Un traspié de las tecnológicas derriba la Bolsa de Nueva York
edición: 2534 , Viernes, 17 agosto 2018
03/04/2018

Un traspié de las tecnológicas derriba la Bolsa de Nueva York sugiriendo más problemas en el camino

El motor del mercado alcista amenaza griparse y los inversores se retiran precavidos ante el síntoma
Carlos Schwartz
Las tecnológicas han sido el motor más dinámico de la bolsa estadounidense y han liderado las tendencias alcistas, el dichoso 'bull market' que reinaba indiscutido hasta una fuerte corrección en febrero. El episodio fue dejado atrás con brío porque la fe puede mover montañas, aunque si la fe se pierde entonces puede que las montañas se desmoronen sobre los fieles descreídos. El comienzo del segundo trimestre en la bolsa de Nueva York fue recibido con una caída de los índices. El NASDAQ con un fuerte peso en su composición de las tecnológicas cayó un 2,7% al cierre tras pasar por un mínimo del 3,6% en el intradía. El índice pierde el 9,5% respecto de su máximo del 12 de marzo escapando por los pelos de la definición técnica de una corrección. Pero aun así el mercado apesta. A diferencia del índice S&P 500 y el Dow, el NASDAQ se las arregló durante la corrección pasada y su ola de volatilidad para evitar hervir en el mismo caldero. Pese a ello en este comienzo de trimestre estuvo al menos en una ocasión con una pérdida del 10% o superior. Los analistas señalan como detonante de esta situación un traspié de las tecnológicas por motivos variados además de la escalada de la guerra comercial con represalias chinas contra Estados Unidos.
Amazon cayó un 5,2% porque el presidente Donald Trump dijo que se acabarían las bajas tarifas preferentes del sistema postal estadounidense del que goza la empresa. La amenaza fue transmitida por Twitter. El incidente sigue a afirmaciones de Trump según las cuales Amazon supone una competencia desleal para el pequeño comercio y se la debería meter en cintura porque no tributa lo que debería. Pero Intel se desmoronó un 9,2% tras informaciones periodísticas según las cuales Apple piensa utilizar sus propios procesadores a partir del 2020. Como quien dice, ahora nomás. También Alphabet acusó recibo de la desconfianza. Pero el verdadero paradigma de la jornada fue Tesla con su caída del 8,1%.

El fabricante de automóviles propulsados por motores eléctricos fue castigado duramente por los inversores perdiendo al cierre un 5,1% tras mínimos del 8% con la consecuencia que las acciones de la empresa han perdido un 36% de su valor desde los máximos de septiembre  pasado equivalente a unos 17.000 millones de dólares. La calificadora Moody's Investor Services afirmó la semana pasada que bajaba la calificación de la deuda de la empresa a Caa1, un nivel que considera a la deuda de la empresa de “muy baja calidad y un riesgo de crédito muy alto”. La calificación sacudió al mercado de bonos porque los analistas esperan que Tesla, con tensiones de liquidez, salga pronto al mercado. Mientras tanto la empresa ha retrasado al menos dos veces confirmar la posibilidad de producir 5.000 unidades al mes de su modelo Tesla 3 Sedan. 

La empresa debe anunciar en breve la marcha de su producción y la posibilidad de que el modelo salga al mercado con ese volumen para cumplir con las expectativas de los inversores. No es ningún misterio que el fabricante de los coches propulsados por motores eléctricos devora recursos financieros a un ritmo considerable. Para colmo de males Tesla se ha enzarzado en una polémica con el regulador estadounidense la NTSB sobre el accidente mortal en un coche con conducción automática. En el accidente murió el conductor del vehículo que según fuentes periodísticas se habría quejado de la inseguridad del sistema de conducción. La empresa desmintió la información y la NTSB le reconvino por filtrar información sobre una investigación confidencial pero en su reconvención se sugiere que la versión de la empresa puede no ser exacta.

Para hacer las cosas más chuscas el consejero delegado de la empresa, Elon Musk, soltó una inocentada el domingo en la versión sajona del día de los inocentes denominado April Fool, en el que dijo que su empresa estaba en quiebra. El chiste no fue del gusto de los inversores. Pero conviene mirar un poco el detalle de esta situación porque pone de relieve hasta qué punto el auge de las tecnológicas es en algunos casos mera fe en las promesas de una empresa. Pese a la caída del precio de las acciones de Tesla estas sólo valen un 15% menos que las de General Motors que vendió unas cien veces más vehículos que su competidor el año pasado y obtuvo un beneficio en el papel de casi 10.000 millones de dólares comparado con las pérdidas de 1.960 millones de dólares de Tesla. 

Pese a que esta última estuvo al borde de la quiebra en 2008 una parte de sus accionistas festejan el espíritu combativo del consejero delegado Musk como si eso tuviera algo que ver con las posibilidades de que la empresa salga adelante en sus esfuerzos. Hace poco más de dos semanas el fabricante de coches eléctricos tuvo que solicitar la entrada en concesionarias de unos 130.000 vehículos por un posible elemento de fijación defectuoso en el modelo S. Es decir que las cosas no están como para festejar con pirotecnia. 

Pero mientras Tesla tropieza con sus dificultades industriales, capacidad en sus cadenas de montaje, y estructura financiera una reciente huelga en España ha puesto el dedo en la llaga de Amazon. La operación local de la empresa ha decidido reforzar sus márgenes reduciendo ingresos salariales y revisando condiciones laborales y se ha encontrado con la resistencia de sus trabajadores. El dato sirve para alumbrar el hecho que muchos de los milagros tecnológicos tienen que ver con la precariedad de sus empleados. No es necesariamente el caso de Amazon, pero ocurre que a la hora de mejorar los márgenes la empresa que es al mismo tiempo un escaparate de ventas y una red logística global tiene que recurrir a ajustar las tuercas al personal. 

Un mercado laboral saludable posiblemente tendría un efecto devastador sobre otras tecnológicas que se nutren de la precariedad salarial como es el caso de las plataformas que casan demanda de entrega a domicilio con la disponibilidad de 'riders' por ingresos inauditos. 

Ahora Trump ataca a Amazon en su ofensiva populista afirmando que defiende al pequeño comercio, pero pone al desnudo que la tecnológica tiene un acuerdo privilegiado con el servicio postal estadounidense. Esto indica que las fronteras financieras de las grandes tecnológicas no son tan sólidas como el fervor de los inversores pretende. El comportamiento de las acciones de Facebook tras su crisis por la fuga de información de usuarios en beneficio de una empresa de sociología aplicada de dudosa calidad ética es un buen recordatorio de que la vida material de estas experiencias no está consolidada.

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