edición: 3053 , Jueves, 24 septiembre 2020
28/07/2020

Un traspié de Intel en la producción de nuevos semiconductores rompe el equilibrio en el sector

Un año de retraso en el lanzamiento de chips de alta velocidad da un margen de ventaja a sus competidores
Carlos Schwartz
Intel, la industria estadounidense puntera durante décadas en materia de procesadores para ordenadores, tras anunciar unos resultados por encima de las expectativas de los analistas para el primer semestre del año, confesó que tenía problemas para sacar al mercado sus nuevos semiconductores de muy alta velocidad y que esto supondrá un año de retraso. Limitó el tiempo a seis meses sobre la base de algunas modificaciones en el diseño de algunos productos, pero pese a los buenos resultados el mercado castigó las acciones del gigante tecnológico que perdieron hasta un 16% de su valor tras el anuncio lo que equivale a una caída en la capitalización de 41.000 millones de dólares.
La empresa de San Diego, California, ha sido durante décadas el estandarte de las tecnológicas punteras de Estados Unidos, pero en un mercado muy reñido, un año de retraso supone perder terreno vital a manos de la competencia. El gran beneficiario de este desliz es Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) quien además de fabricar para terceros tiene su propia línea de producción. Junto con la coreana Samsung tiene una fuerte presencia en la industria de terminales inteligentes y ordenadores. El retraso también refuerza a Advanced Micro Devices Inc. (AMD), el segundo fabricante de procesadores para ordenadores por importancia y el único con capacidad para ganar cuota de mercado en ese sector a expensas de Intel anunció que su cuota en el segundo trimestre de este año había superado el 17%.

Su tecnología se basa en la arquitectura X86 para ordenadores y centros de proceso de datos. Los procesadores AMD son fabricados por TSMC. Intel también sufrió este año la pérdida de Apple como cliente para los procesadores. Hace 15 años el fabricante de hardware anunció que abandonaba los procesadores de diseño propio y firmó un contrato con Intel en lo que supuso una revolución en el sector, entre otras cosas porque “democratizó” los ordenadores Mac reduciendo sensiblemente su precio. El consejero delegado de la empresa Tim Cook anunció ahora que se van a sustituir los microchips de Intel por chips más eficientes de diseño propio que se incorporarán a los equipos de Apple a partir de fines de año. La división de semiconductores de la empresa ha estado diseñando procesadores móviles cuyo desempeño y capacidad rivalizan con los de Intel. El desequilibrio del mercado impulsó el valor de mercado de las acciones de TSMC un 10% con una ganancia en la capitalización de 30.000 millones de dólares.

Otros beneficiarios del retraso de Intel son los especialistas en procesadores móviles Qualcomm y la industria de procesadores gráficos Nvidea cuya especialidad es el diseño avanzado de los microchips pero que dependen industrialmente del fabricante TSMC. Hasta hace nada Intel había demostrado una muy alta capacidad técnica para incrementar el número de transistores en un chip de las mismas dimensiones multiplicando la capacidad de cálculo de forma creciente. Este dominio de procesos tecnológicos de alta complejidad le ha permitido mantenerse un paso por delante del resto de la industria durante décadas. La brecha entre cada generación de tecnología es crucial y la batalla está en este momento alrededor del módulo de 7 nanometro (nm), el que Intel tiene dificultad de fabricar mientras que TSMC lo está fabricando. Para peor, esta última dice que está desarrollando el módulo de 5 nm que podría comenzar a producirse este año. 

De acuerdo con los analistas el desarrollo de cada módulo equivale a cuatro años de investigación. Intel ya tuvo problemas para dominar la tecnología de los 10 nm, y en su momento dijo que superada esa barrera las reducciones subsiguientes serían más fáciles de lograr pero la experiencia demuestra que esto no es así y que cada incremento en la densidad de transistores por unidad se erige como un obstáculo de consideración. De acuerdo con el consejero delegado de la empresa Robert Swan no existen obstáculos fundamentales para producir los chip de 7nm y que Intel había encontrado el fallo y lo estaba resolviendo para evitar cualquier nuevo retraso. De paso, el alto ejecutivo señaló que la empresa consideraba recurrir a la fabricación fuera de sus plantas, algo que había evitado hasta ahora para evitar la dependencia de una industria auxiliar.

En definitiva, TSMC ha tomado la delantera en materia de reducción del tamaño de los transistores y produce chip de 7 nm mientras Intel sigue con los de 10 nm. De acuerdo con la empresa estadounidense los procesadores con la tecnología 7nm para los PC estarán en el mercado a finales de 2022 o en 2023 mientras que los procesadores para los centros de datos se retrasarán a la primera mitad de 2023. Además de su traspié tecnológico Intel se ha visto obligada a incrementar la producción para hacer frente al retraso en el suministro de micro chips a sus clientes que se ha reflejado en una inusitada carta pidiendo disculpas a mediados de noviembre a los fabricantes de ordenadores personales. El director financiero de la empresa, George Davis, dijo que esperaba que estos problemas de suministro estén resueltos en la segunda mitad de este año. “Pensamos que podremos suministrar y recuperar cuota de mercado finalizando el año con una fuerte cuota de mercado en ordenadores personales,” señaló Davis. 

En el segundo trimestre Intel dijo que las ventas en la división que se especializa en los centros de datos que representan una alta concentración en la capacidad del proceso de información crecieron un 43% alcanzando los 7.100 millones de dólares. Sin embargo puede que la segunda mitad del año no sea tan rosada para el negocio de centro de datos de Intel en la medida que estos adquirieron microprocesadores durante la pandemia para hacer frente a la demanda creciente. De forma global la demanda de ordenadores portátiles, de sobremesa y equipo para centros de procesos de datos creció durante la pandemia. Sin embargo, el mundo corporativo y las administraciones públicas parecen haber perdido el apetito ahora.

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