edición: 2579 , Lunes, 22 octubre 2018
27/06/2018

Un VAR para el Congreso

Es la sensación del momento, la autoridad competente a la que hoy se rinden autoridades y ciudadanía al completo. Porque estaba necesitaba la humanidad entera de una ayuda tecnológica, metálica y fría, similar a un robot, pero gestionado por humanos. Es el `video assistant referee´ (VAR) una suerte de notario al que se le concede igual categoría que un acta firmada por este fedatario público; es la misma fe pública pero en cabina estanca, inaccesible a gradas y sin comunicación física externa. Es inapelable e irrecurrible, es la pera. Allí, al menos tres hombres que se supone justos trabajan con mandos la técnica de la moviola y algún programa más de última generación.

Claro que bajo esa denominación se esconde, en realidad, otra práctica, esta similar a una dispensa de justicia pero con el marchamo de la tecnología. Así aplicado el invento, en este caso, el fútbol, resulta que revoluciona la práctica del balompié porque ahora el guion obliga a detener las jugadas hasta que todo, las dudas, queden despejadas. Es decir, hasta que el VAR dictamine y concluya no se mueve nadie. Así explicado el invento, parece que estaríamos hablando de otro deporte, pues la paradiña técnica, en realidad, acaba en eso, enterrando el viejo fútbol.

Es obvio que el VAR ha venido para quedarse, pero no sólo ahí, como `desentuertador´ de jugadas y complejas piruetas de jugadores y balones. Se deberá aplicar a otras disciplinas y actividades de la vida cotidiana. Lo pide el invento y lo demanda el negocio. Y por qué no pensar en un VAR para nuestro Congreso de los Diputados, esa aula magna de la democracia donde se juegan intereses mayores y se desarrollan las más variadas jugadas. Reconozco que se trata de una ocurrencia de tarde de domingo al ver a uno de nuestros representantes jugar la pelota de los dineros autonómicos y a continuación la contraria. O jugar la bola del cambio de la reforma laboral y sacar el balón afuera.

Un VAR en el Congreso, con cámaras situadas en los laterales del hemiciclo, asistidas por otras dos o tres frontales, cubrirían el terreno de juego a la perfección. Incluso la presidenta Pastor estaría a cargo de la cámara dron, lista para el detalle. Y adjunto al hemiciclo, en la sala de portavoces, se ubicaría el centro de control, cámaras, mesa y grabaciones. Sería un VAR de alto rendimiento, permitiría darle para atrás a las declaraciones, a cámara lenta, comprobar la dirección de las miradas, las expresiones soeces, algún insulto suelto... En fin, no habría posibilidad de mentir ni de cambiar versiones, volverse atrás o afirmar lo contrario. Claro que, como en el fútbol, la política, limpia por el VAR de engaños y contradicciones, ya no sería lo mismo, sería otra cosa. Sin duda alguna, mejor.

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