edición: 2975 , Miércoles, 27 mayo 2020
20/03/2020
Con Merkel, pero en un segundo plano

Una nueva crisis para Europa, sin líder oficial ni experiencia en reconstrucciones económicas

A Europa siempre se le ha dado mal gestionar crisis, deudas y déficits, aunque la pandemia le pueda servir esta vez de experiencia piloto para otras que seguramente vendrán en el futuro
Juan José González
La paradoja se presenta de la mano de las crónicas más severas que escriben las cifras de muertes y afectados por la crisis sanitaria. Paradoja porque ya se hacen cálculos de reconstrucción económica, de reparación de daños cuando todavía se desconoce el importe de los daños, de imposible evaluación cuando parece que todavía no se ha alcanzado siquiera el ecuador de la crisis, de la batalla, de una guerra a la que aún le restan varias batallas. Los líderes políticos que estos días se dirigen a los ciudadanos en la mayoría de los países afectados, comparten con referencias bélicas el escenario de la pandemia y sus efectos sobre la población y sobre la economía. Subrayan que las guerras cuestan dinero, que absorben recursos y que exigen el máximo esfuerzo de producción y servicios. El coste de la guerra, en términos materiales son los recursos y la munición empleada, y en términos personales son humanos. Y en ambos casos se habla de dinero del Estado. El coste de esta guerra o crisis sanitaria se sustanciará con grandes pagos que se transformarán en deuda y el déficit. Ningún Estado, a excepción de China, EE UU o Alemania, parece contar en esta contienda con dinero suficiente, con caja. Europa tiene la suya en el Banco Central Europeo. Pero parece insuficiente para tanto Estado miembro. Por eso la solución al problema pasará a ser colectiva porque los daños, aunque individuales, lo serán también mancomunados.
Y a todo esto, se echa en falta un líder que se ponga al frente: los primeros responsables institucionales europeos son novatos que estrenan puesto y mandato, no tienen experiencia. Por tanto, la incertidumbre sobre su talento para la gestión de la crisis es demasiado grande. A la sombra o en un segundo plano, se muestra una Merkel en retirada, quemada en la anterior crisis, pero dispuesta ahora a una segunda vuelta a los ruedos, al campo de batalla. Es el único (la única) líder que asoma la cabeza y que llama la atención: sigue siendo líder, pero menos. Se recuerda que en la crisis de 2008 `reinaba´ el Banco Central Europeo. 

Reinado que se prolongó hasta 2012 y luego hasta la salida de Mario Draghi. El mandato de la reducción de la deuda y del déficit ha estado en todo momento en la primera línea de la ortodoxia de la actuación económica. Algo que ahora cambia de forma rotunda y radical: ya no habrá llamadas al orden desde Bruselas ni desde Francfurt por desobedecer en unas décimas lo prometido en deuda y déficit. Ahora la barra es libre, hay que crecer a toda costa y casi se puede decir que como sea. La economía se `japonizará´ seguramente, debe subir la inflación hasta el 2% o algo más pero con estricto control, que en Japón equivale a decir que el banco central deberá hacer todo lo posible para que los precios no se disparen y no superen la tasa de crecimiento de la economía. 

De lo contrario se estará en la antesala de la próxima crisis. Porque el control de los precios será en esta situación una cuestión de seguridad que deberá, incluso, plasmarse en algún decreto. Pero la sensación más negativa de cara al futuro, de cara a la solución, es la ausencia de un líder que guíe, ordene y haga cumplir las normas. En esta ocasión, no se trata como en años anteriores de que Alemania y su Canciller Angela Merkel, apliquen programas de salvación, recortes y normas estrictas para rescates menores. Ahora parece no haber acreedores ni deudores. Ahora, todos juntos en el Banco Central Europeo, deberán firmar y hacerse cargo de las macroemisiones de eurobonos para cubrir las necesidades y exigencias de la reconstrucción económica.

Y serán de tal calibre como el calibre de la caída del PIB común europeo y del particular de cada uno de los 27 socios. Estímulos fiscales agresivos para relanzar producciones que a su vez creen puestos de trabajo. Un líder, el líder que ahora mismo está ausente, estará obligado a asegurar puestos de trabajo, facilidades para autónomos, subsidios para asegurar que las familias no se quedan sin ingresos. Las primeras declaraciones de los máximos responsables hacen hincapié estos días en la necesidad de blindar lo básico, es decir, todo indica que se está de acuerdo en la misma vía de actuación. 

El sector bancario ha asumido desde el primer momento de la crisis sanitaria su colaboración para que las empresas y las familias no se asfixien, y serán la correa de transmisión del Gobierno para hacer llegar el dinero al destinatario final. La banca cuenta a partir de ahora con fuertes avales y seguridad institucional para proporcionar crédito suficiente, y el Estado ha confirmado que habrá flexibilidad para los deudores, habrá moratorias en varios sectores, como el alquiler o el pago de impuestos.

Se sabe que cada país es diferente, con necesidades distintas, carencias singulares, debilidades particulares y que, por ello, en esta ocasión sobre todo, los gobernantes cuentan con bastante independencia a la hora de plantear salidas, soluciones y planes para cubrir las necesidades, carencias y debilidades. Lo que conlleva distintos niveles de inversión a realizar por parte de los Estados. Qué buen momento para identificar bien esas debilidades para aplicar correctamente el dinero, para gastarlo bien. Invertir en energías verdes, en economía digital o en educación, formación, deben estar entre los grandes objetivos. Por el mismo motivo que se sabe que el volumen de recursos a emplear será sideral, habrá que tener en cuenta que el precio del dinero, en cero, nos puede permitir poner en marcha muchos proyectos que antes, sin crisis sanitaria, eran impensables. Conviene tenerlo en cuenta.

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