edición: 2065 , Viernes, 30 septiembre 2016
12/09/2008
Reding afila sus sables en las espaldas de Telefónica

Vodafone, Orange y Jazztel esperan que se les ´aparezca la virgen’ en su guerra por la fibra

Orange, un muro en el que esconder que busca en Telefónica los favores que France Telecom no está obligada a hacer en Francia
Fibra óptica
Ana Zarzuela

Le queda poco tiempo en su trono de Bruselas y, a la vista de los tropiezos para sus ‘revoluciones’, la ‘Juana de Arco’ del ´roaming´ juega a la suelta masiva de globos sonda y algunos dardos. Reding está dispuesta a golpear en las uñas de Telefónica para escarmiento general, ahora que la CMT sintoniza con las regulaciones gala y holandesa. Cocina una directiva con la que obligar a abrir las nuevas redes. Vodafone y Jazztel, sedientas de las redes que Telefónica nutrirá con los 1.000 millones de euros de Futura, han encontrado un santo para el altar de sus pataletas. Orange, un muro en el que esconder que busca en Telefónica los favores que France Telecom no está obligada a hacer en Francia. Para alivio de Alierta, la guerra de Reding va para largo y puede topar, como siempre, con la Comisión y otros reguladores. Cuando en octubre  dé a conocer su reglamento, su trampa puede servirle de cuna bautismal a Telefonica para sus primeras ofertas exclusivas con la red FTTH. Si no, tendrá que facilitar el acceso de sus rivales. Un obstáculo, pero menor para los planes de Telefónica, que prevé que en 2 años esté listo el 25% de su red a 100 megas. Si se niegan a subir al carro de su propia inversión, las operadoras alternativas tendrán que pagar caro el peaje al tren de Telefónica. Reding dibuja el atajo a su madriguera con la compensación a los que invierten en fibra de cobrar hasta un 12 % más que el acceso sobre el cobre.

Reding hace sangre en el mercado español y une sus revoluciones al corifeo de los que quieren amargarle la fibra y el plan Futura a Alierta. Si Orange y Vodafone patalean impotentes, Jazztel niega la mayor -lo que no está preparado no son sus cuentas para la red, sino el mundo-. En virtud de su credo de la competencia, Reding le hace la cama a las low cost y las alternativas y cultiva la sintonía con British Telecom, France Telecom y Vodafone, que aplauden las revoluciones digitales de la Comisaria, las únicas llamadas a despejarles el camino en mercados emergentes dentro y fuera de Europa en los que no tienen red para que- huérfanas de matrimonios, impelidas a hacer olas- puedan pescar en aguas ajenas los resultados y el horizonte de expansión que en sus mercados maduros y en sus operaciones tradicionales ya escasea.

La Comisaria ya tiene sobre su mesa no sólo el texto el análisis de los fundamentos y el mercado de la CMT, pero se lo leerá con los clarines de guerra alzados, y con un borrador ya dispuesto con las recomendaciones del departamento, listo para aprobarse en octubre. Poco le importa que sean las medidas cautelares del regulador español las que avalen el despliegue de la fibra de Telefónica, que cuenten con el aval razonado de la CMT o que, por su propia naturaleza, escapen a la potestad de Bruselas. Para Reding, las inversiones no deben primar sobre la competencia. Y, si nadie lo impide en la Comisión Europea, eso se traducirá en que, además de abrir las canalizaciones, la operadora también tendría que permitir que los rivales se conectaran a su red para vender a los clientes productos parecidos a los de Telefónica sin tener que replicar la infraestructura, algo que la CMT no exige.


Reding colecciona conflictos. A pesar del riesgo de desincentivar la apuesta por infraestructuras, ahogar sus ingresos y obligarlas a estirar los precios en otras costuras, Bruselas propondrá ampliar otros tres años, hasta el 2013, el recorte de precio de 3 céntimos al año en las llamadas de móviles de itinerancia. Y no se resiste a obligar a las telecos europeas a rebajar hasta en un 70% las tarifas del los sms en roaming. Su “revolución” parece más bien una “cruzada” contra los gigantes de las telecomunicaciones, los operadores dominantes que aún tienen en sus manos el 72% del mercado local y el 66% de la banda ancha europea. De la comisaria les irrita su empeño en uniformizar mercados y condensar en Bruselas todas las llaves y su obsesión por achacarles que “vacian los bolsillos» de los usuarios”, en lugar de ser consciente de que ella vacía los bolsillos de las inversiones. Se lo acaba de recordar Telefónica: su plan de tarifas de terminación de llamadas a móviles no es viable; los precios estarían por debajo de los costes de producción y obligarían a más de 200 millones de clientes de prepago a pagar más por sus llamadas y asumir la reestructuración de los precios minoristas.

Y es que la obsesión de la competencia ha cegado a la Comisaria de las Telecomunicaciones, aún teniéndola delante. En el ‘mundo según Reding’ las empresas invertirían para sus competidores, no se desanimarían por tener que disgregar sus compañías, ni dejarían de mimar sus redes.  Por eso le bebe los vientos al regulador sueco, que con la separación funcional de la red del ex monopolio obliga a Telia Sonera a dar acceso a todos sus rivales a la red de fibra que vaya desplegando. La CMT española, con la regulación más exhaustiva de Europa de las redes de telefonía fija de nueva generación, sigue los pasos de Holanda y Francia.  Aunque la decisión de la CMT es aún cautelar, son las operadoras alternativas y las low cost ibéricas las primeras en interpretar que, al menos por ahora, el que quiera accesos de fibra, tendrá que desplegarlos él mismo. Aunque los alternativos tendrán en su mano salvada la barrera de la obra civil -que puede suponer hasta el 80% de la inversión total de una red de nueva generación- gracias a las infraestructuras compartidas con Telefónica.

PIERDEN EL TREN

Los bandazos de la portabilidad en el móvil y la banda ancha les han enseñado a Orange, Vodafone, Jazztel y las alternativas que pueden morir ahogadas por sus propios torpedos, los que lanzan a la línea de flotación de los operadores tradicionales. La obsesión del estribillo “internet en cualquier parte”, la orfandad del iPhone y ahora el abismo de las nuevas redes de fibra pueden rallar aún más las cuentas de las operadoras menores y engordar su cuento de la lechera. El ADSL acusa la crisis y crece al menor ritmo en nueve meses. Todas las compañías han frenado su captación de clientes, pero hay unas que están aprovechando el parón mejor que otras. Telefónica ha conseguido aumentar hasta el 67,3% su cuota de ganancia de líneas en los últimos tres meses, mientras que sus rivales de ADSL la han reducido al 19% y las compañías de cable se han desplomado hasta el 13,8%.

Orange, Vodafone y las operadoras alternativas ya patalearon con la decisión de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones de compartir con Telefónica el 28% de las aportaciones al Fondo Nacional de Servicio Universal y compensar con 51 millones de euros a la compañía que preside César Alierta. Si algún grupo quiere competir en serio en banda ancha en España sin pegarse sustos a largo plazo, o compra Telefónica –algo bastante complicado– o compra Ono, o invierte. Pero fieles a la tradicional falta de inversión de los alternativos, sólo algunos operadores de cable -que  han invertido desde 1998 un total de 9.000 millones de euros en redes de fibra- se han planteado el lanzamiento de ofertas de 100 megas.

Ahora tratan de arañar un espacio a la sombra de los 1.000 millones de inversión del plan futura de Telefónica. Sus tambores en la guerra de los cien megas -ahora al unísono con los de Reding- resuenan en la Audiencia Nacional y no se conforman con ampararse en la vasta red de conducciones y canalizaciones subterráneas infraestructuras de la compañía. Quieren más. Vodafone estima que para que a un operador le resulte rentable invertir en fibra óptica debe contar con una cuota de mercado de al menos un 40%, frente al 5% de Orange, el 3% de Tele2 y el 2,4% de Jazztel. La inversión es muy elevada- 1.000 euros por casa, el triple que un ASDL-, pero los operadores son conscientes de que su crecimiento en el futuro dependerá de esta red si no quieren descarrilar lejos de los 100 megas y perder el tren de los nuevos servicios -televisión de alta definición (HDTV), videoteléfono (cuatro megas), o telefonía IP- cuyo uso se generalizará como ocurrió en el pasado con el móvil o Internet.

Si Reding no lo cambia, las inversiones que han hecho hasta ahora Orange-Ya.com, Jazztel y Vodafone-Tele2, instalándose en las centrales de Telefónica para poder alquilar sus líneas pasarían a valer muy poco. Se aferran al mástil del victimismo y a las líneas de cobre que, como mucho, pueden ofrecer entre 6 y 8 megas, muy lejos de accesos reales de entre 30 y 100 megas de Futura. Atadas al discurso del monopolio, Orange-Ya.com, Jazztel y Vodafone-Tele2 no invertirán, ni siquiera en grupo. Esperan que las nubes de Reding se conviertan en octubre en un maná para sus inercias. Si no, a seguir llorando en los pañuelos de la Comisaria. Y a pagar a las filas de Alierta la ventana abierta al servicio mayorista de acceso a su red FTTH. 

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