edición: 3070 , Martes, 20 octubre 2020
03/09/2020

Un fondo de inversión desata una disputa judicial por una reestructuración de deuda de Codere

La primera vista en el supremo de Londres esta prevista hoy si no hay un acuerdo de última hora
Carlos Schwartz
La empresa de juego y apuestas Codere ha sido duramente afectada por la pandemia de la covid-19 por el cierre de establecimientos en Europa y América Latina. El cierre de salas de juego, hipódromos y casinos fueron parte de la estrategia contra la extensión de los contagios. La empresa decidió refinanciar 750 millones de dólares en bonos mediante una nueva línea de crédito de la mayoría de sus acreedores. Sin embargo, el acuerdo dio pie a una disputa que es expresión del cambio de papeles en el guion de la crisis por parte de los fondos de capital privado. La crisis de empresas en sectores afectados por la pandemia en la cual hay presencia de estos fondos ha registrado ya diversos enfrentamientos porque sus financiadores tratan de obtener ventajas marginales e ingresos extraordinarios que otros de los contendientes consideran ilegítimos.
Pero esta vez quien ha reaccionado es un ex alto ejecutivo de Blackstone, Akshay Shah, que fue acusado en una anterior reestructuración de la misma Codere en 2013 de haber pactado con la empresa honorarios ilegítimos en detrimento de otros inversores. En ese entonces Shah diseñó y negoció con Codere financiación fresca a cambio de una suspensión de pagos transitoria de la deuda que le permitía al fondo cobrar los 'swap' de seguro de crédito que tenía contratados contra esa deuda.

El acuerdo fue muy criticado por otros acreedores que consideraron que el fondo de capital privado que gestiona activos por 560.000 millones de dólares había abusado de su poder para reestructurar una deuda en su beneficio. El comediante y presentador estadounidense Jon Stewart llegó a comparar la operación con la película “Uno de los nuestros”, en la cual una pandilla quema su restaurante para cobrar el seguro, señala Financial Times. En ese momento Blackstone señaló que la operación se ajustaba como un guante a la normativa vigente. 

Esta vez Shah está en la acera de enfrente porque en 2017 dejó al fondo para el que trabajaba y gestiona ahora un fondo de alto riesgo con activos por 28 millones de dólares. El gestor del fondo afirma que los actuales acreedores que quieren refinanciar la deuda van a obtener unas comisiones exageradas por la operación en detrimento de los pequeños acreedores. Shah afirma que una vez más Codere va a favorecer a los grandes acreedores en detrimento de otros tenedores de bonos como su empresa, Kyma.

El plan financiero negociado por Codere con un grupo de grandes acreedores consiste en 250 millones de dólares en financiación fresca a cambio de una posición de privilegio de estos creedores sobre sus posiciones. Para que el acuerdo sea firme Codere necesita la aprobación de una corte británica y el respaldo de acreedores que representen al menos el 75% de la deuda. Kyma argumenta que estos acreedores, cuya identidad no se conoce, en la medida que percibirán 22 millones de euros en honorarios y otros beneficios deben ser considerados como una clase de acreedores diferenciada del resto por una corte británica. 

La empresa española ya ha obtenido el acuerdo del 80% de los acreedores, pero si la corte reconoce las posiciones de Kyma el acuerdo exigiría el apoyo de tres cuartos de los titulares de bonos que no forman parte del comité que aprobó la reestructuración. De acuerdo con Kyma este 'comité ad hoc' de acreedores que acordó el plan en discusión percibirá otros ingresos adicionales que no se han hecho públicos. La semana pasada Codere ofreció a todos los titulares de bonos un pago adicional para que aceptaran el convenio. Kyma declaró ante esto que se trata de una puja por quedar por encima del nivel del 90% de aceptación, que permitiría que el acuerdo no requiera aprobación judicial. “Si la empresa y el 'comité ad hoc' pueden evitar la ruta de la corte británica, sospecho que lo preferirían, porque les evitaría el escrutinio de todos los honorarios excesivos”, de acuerdo con Shah. 

Codere ha declarado que está en total desacuerdo con la caracterización de Kyma. “Los argumentos de Kyma son erróneos tanto en los hechos como en la ley, y Codere no cree que tengan perspectivas de éxito en una corte de justicia”. El cambio de papel en las perspectivas financieras de una refinanciación que protagonizan Shah y Kyma en este asunto no es un hecho aislado en la medida que este tipo de batallas se están repitiendo con frecuencia en el sector del capital privado ante la presente crisis.

Los fondos caracterizados en el pasado por sus agresivas posiciones jurídicas y búsqueda de ventajas en enfrentamientos duros con sus competidores y deudores ahora se quejan cuando les toca a ellos tomar esa medicina. Un ejemplo de estos enfrentamientos es el caso de la empresa de colchones Serta Simmons que aceptó financiación fresca por importe de 200 millones de dólares de un reducido grupo de acreedores suyos que a cambio lograron que todas sus posiciones acreedoras ganaran privilegios frente a otros acreedores en la estructura de capital de la empresa. Es decir que lograron mejorar sus riesgos de forma clara. Los titulares del 49% de la deuda de Serta Simmons, incluido el fondo Apollo Global Management, vieron cómo sus propias posiciones acreedoras quedaban subordinadas a las de los que aportaron la nueva financiación.

Apollo, junto con otros fondos que se consideraron perjudicados como Angelo Gordon y Gamut Capital, presentaron batalla judicial ante estos hechos. En su respuesta preliminar el fondo propietario de Serta Simmons, Advent International, señaló que los que reclamaban habían “auspiciado y participado en innumerables transacciones estructuradas de forma similar a esta misma”. Un juez de Nueva York negó a Apollo la posibilidad de paralizar el acuerdo. En la medida que las empresas cargadas de deuda por los fondos de capital privado son empujadas hasta el borde de su capacidad financiera por la pandemia, reestructuran su deuda y florecen estos pleitos.

Un caso similar es el de la cadena estadounidense de teatros AMC a quien el fondo Silver Lake Partners que tiene 600 millones de dólares en bonos ofreció un rescate financiero. Pero Apollo dijo que el acuerdo ofrecido no era bueno para AMC y al mismo tiempo recortaba los derechos del resto de los acreedores. Parece que la tortilla se ha vuelto.

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