edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
01/06/2011
Lucha contra las corruptelas

Vigilantes “de pago”; la SEC intensifica su control sobre las irregularidades empresariales

Beatriz Lorenzo

La corrupción es uno de los principales enemigos de la buena gestión empresarial, la lacra de todo escenario económico que pretenda sobrevivir en el largo plazo. Las corruptelas, los sobornos, las malas prácticas, las irregularidades y el oscurantismo arrasan a la larga con la reputación corporativa y se alían con el cortoplacismo para dar lugar a la caída de las empresas en apariencia más robustas.

El fomento de la transparencia y la vigilancia se convierten en el mejor escudo para defenderse de las malas prácticas e incluso autores como Bernardo Klinsberg, autor junto con el nobel Amartya Sen del libro “Primero la gente”, aseguran que son también necesarias “vigorosas políticas de reforma y fortalecimiento del poder judicial, apoyo a la profesionalización de las instituciones policiales vinculadas con la investigación de estos delitos, establecimiento de instituciones reguladoras sólidas y dotadas de capacidad técnica efectiva, gestión activa para la recuperación de activos en el exterior.” Con el fin de incrementar la vigilancia y abogar por una mayor transparencia, la Securities and Exchange Commission (SEC), ha decidido establecer mecanismos de recompensa para todos los individuos que faciliten información- solvente y veraz- acerca de irregularidades cometidas por las compañías; un nuevo programa que la SEC pone en marcha como resultado del desarrollo de la ley Dodd- Frank aprobada hace poco más de un año por Washington. Este requerimiento viene a sumarse a otros varios derivados de la Ley Dodd- Frank que afectan sobre todo a las empresas en materia de transparencia; como la petición de que las compañías han de someter al menos una vez cada tres años, la políticas de retribución de sus ejecutivos para que sean aprobadas por las juntas generales de accionistas. En este último caso, la información y votación de los accionistas sobre la política tendrá que estar incluida en el orden del día de las juntas, pero el resultado de la misma no tendrá carácter vinculante, sino que será meramente consultivo. Además, las empresas también tendrán que facilitar información adicional sobre los llamados “paracaídas de oro”, las cláusulas de garantía que deben pagar las compañías a algunos de sus ejecutivos.

MÁS CONTROL

En relación de la novedad que se deriva de la concesión de recompensas a aquellos individuos que velen por el “buen comportamiento” empresarial, la SEC sitúa la recompensa entre el 10 y el 30 por ciento de la sanción, dependiendo de su importe; y facilita el proceso a través de la creación de una Oficina de Denuncias a través de la que se gestionará toda la información recibida.

La medida de la SEC ha causado gran revuelo entre las compañías estadounidenses y durante sus meses de gestación ha levantado polvaredas entre los lobbys empresariales que han mostrado su desacuerdo con ella. Sin embargo, la gran mayoría de los comisarios de la SEC ha rechazado la propuesta que esgrimían las compañías, consistente en un paso previo que permitía a los denunciantes “avisar” a las compañías de sus irregularidades y su mala gestión antes de acudir a la propia SEC.  A cambio, la presidenta de la SEC Mary L Schapiro se muestra rotunda en su definición de la nueva normativa: “ Las actuales reglas tienen la intención de romper el silencio de aquellos que presencian los errores e irregularidades. Para una agencia de recursos limitados como la SEC, es fundamental aprovechar los recursos de aquellas personas que tienen información de primera mano”.

Así las cosas, ésta es una de las decisiones más polémicas a las que la SEC se ha enfrentado en relación a la serie de actuaciones que comenzó a acometer para dar respuesta al tambaleante escenario corporativo fruto de la crisis económica.

DETRACTORES

Entre los más críticos con la nueva normativa de la SEC se encuentra la Cámara de Comercio de Estados Unidos que ha condenado la votación afirmando que la norma hará todavía más difícil y lento el ya de por sí espinoso proceso necesario para detectar un fraude empresarial, debido a que “se les oculta a las compañías las irregularidades cometidas informando directamente a la SEC y esperando que ésta actúe”.

Asimismo, la SEC ha salido al paso de los que pronostican que el organismo puede verse abrumado por denuncias e informaciones de personas interesadas en conseguir la recompensa. La SEC ha afirmado que contrariamente a esto, la existencia de la recompensa funcionará como elemento disuasorio para los ejecutivos a la hora de cometer un fraude o una irregularidad.

Sea o no acertada, la decisión de la SEC de establecer “vigilantes” para controlar el exceso de malas prácticas y las corruptelas revela que la integración de la Responsabilidad Social en el seno de las compañías no es tan coherente ni tan profunda como sus informes y campañas quieren hacer notar. De hecho, a poco que se arañe en la pulida superficie de responsabilidad y compromiso, despuntan las incoherencias y los descuidos en relación a una herramienta que dista mucho de haber echado raíces en el escenario empresarial.

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