edición: 2307 , Miércoles, 20 septiembre 2017
23/11/2012
Sugiere que la `Marca España´ se mire al espejo

Víctor Grifols se cuela de espontáneo en la campaña electoral catalana

Victor Grifols
Juan José González

La vehemencia del propietario y presidente de la cotizada no duda en disparar contra las principales instituciones del Estado. De Víctor Grifols, presidente del grupo empresarial que lleva su propio apellido, apenas se conocen intervenciones públicas, excepto las obligadas en razón de su cargo ante la junta general de accionistas y poco más. Pero a mitad de semana se dejó ver en una cena que le organizaron los analistas españoles para premiar su trayectoria empresarial. El acto parece haber alcanzado un `share´ que no estaba previsto ni por asomo. Ante un público iniciado y experto en los mercados, como son los analistas financieros, un locuaz y desconocido Grifols soltó toda la artillería a su antojo contra las Administraciones Públicas, Gobierno, gobernantes, sistema, e incluso los analistas financieros, presentes y anfitriones del empresario no se salvaron del fuego artillero. A Víctor Grifols le avala el éxito empresarial, le ampara el derecho a la libre expresión y cuenta con el respeto y admiración de un numeroso público. Pero ante el colectivo de financieros que le presentaron como ejemplo de trayectoria empresarial, se sintió tan cómodo como libre y el resultado, curiosamente, fue un baño de afirmaciones que obligan a reflexionar en serio y a pensar en que el empresario y ciudadano Grifols puede tener razón sino en todo, sí en casi todo. El contenido de su discurso y respuestas a los sorprendidos asistentes, bien parecen estar reflejando la imagen que tiene eso que preocupa tanto a las autoridades y que se llama "Marca España".

En pocas palabras, estas son algunas de las `perlas´ de Grifols que pueden servir para reflexionar: "antes que a Madrid me  voy a Gibraltar" (en el caso de que dejara de invertir en España); "no puedo depender" de un país donde el Gobierno fija el precio de los medicamentos y luego "encima no paga"; "me veo incapaz de seguir invirtiendo en España"; "¿para qué sirven los sindicatos?"; "la Monarquía comienza a patinar"; "las Autonomías molestan"; "el Senado no sirve"; "fuera se cobra y aquí no"; "España es un país de expatriados, no de emigrantes", y recriminó a los analistas el hecho de que hagan su trabajo sin consultarles para concluir diciendo: "cuando quieran analizarnos, llámennos".

Grifols es una empresa que se incorporó al Ibex 35 en enero de 2008, familiar, ligada al mundo sanitario, la mayor compañía del sector en Europa y que ahora absorbida Talecris es la tercera del mundo en su sector, da trabajo a 11.200 personas,  produce en 22 países y tiene una deuda que no llega a las cinco veces el beneficio anual. A simple vista, puede decirse que Víctor Grifols se encuentra en la primera línea de fuego de ese ejército que se enfrenta a diario a la crisis y a los mercados. Pero de sus palabras, seguramente sinceras, con el corazón en la mano y todo eso, se desprende que su batalla no es la competencia ni los distribuidores, incluso, ni las ventas, pues su producto, los derivados de la hemoglobina, plasma  sanguíneo, etc, es de los considerados como básico, irremplazable, de demanda rígida. Su batalla o lucha diaria parece ser el Gobierno, el Senado, las Comunidades Autónomas, los sindicatos, los analistas, la Monarquía... el sistema... España. 

El empresario aceptó recoger el premio en persona porque la tribuna y el momento se prestaban a ello, es decir, los analistas presentes son un público seguro a la hora de divulgar mensajes, lo que unido a que la intervención caía en medio de la campaña política. Hay que interpretar que el fuego de artillería desplegado por Grifols, fuera del agrado de Artur Mas pues seguramente ni él mismo habría logrado mayor vehemencia en el discurso. Es más; es probable que la línea argumental expuesta por el empresario, sea adoptada por el político como metralla para sus próximas incursiones bélicas en campaña.

Al margen de esa conexión directa con el momento político catalán, al que no es ajeno Víctor Grifols por razones obvias, llama la atención que su discurso haya producido en el público asistente reacciones de todo tipo: sorprendidos, atónitos, escépticos, políticamente incorrecto, para muchos rompedor, o exagerado, injusto... Llama la atención, precisamente, que llame la atención entre una audiencia que esta en el mercado, en la misma pomada de la crisis, de los problemas. Se desconoce si esa sensación de sorpresa causada en el auditorio esta motivada por el tono y las piezas de caza mayor a las que dispara, o porque asentían con Grifols, sorprendidos ante tal abundancia de hechos objetivos, y que los allí presentes suscribían.

Con todo, las afirmaciones personales del empresario de éxito, consiguen diferenciar a la población, a la ciudadanía, en dos grupos (evitemos el término bandos) los que estiman que tiene razón y los que creen que no la tiene. Pero en cualquier caso, unos y otros deben atender, y entender, que es más que probable que la visión formada y expresada por las opiniones de Víctor Grifols, coincida con la imagen que de España y sus empresas se proyecta actualmente en el exterior. Y esa es la `Marca España´ que tanto preocupa al Gobierno de Mariano Rajoy.

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