de los inversores hacia destinos más favorables como la deuda norteamericana. 

Mientras tanto, las empresas mantienen la respiración y las entidades financieras contienen la suya hasta conocer los resultados ajustados del primer trimestre del año, una referencia que puede ser interesante para ver la tendencia o el camino a seguir para el resto del año. Los resultados empresariales del primer trimestre podrán mostrar el buen ambiente vivido en estos primeros meses, con los bancos centrales controlando la situación. Aunque la novedad del primer trimestre haya sido la tranquilidad en general, para el segundo ya se están barajando más desaceleración, malos presagios con posibilidad de sorpresas, lo que obliga a pensar que lo que hoy son tan sólo síntomas de debilidad, se conviertan, a finales de año, o antes, en una grave dolencia. Lagarde también recomendó extremar el cuidado.

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