edición: 2915 , Viernes, 28 febrero 2020
20/07/2012

Valverde y Nadal, protagonistas de una noticia buena y otra mala

Antonio Cubero
El de ayer fue un jueves medio negro en el que el deporte español vivió dos situaciones de signo diferente con una noticia buena y otra mala. La primera nos llevó al Tour de Francia para volver a recuperar una de las sobremesas de antaño en la que los ciclistas españoles nos dejaban sin siesta con sus gestas en Los Pirineos como únicos e indiscutibles reyes de las cumbres. Y la segunda, la de la gran decepción que nos embargó al conocer que una tendinitis ha derrotado al mejor tenista español de la historia dejándole fuera de los Juegos Olímpicos de Londres, privándonos, además, de ver la bandera española enarbolando en el cielo londinense en sus manos en la Ceremonia Inaugural del máximo cónclave olímpico.

La alegría del día nos vino rodando con Alejandro Valverde como protagonista en una etapa emocionante y tinte épico en un terreno que casi siempre habló español. Y ayer tampoco fue una excepción. Los aficionados españoles al ciclismo se tomaron la jornada pirenaica como sabroso aperitivo de la próxima edición de la Vuelta a España, una ronda  cada vez más cerca en interés y participación del Tour que del Giro de Italia a pesar de la sombra que le acompaña de su permisividad con el dopaje. Un final de etapa de sufrimiento que es como sabe mejor sobre todo cuando la consigue un corredor como Valverde, quien volvía a la primera carrera por etapas del mundo tras haber purgado dos años de sanción como implicado en la Operación Puerto y que le convirtió en algo así como el ‘enemigo público número uno’ de los franceses. 
 
Nuestros ciclistas no aparecían en el cuadro de honor de la clasificación en las primeras etapas y el Tour se nos venía haciendo tan insufrible como aburrido. El triunfo casi por sorpresa en una etapa del también murciano Luís León Sánchez  nos pareció más un espejismo pasajero que el aviso de que los corredores españoles no eran meras comparsas de relleno en el pelotón.

Valverde así lo certificó ayer con un triunfo que no le acerca al podio de los Campos Elíseos pero que si le sirve para reivindicarse como uno de los mejores corredores del pelotón mundial. Pero, sobre todo, dejar claro que también se puede ganar sin necesidad de ayuda farmacológica.
Precisamente la medicina no ha podido recuperar a Rafael Nadal de la tendinitis crónica que padece en los tendones rotulianos de sus rodillas. Lesión que le impedirá defender el oro de Pekín de hace cuatro años. Tampoco podrá disfrutar como niño con zapatos nuevos como un integrante más de la gran familia de deportistas en la Villa Olímpica. Pero, sobre todo, España se pierde su primera medalla sin la presencia en el desfile inaugural del mejor embajador que hoy en día puede ofrecer al mundo.

Una maldita noticia que nos llega a pocos días de que se abra al mundo la gran fiesta olímpica. Una renuncia en forma de  mazazo inesperado que sacudió la actualidad en pleno Tour. Un comunicado del tenista que le engrandece como persona y deportista. Una renuncia que lleva implícita la honradez de un campeón: "No me encuentro en condiciones de competir y por tanto no viajaré, como estaba previsto, con la delegación española".

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