edición: 3097 , Viernes, 27 noviembre 2020
21/10/2020
banca 
Al BCE le entran las dudas tras la pandemia por cambio de escenario

Un debate interno del supervisor cuestiona si las fusiones serán suficientes para la banca

La consolidación era la medicina más adecuada para hacer frente a los problemas del sector aunque ahora con la pandemia puede ser insuficiente
Juan José González
En principio, la estrategia del Banco Central Europeo para dibujar un mapa futuro del sector bancario tenía en consideración el escenario de recuperación de la economía, más intensa a partir de 2018, la previsible retirada paulatina de los estímulos monetarios en la medida en que los sectores económicos comenzaran a beneficiarse de la recuperación, para, al final, proceder a un saneamiento profundo del sector bancario europeo, hacerlo más competitivo y de mayor tamaño  para hacer frente al nuevo desafío tecnológico. Desde el BCE asumen que este era el plan, y que todo, salvando algunos desajustes, iba viento en popa, avanzando en solvencia, cumpliendo las recomendaciones del supervisor bancario y comprobando algunos avances en el sector, principalmente en el área de la mejora del estado de los balances y su mayor resistencia a posibles golpes futuros. Hasta que llegó el mes de marzo pasado, momento que sorprendió a los guardianes de las finanzas europeas con un golpe diferente, imprevisto y que no figuraba en ningún escenario. La primera reacción de los guardianes oficiales, tanto en el BCE como en los supervisores locales, como el Banco de España, entendieron que las fusiones bancarias deberían acelerar el paso y con urgencia, pues el cruce de la caída de la rentabilidad con el confinamiento general provocaría un resultado letal para el sector, no descartándose alguna quiebra en las filas bancarias de la clase media.
Hasta el momento, la sangre de una quiebra financiera no parece haber llegado al río (al menos en la primera fase de la crisis) pero los supervisores entendieron que tenían que gestionar un problema nuevo, añadido al originario de la falta de rentabilidad del sector. Ahora la duda que embarga a los guardianes bancarios de Europa es si las fusiones bancarias, recomendadas, en principio para una mejora generalizada del sector -balances y solvencia- serán suficientes para hacer frente al nuevo escenario -tras la pandemia- que no estaba previsto. 

Sobre el papel y según algunas declaraciones de los máximos responsables del BCE, todo indica que los bancos europeos están ahora más preparados que antes, con mayor capacidad de resistencia ante nuevos episodios de crisis. Pero de crisis normales, de las que se tienen mayor o menor constancia por sus antecedentes, es decir, que la nueva situación creada a partir de la Covid-19 rompe los esquemas teóricos de los técnicos y de los gestores políticos del BCE en tanto que situación novedosa y grave, lo que obliga a cambiar el planteamiento inicial sobre las causas que obligan a una consolidación del sector.

Entonces ¿las fusiones son la terapia suficiente y eficaz para resolver los problemas del sector, o sería necesario algo más? La duda ocupa en estos días el tiempo de reflexión de los guardianes de las finanzas europeas sin que hasta el momento se perciba alguna señal de cambio, alguna novedad o movimiento que haría sospechar que Fráncfort ya han llegado a alguna conclusión. Quizá pueda parecer precipitado que las autoridades envíen nuevos mensajes al sector en un momento tan delicado, cuando las entidades afrontan la recta final del ejercicio de la pandemia con evidentes problemas e incertidumbres.

Precipitado momento porque los ahora señalados se encuentran en la fase crítica de la puesta en marcha de la ceremonia de unión y porque otros, aún no señalados, tantean sus oportunidades de futuro. Unos y otros están por otro lado, inmersos en la operación adelgazamiento, todo un clásico en este tipo de operaciones, ya se sabe, reducción de tamaño, de red y de empleos, todo por la sinergía, el lado más dulce de una fusión cuando se consigue. Porque la fusión necesita mayor margen financiero, más capital y reservas para provisionar según la salud de la cartera y las normas del supervisor. Pero sobre todo porque en el horizonte se perciben señales de morosidad y de fallidos.

Si bien no se conocen en este momento entidades que estén sobradas de recursos, aunque sí hay constancia de que algunas cuentan con lo justo, el sector bancario español, en términos generales, sigue cargando con el sambenito de una (mala) reputación originada en los test de estrés del supervisor por los que la banca española figuraba en el vagón de cola. Y esta situación, aunque el sector haya mejorado notablemente en solvencia y saneado sus balances, seguramente habrá cambiado hacia otra más grave donde puedan asomar las pérdidas a fin de año o en el próximo ejercicio. En todo caso, si las fusiones eran la medicina recomendada por los supervisores por su mayor eficacia para corregir algunos problemas del sector, es probable que tenga sentido la duda del BCE sobre si las fusiones serán suficientes o habrá que pensar en algo más.

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