edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
17/09/2008
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Venezuela estrangula la gallina de los huevos de oro

Ana Zarzuela

Quiso hacer de ella la niña bonita de sus ensueños bolivarianos y el motor de todas sus revoluciones. Y desde ahora también carga al cuello el peso del deporte nacional. Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ha puesto ‘huevos’ por valor de 700.000 millones de dólares a los gobiernos de Hugo Chávez, pero no soporta el alud de juegos malabares y la digestión de todo lo que se nacionaliza. Es una apestada entre las multinacionales y un problema para su ‘criador’, que por primera vez rebaja sus objetivos de producción. El gallo de Chávez espanta. Y a la vista de la parálisis en el Orinoco, pocos se atreven a invertir en ese gallinero. El sueño petrolero puede ser la peor de las pesadillas ahora que su crudo está muy por debajo de los 120 dólares, el suelo en el que su economía estaba pensada para sostenerse.

Abrazado a la gallina de los huevos del oro negro, el presidente venezolano estrangula la actividad productiva no petrolera, demoniza al sector empresarial y espanta a los inversores. Pdvsa es la única reina de un modelo fallido dependiente del oro negro (las exportaciones no petroleras cayeron al mínimo en un lustro) al que el Palacio de Miraflores alimenta a golpe de gasto público, consumo interno e importaciones. La deuda externa del sector público ha aumentado un 15,9% en seis meses. Sólo el brillo del crudo- 29.634 millones en el segundo trimestre- permite al gobierno seguir haciendo malabares. Pero la bajada del nivel de las aguas del crudo deja a la vista las limitaciones de Petróleos de Venezuela. Los accidentes, los choques de buques, las huelgas crónicas, el cierre de pozos, el deterioro de yacimientos y las restricciones productivas son sólo los coletazos de un gigante obligado a importar gasolina y a comprar más de 30.000 componentes.

Su tesoro del Orinoco -llamado a ser el reino de las mayores reservas del continente- no tiene quien lo compre. Las estrecheces del laberinto venezolano y su burocracia política suman y siguen con el miedo de las multinacionales a desembarcar con inversiones caras y a largo plazo en un jardín plagado de trampas y en el que, si el recurso de Pdvsa al Tribunal Supremo prospera- ni siquiera el guardián de Ciadi podrá proteger a los inversores. Las inversiones extranjeras han caído un 94% en un año, la balanza comercial es totalmente desfavorable y el riesgo país se ubicó a comienzos de este mes en 684 (EMBI+ pbs).

Las multinacionales siguen más atentas al riesgo país -el mayor entre las principales economías de la región- que a las promesas del Ejecutivo.  Hay 21 compañías pendientes de concretar acuerdos. Aunque han sido asignados 21 de los 27 bloques de la reformulación del área, sólo se han firmado dos acuerdos, con la estatal china en Zumano y en el campo San Cristóbal con ONGC. El Gobierno tiene paralizadas 26 operaciones de la Franja a la espera de un arbitraje internacional y la plataforma Deltana está también paralizada porque tampoco le han otorgado los permisos a Chevron y a Statoil, para la producción. Chávez llama a las multinacionales con el canto de sirenas del Orinoco, pero bajo la mesa, dibuja ya la nacionalización de los taladros de las grandes multinacionales, que no ha conseguido adquirir y no para de prestar a sus aliados bolivianos y ecuatorianos.

ADIÓS A LOS OBJETIVOS

Caracas trata de hacer borrón y cuenta nueva con Pdvsa. Lo hace con sus números, con su deuda, con sus horizontes y hasta con sus reservas. Si la meta de producción roza lo utópico, se traslada su fecha. Y en lugar de esperar a 2012 para alcanzar los 5,8 millones de barriles diarios, serán, según los cálculos oficiales, diez años más. Pero no tiene músculo financiero, ni mordida operativa, no está a la altura de sus necesidades y desgasta sus maltrechas fuerzas con delirios propios y ajenos, condenada a producir cemento, construir vivienda social, importar y distribuir leche, o preparar a los deportistas olímpicos. Chávez se marea en su propio laberinto, tentado de disminuir la oferta con tal de driblar a la OPEP y las presiones saudíes y estrechar el suministro a Occidente para seguir ordeñando los precios. Pero ni el maquillaje de la retórica imperialista, ni el padrinazgo ya crónico del Ministro de Energía Ramírez (que ha sobrevivido a la reordenación de la cúpula de Pdvsa) ni los esfuerzos de Ali Rodríguez con la cartera de Economía al brazo pueden ocultar lo que la OPEP canta a los cuatro vientos: que Venezuela produce actualmente sólo tres cuartas partes de su cuota de 3.3 millones de barriles al día (2.316.000), 52.000 menos por mes que en 2007.

El músculo petrolero flaquea, la capacidad de producción  está lesionada y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso del buque insignia de la estrategia energética venezolana no mejora. Ni la euforia de la lluvia de dólares puede opacar que ni el esquema operativo ni el financiero son sostenibles a medio plazo: los gastos aumentaron 38% con respecto al mismo periodo de 2007, debido en parte al incremento de las  actividades de la estatal tras la nacionalización de la Faja del Orinoco en 2007.  De unos 60.000 millones de dólares de ingreso probable por renta petrolera, quedarán en el país unos 4.000 libres, después de 40.000 en importaciones y 5.000 producto de la demanda anual de divisas y del pago de la deuda externa. Como resultado, la capacidad de los ingresos petroleros para aligerar las restricciones fiscales del gobierno se está volviendo cada vez más limitada.

Condenada a digerir la bulimia nacionalizadota de Chávez, trata de metabolizar los 20.000 nuevos empleados públicos de las empresas estatalizadas en los últimos meses y suma a su juego malabar a Pdval- su división para alimentos- Pdvsa deporte y los restos del naufragio siderúrgico de Sidor, sobre la que Chávez no se ha resistido a poner la mano. Petróleos de Venezuela ha regalado más de 30.000 millones de dólares a otros países y a organizaciones variopintas, mientras la deuda externa está llegando a los 40.000 millones y la interna supera los 30.000. Pero ahora que el chorro petrolero “es de todos”, Caracas manda a sus enviados al mundo a la caza y captura de dinero fresco para las fauces de la petrolera, que está endeudada con más del 22% de su capital y obligada a garantizar financiamientos sobre ventas a futuro de petróleo. Durante 2007 Pdvsa contrajo más de 12.000 millones de dólares en deuda nueva, incluyendo una emisión de bonos por 7.500 millones de dólares en el mercado interno, una línea de crédito por 1.000 millones con el BNP Paribas y una ´venta futura´ de 3.500 millones de dólares, negociada con las japonesas Marubeni y Mitsui, que están siendo pagados con crudo.

LA MALDICIÓN SE EXPORTA

Pdvsa ha perdido la marcha de la región y ahora que la reforma de PEMEX está lista para servir a la mesa y Petróleos de México confiesa sus problemas para regar el continente con su crudo, serán Petrobrás, Repsol y las multinacionales en la región las que se lleven el gato al agua.  Poco más puede hacer Pdvsa que mirar al Este y tenderle sus redes a Irán, China o Vietnam.

La maldición de Chávez, como sus pretensiones, traspasa las fronteras venezolanas. Paraguay ha driblado al Palacio de Miraflores y pagará con deuda una factura que ya comienza a asfixiar sus arcas. Es mucho más que la imagen política lo que envenena el caso del maletín de los petrodólares de Petróleos de Venezuela en la casa de los Kirchner. Y mucho más que la castigada crisis energética argentina lo que rematan a domicilio la boliviana y la venezolana. La ‘generosidad’ de Pdvsa le está costando más de un sofoco y la peor de sus broncas con Washington a Néstor Kirhcner y la presidenta argentina. Y apuros a sus exportadores, condenados a suplir- a cambio del crudo- las miserias de la producción de carne venezolana, que sólo es capaz de cubrir el 48% de su consumo. A cambio, a Argentina ya le ha salido caro que Venezuela se haya convertido en su único prestamista exterior. Caro en precios Caro en garantías, si como advierten los analistas locales la economía venezolana de entrega al colapso. Y en condena para sus empresas, con Telnor en cabeza.

Salvador de un barco que hace aguas, Chávez ejecuta un auxilio entre ahogados,  con cada arrebato de solidaridad estrecha el lazo de la asfixia sobre Pdvsa y la soga de la dependencia sobre los 17 países que se cobijan de la tormenta de los mercados bajo el paraguas energético venezolano. El souvenir envenenado mancha ya las arcas de los hijos de Petrosur y Petrocaribe, cada vez más dependientes del crudo venezolano gracias a una oferta -65% pagadero a 25 años- que los obliga a casarse para siempre. Lo regalado sale caro. Y no hay reclamación. Que se lo pregunten a Paraguay, Nicaragua o Dominicana, que engordan su deuda exterior gracias al sistema de pagos ‘para amigos’ y sufren el desabastecimiento cada vez que Pdvsa o sus buques se quedan cortos. Estataliza el flujo de los hidrocarburos allá donde llega. Y condena, finalmente, a los ciudadanos a ser testigos ciegos de la opacidad del gasto público y herederos de la hipoteca del 40% de la factura de Petrocaribe, que Chávez ‘perdona’ a cambio de un 1% a 25 años. Lo saben bien los nicaragüenses, que ven mes a mes cómo los ingresos por la venta del petróleo venezolano se diluyen en las arcas de Daniel Ortega entre velos de silencio bolivariano.

En las aguas emponzoñadas de Pdvsa pescan, eso sí, Petrobrás y Lula. Pero de lejos. Los avances en el proyecto amazónico de Petrobas- transportará desde el otoño de 2009 5,5 millones de metros cúbicos por día del combustible, para generar unos 760 megavatios (MW) de electricidad- adelantan por la derecha al Gasoducto del Sur de Chávez, que sigue huérfano de realismo, financiación y socios. Y ni siquiera Rusia, que coquetea con una sucursal de la Guerra Fría en tierras bolivarianas y planea- sólo sobre el papel- un Banco ruso-venezolano ha conseguido que Gazprom o Lukoil, con su promesa de 3.000 millones vayan mucho más lejos de las buenas palabras y los entretenimientos militares a cuatro manos.

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