edición: 2680 , Miércoles, 20 marzo 2019
09/01/2009
Una pereza sin límites hace presa de los ministerios económicos
Escasa actividad legslativa en materia económica y poco interés del Gobierno en ello

Vacío legislativo en materia económica

Juan José González

Sino fuera por la gravedad de la situación económica, especialmente en los apartados laboral y financiero, nueve días, los transcurridos desde que comenzó el presente año, no serían más que una semana con dos fiestas. Pero no es así. Desde que comenzó el año, e incluso si nos vamos hasta principios de diciembre, el Ejecutivo no le ha enviado ni un solo papel al Legislativo. En estos nueve días de 2009, ningún ministerio económico ha propuesto iniciativa alguna en materia económica y ni rastro de propuestas de reglamentos, decretos ley o leyes. Nada. Ni peticiones de comparecencias (a petición propia, claro)  para explicar cualquier de los muchos acontecimientos que se merecen algún comentario “orientativo”.

Esa sensación de ‘missing’ del Ejecutivo, al que únicamente se le ha visto al lado de un representante palestino (nada que ver con la economía), es comentada en medios financieros, empresariales y sindicales porque produce los mismos efectos que un vacío de poder. Los ministerios económicos, con el vicepresidente a la cabeza, comienzan el año más difícil en el ejercicio del poder, practicando la peligrosa filosofía de que “el paso del tiempo, por sí mismo, lo arregla todo”, sin caer en la cuenta que la inacción política (el absentismo político) agravará la recesión económica española convirtiéndola en depresión a nada que corran los trimestres. Pasan volando.

Pues bien, como si de un Estado centroafricano se tratara, el español se encuentra plácido en situación de stand by por obra y gracia de un Ejecutivo que sestea, al menos, en temas de orden económico. ¿Dónde están (o quedaron) aquellas ansias desmedidas del presidente del Gobierno español, tras los grandes fastos del Foro de Estabilidad Financiera, del Fondo Monetario Internacional o del G-20, por citar algunos de los que más suenan? De todos ellos han salido propuestas, medidas y acuerdos con el mayor volumen de consenso conocido hasta ahora, y nada, ni clavo. Los políticos no han aplicado ni una sola medida anunciada en grandes titulares. Y si ni siquiera se aplican, (se sospecha que por inseguridad) de debate ya, ni hablamos.

¿Hay algún motivo que justifique la inacción? No se sabe, porque los ministerios económicos han dicho esta boca es mía. ¿No es tan grave la situación financiera, con colapsos de entidades crediticias y fábricas de automóviles al borde de un ataque de algo más que nervios? Faltan medidas y sobra urgencia porque hace falta reanimar al enfermo con terapias de choque, no sirven los masajes. El vicepresidente Pedro Solbes no se cansa de repetir entre los miembros de su equipo que, contra la desaceleración hay que aplicarse en medidas contracíclicas. Pero nada, las iniciativas con sello de origen en negociados económicos, ni están ni se las espera.

La incuria del Ejecutivo, la dejadez o desidia por la toma de decisiones en materia económica, mientras el desempleo, el déficit comercial o las pérdidas empresariales y el PIB se acerca al coma, nadie se ocupa de corregir todos los defectos de nuestra economía que salieron a relucir en los últimos meses. En ese escenario se dijo, de nuevo con todo el consenso del mundo, que debían tomarse medidas, y severas, contra las agencias de ‘rating’; al respecto no se conoce nueva regulación. De los vehículos de inversión, tan polémicos y culpables en muchos casos de la catástrofe financiera, tampoco se conoce nueva regulación. Y de los productos estructurados, sobre los que existía un acuerdo para su estandarización, nada de nada. ¿Qué fue de aquella idea que se propuso desde un ministerio económico, de cuyo nombre… para promover cámaras de compensación y liquidación de derivados OTC? Tampoco, nada.

Es muy probable que todas estas buenas intenciones (que bien podrían haber sido contenido de una carta a los reyes magos) tengan su dificultad en gestionarse y, sobre todo, en aplicarse en el tiempo, pero alguien debería dar el pistoletazo de salida. Es muy probable que, al tratarse de naturaleza estructural ocupen sus buenos meses, pero aplazar las cosas y aplicar el “no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana” es tan erróneo como la utilización de éste refrán. Es muy probable, también, que poner en valor todo lo que no sirve conlleve cambios en el sistema financiero, y si no baste recordar que cuando se habla de reducción de cajas de ahorro, o de fusiones de bancos, o de empresas, o de menos ministerios y más ventanillas únicas, de menor burocracia y más gasto en formación, o de una nueva CNMV, acorde con los tiempos, o de una CNMT o de la CNE, etc… se teme por la eliminación de prácticas y estilos que ya se han quedado obsoletos.

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