edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
07/05/2009

Vender cromos de fútbol con los chicles seguirá siendo legal

El TUE establece que los Estados miembros no pueden adoptar medidas más restrictivas que las definidas por la Directiva relativa a las prácticas comerciales desleales
Beatriz Lorenzo

Cupones de descuento en firmas textiles que pueden recortarse de las revistas de moda. Estaciones de servicio que ofrecen bonos para lavar el coche gratuitamente por cada vez que se llene el depósito con un número determinado de litros. Prácticas como estas han sido ratificadas y seguirán siendo legales en virtud de una sentencia dictada el pasado 23 de abril por el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, interpretando  la Directiva 2005/29/CE sobre prácticas comerciales desleales. El Tribunal de Justicia establece que las ofertas conjuntas constituyen actos comerciales que se inscriben claramente en el marco de la estrategia comercial de un operador y que tiene directamente por objeto la promoción y el incremento de sus ventas.

A continuación, el Tribunal de Justicia recuerda que la Directiva lleva a cabo una armonización completa, a escala comunitaria, de las reglas relativas a las prácticas comerciales desleales. Por tanto, los Estados miembros no pueden adoptar medidas más restrictivas que las definidas en la Directiva, ni siquiera para garantizar un grado más elevado de protección de los consumidores.

Por consiguiente, la Directiva debe interpretarse en el sentido de que se opone a una norma nacional, como la controvertida, que, salvo determinadas excepciones y sin tener en cuenta las circunstancias específicas del caso de autos, prohíbe cualquier oferta conjunta realizada por un vendedor a un consumidor. Documento no oficial, destinado a los medios de comunicación y que no vincula al Tribunal de Justicia.

PRÁCTICAS PERMITIDAS VERSUS “GANCHOS” FRAUDULENTOS

Así pues, existe un listado de prácticas comerciales que se tienen por  lícitas, en tanto no son englobables en la definición de prácticas engañosas o agresivas.

Se podrá ofrecer conjuntamente con un producto o servicio principal y de forma gratuita:

1.      Accesorios de un producto principal que el fabricante del producto haya adaptado especialmente a ese producto y que se entreguen junto con él para ampliar su utilidad o facilitar su uso.

2.      Los embalajes o contenedores utilizados para proteger y para preparar el producto, teniendo en cuenta la naturaleza y el valor de dicho producto.

3.      Pequeños productos y servicios de uso común en el comercio, así como la entrega, el montaje, el control y el mantenimiento de los productos vendidos.

4.      Pequeños productos y servicios de uso común en el comercio, así como la entrega, el montaje, el control y el mantenimiento de los productos vendidos.

5.      Fotografías, adhesivos y demás imágenes con escaso valor comercial.

6.      Boletos para participar en loterías legalmente autorizadas.

7.      Objetos con leyendas publicitarias indelebles y claramente visibles que no se encuentren como tales en el mercado, con la condición de que el precio pagado por el oferente no exceda el 5 % del precio de venta del producto o servicio principalcon el que se entregan.»

La letra de esta sentencia contrasta con las recomendaciones que desde algunas asociaciones como FACUA (Federación de Consumidores en Acción) se vienen haciendo para proteger al consumidor de ofertas que, siendo conjuntas, rozan ya en el engaño explícito o la omisión engañosa. En esta línea, hay comercios que basan sus campañas publicitarias en descuentos del 50% o superiores que en realidad sólo se aplican a un pequeño grupo de artículos. También hay  establecimientos que en los días previos a las rebajas sube los precios de muchos productos para devolverlos a su estado original el primer día de la campaña, fingiendo que están rebajados. Asimismo, los consumidores pueden encontrarse productos que siguen vendiéndose con los mismos precios que antes de las rebajas o artículos traídos exclusivamente para venderse en estas fechas y que a pesar de ello muestran en las etiquetas un precio original más caro y evidentemente falso.

Por otro lado, la publicidad también muestra en ocasiones productos a precios muy bajos que luego no se encuentran en los comercios con la excusa de que había muy pocas unidades a la venta. Todas estas prácticas se englobarían en la categoría de engañosas establecida por la citada directiva, pero es evidente que la línea que separa las prácticas comerciales prohibidas de las permitidas es difusa y muy sencilla de cruzar para el comerciante avispado.

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