edición: 2740 , Lunes, 17 junio 2019
31/03/2009
BELVEDERE

Veremos a los gobiernos de las CCAA como vuelven a emboscarse en fusiones endogámicas

El Banco de España ha recuperado la iniciativa con CCM y los políticos de las autonomías temen por el acceso a la información y por la pérdida de poder
Manuel Cháves, presidente de la Junta de Andalucía
Alfonso Pajuelo

En la medida que el Banco de España y el Gobierno van definiendo la hoja de ruta para las entidades financieras en crisis, diversos sectores de la sociedad se aprestan a la defensa o al ataque, entendiendo éste como la mejor defensa posible. Lo ocurrido en CCM viene a demostrar que el supervisor se ha provisto de suspensorio y chichonera y no va a permitir “distracciones” ni operaciones mal sustentadas. La alarma ha cundido principalmente en los gobiernos autonómicos y todos, sin excepción, comienzan a moverse conscientes de que se acabó la fiesta con las cajas. Pero van a quemar los últimos cartuchos tratando de evitar, al menos, los efectos colaterales de un proceso que inevitablemente terminará con la práctica desaparición del modelo de cajas. CCM está ocupada por tres funcionarios del Banco de España que, entre otras actuaciones, van a hurgar en los papeles y eso gusta poco. Por lo tanto, la primera maniobra previsible será que esos gobiernos autonómicos fomenten las fusiones regionales, intentando descartar lo más efectivamente posible las interregionales. La mejor manera de evitar que se intervenga en una caja es forzar su fusión dentro del ámbito regional, con lo que todo queda en casa. El primero en mostrar los síntomas ha sido Manuel Cháves en Andalucía, anunciando que nada de operaciones extraterritoriales y empezando a muñir los matrimonios endogámicos. Pero puede pasar que para solucionar tres problemas, termine creando seis. Busca emparejamientos malo-bueno, enfundado para despistar en la bandera andaluza.

Veremos en los próximos días como, con más o menos claridad, se repite la maniobra en otras autonomías. Lo urgente es mantener el control el mayor tiempo posible evitando que agentes externos vean lo que no quieren que se vea. A la par, algunos rezos, plegarias y hasta jaculatorias para que algún banco merezca la atención y la intervención del Banco de España, bien directa o forzando la fusión. Porque si eso no se produce, todo el país va a empezar a preguntarse qué diferencia a bancos y cajas además de un estatuto jurídico diferente. Y la respuesta es fácil e inmediata: la intervención política. Y relacionar eso con los males de las entidades es todavía más fácil y rápido.

En Castilla y León las cajas echaron a los políticos del proceso de fusión pero el proceso de fusión ni se atisba por el momento. Volverán los políticos. Y también lo harán en Valencia, sobre todo en Valencia. Lo mismo ocurrirá en Galicia y en Cataluña. Allí, la Generalitat anda silbando como si la cosa no fuera con ellos y nada más lejos de la realidad. Hay entidades afectadas y así vino ayer a reconocerlo el consejero del Banco de España Guillem López. Con la todopoderosa la Caixa al margen de estas cuestiones, quedan otras nueve cajas con distinto grado de afectación. Muchas cajas, demasiadas. Tantas que le va a resultar difícil al Ejecutivo autonómico poner orden en todas. Pero lo va a intentar, también enfundado en la bandera, porque todo lo que no han podido intervenir en la Caixa lo habrán hecho en el resto.

Cada vez que el Banco de España intervenga en una caja se van a abrir los archivos, a analizar las operaciones y calibrar los riesgos para hacer la fotografía pertinente y las necesidades de capital. Eso no gusta. La fusión interregional tiene efectos similares puesto que hay ajenos hurgando en la cocina y eso trae malas consecuencias, como ha pasado en CCM a pesar de que en este caso se negociaba entre autonomías afines políticamente.

Pero además de esta cuestión, más importante de lo que parece, hay más que inducen a pensar que las fusiones endogámicas van a primar. Se trataría de reforzase en el ámbito territorial manteniendo el control mientras se pueda en espera de la expulsión total.

Ya está claro que el Gobierno va a acometer más pronto que tarde la revisión de la Ley de Cajas y en ella la representación política va a quedar reducida a un máximo del 25% en los órganos de gobierno. Incluso se puede reducir hasta el 10%, aunque es mucho esperar. En cualquier caso, las posibilidades de control y utilización de las cajas va a resultar muy complicada para los políticos.

Una vez reducida esta representación, las cajas quedarán en manos de impositores, trabajadores y otras representaciones no políticas. Un batiburrillo bastante amorfo que no ofrece garantías de gobernabilidad y mucho menos efectividad a la hora de dotar a las cajas de un equipo directivo eficiente. Podría pasar como en los equipos de fútbol y ver a personales similares dirigiendo cajas (perdón por la exageración pero la imagen es la que mejor nos aproximaría a esa realidad).

Hay que tomar pues la reducción de la representación política como el paso previo a la desaparición de la fórmula jurídica de las cajas, dando paso a otra más cercana, sino la misma, que la de sociedades anónimas.

Ante este panorama, que no se le escapa a ningún político periférico, hay que esperar la reacción porque no van a entregar sus poderes por las buenas. Se van a resistir y es de esperar que lo harán de forma más inteligente que hasta ahora. Por eso necesitan no perder ningún castillo.

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