edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
03/02/2010
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

Unión Europea - 2010, ¿año de decoupling?

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'
Una de las cuestiones que pueden marcar económicamente 2010 es el papel que jugarán las economías emergentes. Durante los difíciles ejercicios de 2008 y 2009, se debatió sobre la capacidad de China y las principales economías emergentes de mantenerse en expansión cuando Estados Unidos y los países industrializados entraban en recesión. Se trataba del fenómeno que se dio a conocer como decoupling o, en español, desacoplamiento. Ahora la cuestión mantiene su actualidad, y se cuestiona si dicho desacoplamiento se intensificará en 2010 y más allá. Para responder con rigor a este interrogante deberemos cubrir tres etapas. Primero definir con precisión qué es y qué no es el decoupling. En segundo lugar, medir el fenómeno. Entonces, y sólo entonces, se estará en condición de prever de forma plausible la tendencia futura del desacoplamiento.

En sentido estricto, el desacoplamiento de dos economías, o grupos de economías, se refiere a que ambas exhiben un grado de sincronización cíclica limitado. Así definido, el desacoplamiento combina dos aspectos complementarios. En primer lugar, cabe entender lo que en la literatura académica se ha venido a denominar sincronismo puro. Tras esta expresión un tanto críptica se esconde sencillamente el hecho de que dos economías pueden estar situadas en la misma fase del ciclo (expansión o contracción) o no. Un segundo aspecto del desacoplamiento es el referido a la distancia que separa las posiciones cíclicas de dos economías.

La importancia de esta distinción se puede apreciar con un sencillo ejemplo numérico. El punto de partida debe ser alguna medida de la posición cíclica de una economía. La más habitual es la denominada brecha de producción, es decir, la distancia que media entre el producto interior bruto (PIB) que una economía registra en un momento dado y el PIB tendencial o potencial. El PIB potencial es aquel compatible con el pleno uso de los factores de producción. Los ciclos económicos se definen, por tanto, por la alternancia de brechas de producción positivas y negativas.

Por tanto, partiendo de estas medidas, dos economías registrarán desacoplamiento cuando o bien coexistan una brecha de producción positiva en una de ellas con una negativa en la otra (es decir, ausencia de sincronismo estricto), o bien la distancia en términos absolutos entre ambas brechas de producción sea significativa. A fin de manejar una terminología más directa, denominaremos decoupling «de signo» a las primeras (por el hecho de que estamos comparando el signo de las brechas de producción) y «de intensidad» a las segundas, dado que aquí la comparación se establece en términos de distancia entre brechas de producción. Los resultados de estas dos métricas se presentan en los dos gráficos siguientes [->]  [->].

En el primero de ellos, se ha calculado un indicador de decoupling «de signo» de manera que cuando dos economías registran una brecha de producción del mismo signo el indicador arroja un resultado de +1, mientras que si el signo de las brechas es distinto el resultado es –1. La comparación se establece entre el promedio de 24 economías industrializadas y un conjunto de 22 economías emergentes. Como puede observarse, el grado de sincronización «de signo» ha tendido a oscilar durante la actual década hasta el momento en que la crisis económica global se produce. De hecho, es posible distinguir dos pautas de comportamiento claramente diferenciables. Entre 2000 y 2005, el grado de sincronización de signo es muy volátil, alternando ejercicios con la mayor sincronización de la década con otros con la menor. A partir de 2006, la tendencia general es a mayor sincronización, oscilando la misma en un rango más estrecho. Este cambio estructural se ha vinculado al avance de la globalización a lo largo de la década de los 2000.

Centrándonos ahora en la reciente crisis, durante las etapas incipientes de la misma (2006 y 2007) se registra un aumento del sincronismo cíclico entre industrializadas y emergentes. En 2008, cuando coinciden el recrudecimiento de las tensiones financieras y la entrada en recesión a finales de ese mismo año de numerosas economías, el sincronismo se intensifica. Sólo en 2009, cuando la crisis registra probablemente su fase extrema, el desacoplamiento «de signo» aumenta. A partir de ahí, y asumiendo las previsiones de crecimiento que espera el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el periodo de 2010 a 2012, asistiríamos a dos años de nueva reducción del decoupling «de signo», para después, en 2012, volver a producirse.

El indicador de desacoplamiento «de intensidad», una medida menos volátil y más afinada de decoupling, muestra resultados similares. De entrada, la tendencia a menor desacoplamiento entre 2006 y 2008 se registra igualmente, como también se valida el sensible aumento del mismo en 2009. Partiendo de las previsiones del FMI, el fenómeno remitiría en 2010 y 2011, pero en 2012 se volvería a niveles de decoupling semejantes a los de 2009. En definitiva, la respuesta a si 2010 será un año de desacoplamiento es negativa. Siempre que la economía mundial circule por los derroteros que el Fondo espera, ni el indicador «de signo» ni el «de intensidad» avalan la tesis de un año de decoupling intenso. ¿Qué podría estar tras esta evolución prevista?

La discusión de los determinantes del grado de sincronización cíclica entre economías no son plenamente concluyentes, ya que los resultados dependen de la interacción de múltiples factores, como el tipo de shock económico que se experimente (especialmente si es global o específico de país o sector) o el tipo de canal de transmisión entre economías. No obstante, tres factores pueden conducir a que el desacoplamiento sea menor en 2010. En primer lugar, parece que en la segunda mitad de 2009 los emergentes se han «avanzado» en el ciclo, circunstancia que remitirá previsiblemente en 2010 cuando las economías industrializadas mejoren su ritmo de actividad. Un segundo factor que puede contribuir a la mayor sincronización global es la recuperación del comercio internacional, en parte debido a la progresiva normalización del crédito, lo que facilita que el tirón de algunas economías se traslade a otras con mayor intensidad y menores retardos. Finalmente, ese mismo avance del crédito debería facilitar una incipiente recuperación del ciclo inversor mundial. En 2011, estas tres tendencias se intensificarán, pero después... después los emergentes probablemente volverán por sus fueros. El debate del decoupling, en definitiva, como el fenómeno en sí mismo, parece destinado a experimentar numerosas apariciones y desapariciones.

(*) Àlex Ruiz. Departamento de Economía Internacional, Servicio de Estudios de "la Caixa"

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