edición: 2847 , Viernes, 15 noviembre 2019
01/10/2019

Un proyecto de Facebook con científicos se hunde porque el medio social no aportó la información

La plataforma de Internet integró el estudio con el objetivo de blanquear su imagen tras Cambridge
Carlos Schwartz
En abril de 2018, como secuela de los coletazos del escándalo por la venta de información confidencial utilizada con objetivos políticos por Cambridge Analytica, Facebook firmó un acuerdo con la fundación 'Social Science One' para desarrollar una investigación sobre “el efecto de los medios sociales sobre la democracia y las elecciones”. La interpretación de esta decisión no era realmente muy compleja, Facebook estaba interesada en contribuir con información para que un panel de científicos sociales sacara conclusiones sobre qué se podría llegar a hacer con la información contenida en la red respecto de influenciar al público. La fundación es una iniciativa que está destinada a dar acceso al análisis de datos originados en empresas sin romper con la confidencialidad. La fundación acepta los proyectos de investigación de científicos externos a la fundación sobre la base de méritos académicos. Ésta tiene un patronato que se ocupa de vigilar la preservación de la confidencialidad y de la entrega de información por parte de las empresas que entran en acuerdo para la cesión de datos.
Si una empresa no cumple con la comunicación de los datos comprometidos, el patronato que es una comisión independiente, tiene derecho a cancelar el acuerdo con la empresa. Cada proyecto de trabajo tiene patrocinadores, que son fundaciones independientes de trayectoria reconocida. El problema que se ha suscitado ahora es que Facebook no ha aportado toda la información a la que se había comprometido aduciendo preocupación por la privacidad de los datos. La plataforma debía entregar 1 millón de gigabyte de acuerdo con el contrato firmado con 'Social Science One'. Las fuentes consultadas no han querido revelar cómo se  gestó el proyecto, en particular si la iniciativa fue de Facebook. Lo que es claro es que el objetivo del acuerdo para la plataforma de Internet era apuntar a un lavado de cara después del serio golpe a su prestigio por la venta de datos confidenciales a Cambridge Analytica, la consultora activa en las campañas electorales de diversos países. Esos datos fueron utilizados precisamente para orientar campañas electorales y acceder a un sector de usuarios de la red social.

El 28 de agosto 'Social Science One' comunicó por carta a Facebook que le daba un mes de plazo para entregar toda la información comprometida necesaria para que los académicos que forman parte del equipo de investigación pudieran analiza los datos pertinentes. De acuerdo con esta carta la plataforma social había sido incapaz de enviar “todos los datos anticipados inicialmente” y que algunos investigadores sólo habrían tenido acceso “a una parte de los datos que necesitan para su trabajo”. Esta situación ha imposibilitado el progreso del proyecto de acuerdo con SSO. El incidente se produce a pocos meses de que Facebook anunciara la apertura de sus datos a investigadores independientes por primera vez, una decisión que de acuerdo con la plataforma social permitiría a los investigadores ver cómo los anunciantes utilizan la información de su sitio y cómo se disemina el contenido de este sitio web. 

Desde la advertencia escrita de SSO, Facebook ha entregado una parte de los datos pero se ha quedado muy por detrás de lo comprometido, lo que ha determinado que muchos de los patrocinadores del proyecto están decididos a abandonarlo. Entre otras cosas la afirmación de que los académicos podrían verificar el uso que los anunciantes hacen de la información que reciben de Facebook ha quedado en una promesa incumplida. La situación planteada es desde luego un duro golpe a la credibilidad de la red social más poderosa de Internet. Desde las elecciones estadounidenses de 2016 la plataforma se ha visto sujeta a sospechas y ha debido soportar la carga de la duda sobre la forma en que había sido utilizada para influenciar el voto de los ciudadanos y el impacto más amplio que puede tener sobre las democracias, de acuerdo con los politólogos de todo pelaje.

Las críticas han arreciado en los últimos dos años sobre la opacidad de Facebook respecto de la confidencialidad de los datos que acumula de sus usuarios, de cómo ha sido instrumental a la divulgación de noticias falsas, y de haber manejado de forma irresponsable los datos de sus usuarios permitiendo filtraciones indebidas, como en el caso de Cambridge Analytica. Este último incidente le ha costado este año a la plataforma una multa de 5.000 millones de dólares aplicada por la Comisión Federal de Comercio, quien además la obligó a crear un Comité independiente para verificar sus prácticas de privacidad.

En un esfuerzo por disipar las críticas Facebook anunció en 2018 que crearía un cuerpo al estilo de la Suprema Corte de Justicia destinado a revisar sus decisiones sobre si determinado contenido controvertido podía conservarse en la plataforma o no. También anunció planes para contrarrestar la difusión de contenidos falsos y dañinos, además de que el primer ejecutivo de la red social, Mark Zuckerberg, afirmó que se harían “cambios significativos a la forma en que dirigimos esta empresa”. Facebook por su parte afirmó que neutralizar los datos para que no se puedan deducir de ellos quiénes eran las personas a las que hacía referencia la información se había convertido en un obstáculo complejo. De acuerdo con la red social el proyecto como intento global se mantendría pero debería buscar nuevos patrocinadores.

El vicepresidente para proyectos especiales de la plataforma, Elliot Schrage, dijo lamentar el retraso en la entrega de la información, pero que Facebook cumpliría con sus objetivos pero no a costa de la privacidad de los usuarios. Es probable que el argumento de la empresa tenga una cuota de veracidad en el sentido de que neutralizar los datos que apuntan a la identidad de los usuarios no es tarea fácil. Pero esto lo que indica con toda claridad es que Facebook tiene acceso a información sensible que no es posible de esterilizar para hacer un uso razonable de la misma sin atentar contra la privacidad de los datos de los usuarios. Los reguladores deberán hacer algo racional con estos hechos, en particular limitar el acceso que tiene la red a esa información.

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