edición: 3074 , Lunes, 26 octubre 2020
18/02/2020
banca 
Retornos sin cifras, inversiones con dudas

Varias entidades bancarias levantan el pie del acelerador de la banca digital

No es seguro que los 4.000 millones de euros que la gran banca invierte en el cambio de modelo digital estén ofreciendo la rentabilidad deseada, al menos en términos financieros
Juan José González
A la banca tradicional no le está resultando tan fácil sustituir el modelo clásico de las pesadas estructuras de oficinas y sucursales por el modelo digital como se pensaba en un principio. Las inversiones que debe dedicar el sector para la transformación del negocio, comienzan a dar algunos resultados que invitan al optimismo si estos se miden con criterios de medio y largo plazo. Porque a corto todavía es imposible medir los retornos. Es difícil encontrar opiniones netamente positivas de los gestores financieros sobre la rentabilidad de los casi 4.000 millones de euros que la gran banca invierte anualmente en sus planes de digitalización. Aunque ninguno dude sobre la acertada apuesta, toda vez que esta no tiene alternativa posible. La banca digital ha revolucionado los mercados financieros, los usos y los tiempos. En principio, la banca tradicional se había marcado unos tiempos razonables para su transformación hacia el modelo digital, lo que les permitía un margen de tiempo ideal para la reacción y el avance al margen de sus enemigos. Pero de repente, y en pleno fragor de la batalla del cambio digital, aparece sin previo aviso la competencia, operando desde el móvil (smartphone) nuevos competidores en forma de neobancos, `fintech´ y otras plataformas que obligan al sector bancario a reaccionar con nuevas inversiones en este sector.
Hoy no cabe duda sobre el dominio aplastante que ejercen los canales digitales en el negocio bancario: si se mide el dominio en términos de operaciones (interacciones) los canales digitales -ordenador, tabletas y móviles- registran más del 80% de las operaciones que se realizan en el tráfico bancario diario. De ahí que la participación o peso de las oficinas físicas en el conjunto de la actividad bancaria, comience ya a ser marginal. Así las cosas, podría asegurarse que la inversión en la banca digital progresa adecuadamente, lo que no significa que ya pueda hablarse de retornos positivos, de rentabilidad efectiva.

En las recientes presentaciones de los resultados de la banca, las entidades se han referido al nuevo modelo de negocio en términos positivos, con calificaciones verbales, cualificando pero sin cuantificar. En este sentido, no ha habido posibilidad de conocer los retornos de las inversiones, de esos poco más de 4.000 millones de euros que la gran banca dedica cada año a la banca digital. No debe ser fácil la evaluación del cambio, en definitiva, de poner medidas a la revolución digital. Se dice que las entidades han realizado un gran esfuerzo inversor en nuevas tecnologías para hacer posible que la clientela tenga acceso al dinero, al comercio, a la inversión y al mercado financiero con los tres canales disponibles (smartphone, ordenador y móvil). Pero poco o nada se sabe sobre la rentabilidad de esos nuevos canales.

De los únicos datos que se tienen noticias es sobre el ahorro de costes del cambio, en el que están implicados los cierres del 62% de la red de oficinas existente en 2009, de las poco más de 1.000 oficinas cerradas en 2019 y de otras 1.000 que se cerrarán en el presente ejercicio. Desbancar a las sucursales físicas tiene, según parece, dos costes: el propio del cierre y su sustitución por el nuevo modelo digital. Y de este sólo trasciende que la inversión en `multicanalidad´ (ordenador, móvil y tabletas) es la estrategia que se muestra más rentable, que los clientes multicanal son los más rentables, pero no se aportan cifras. Lo que da lugar a distintas interpretaciones y numerosas dudas.

Hoy la exclusión social se presenta como uno de los primeros problemas que se derivan de la puesta en marcha del nuevo modelo bancario digital. Comienzan a conocerse nuevos problemas, situaciones particulares en la relación banca cliente. Es fácil razonar que como cualquier novedad, la banca digital necesita un tiempo de asentamiento que, en este caso, es de aceptación por parte de la clientela bancaria. Un cambio que supone una revolución en toda regla para personas mayores, con discapacidad o sin recursos para la práctica de las soluciones técnicas, de las `apps´ que deben utilizar para las operaciones bancarias más básicas. 

En esta nueva etapa digital el sector bancario deberá estar atento a la brecha digital, por la que miles de habitantes de localidades lejanas a los centros urbanos ya sufren la desatención financiera porque el nuevo modelo de negocio bancario, lejos de permanecer en su sitio, de asentar los cimientos y aprovechar la proximidad al cliente, está abandonando a su suerte a la clientela de siempre. En principio, algunas entidades creen que el fenómeno de la brecha digital sólo durará mientras los mayores de hoy sigan rechazando el móvil, la tableta o el ordenador en la operativa bancaria, sin caer en la cuenta de que siempre habrá una parte de la población que será mayor. Pues bien, para todos ellos es probable que la banca digital no llegue a sustituir a la tradicional de la oficina física, lo que obligará al sector a invertir más y de nuevo en algo tan `novedoso´ como volver a implantar oficinas físicas en el pueblo. Será entonces cuando posiblemente se conozcan las cifras sobre la rentabilidad de las inversiones en el nuevo modelo digital.

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