edición: 2785 , Martes, 20 agosto 2019
24/09/2015
”Das auto”, das betrug

Merkel intervendrá el consejo para situar dos consejeros en Volkswagen

El fiasco del grupo automovilista llega al Parlamento y se convierte en cuestión de Estado
Angela Merkel
Juan José González
¿Cómo malograr 78 años en un día? La respuesta y la fórmula para conseguirlo permanecía oculta en los cuarteles y en los vehículos del grupo automovilista Volkswagen. Quién lo diría del primer grupo mundial del motor Volkswagen, propietario también de marcas como Audi, Seat, Skoda y Porsche entre otros. También un día es el tiempo que se ha dado el Gobierno de Angela Merkel para decidir qué piensa hacer el Estado alemán ante tan monumental golpe a su prestigio reputacional que, de repente, convierte a la potente industria germana y a su clase empresarial en imputados de un fraude -`betrug´- de dimensiones siderales. La intervención del Gobierno para salvaguardar la marca alemana pasa por intervenir el consejo. Para empezar ya ha forzado la dimisión del presidente Martin Winterkorn.
La naturaleza del fraude, sin embargo, se convierte en su principal agravante desde el mismo momento en que afecta a un tema extremadamente sensible como es el medio ambiente y, en concreto, la medición de las emisiones de gases contaminantes. Sensible y capital porque de sus negativos efectos se desprenden graves perjuicios para la salud de las personas. Por eso, llama la atención que el falseamiento de las mediciones y la argucia en el software para lograrlo, se hayan producido en un mercado distinto al europeo, más sensible y preocupado por el medio ambiente que el norteamericano, más severo este en el apartado normativo, lo que debería provocar una reflexión sobre la eficacia de las leyes europeas al respecto para ponerlas el línea con la sensibilidad.

Al margen de las consecuencias políticas, sociales, reputacionales y jurídicas, que serán abundantes, preocupan ahora y mucho las económicas por el tamaño del impacto que vayan a causar estas sobre la inversión en marcha y las futuras ya anunciadas De todas ellas dependerá el empleo directo de miles de trabajadores en el grupo, como también muchos miles de empleos indirectos en las diversas redes de distribución, como concesionarios y talleres de reparación. El fraude de la marca alemana no parece tener los límites bien definidos, afectando, sin distinción en diferente cantidad a todos los mercados a donde dirige sus productos. Y por tanto, ni Navarra ni Cataluña estarán a salvo de las reacciones de los consumidores, de los compradores de vehículos de sus cinco marcas.

No cabe duda de que la terapia que deberá aplicar a partir de ahora el grupo para superar el fiasco se basará en una dotación económica muy superior a los 6.500 millones de euros anunciados en concepto de provisión para posibles sanciones, sino también para hacer frente a la revisión de los 11 millones de unidades inteligentes instaladas en otros tantos millones de automóviles. La dotación para el desaguisado tendrá seguramente en cuenta la avalancha de reclamaciones estatales y el ejército de clientes y usuarios particulares que no dudarán en reclamar daños.

Tampoco cabe duda que el Gobierno germano, al elevar el asunto de Volkswagen a categoría de problema de Estado, imponga algunas condiciones al grupo automovilista que afecten al futuro de las marcas, a sus inversiones y a los mercados donde está presente. En el sector y medios políticos y financieros no se descarta que tras la dimisión del presidente Winterkorn, forzada por el ministro de industria alemán, se considere una nueva intervención del Gobierno que situaría a dos consejeros en el máximo órgano de decisión del grupo, al menos, en la primera fase de la crisis.

Resta por conocer el destino de la actual dirección de la compañía, como también el consejo del grupo, de los que se sospecha si no conocían lo que sucedía en los productos que salían de sus factorías. ¿Es posible que ni siquiera tuvieran una sospecha, intuición, quizá un mínimo de perspicacia en esas tan bien -hasta ahora- amuebladas cabezas germanas? No es verosímil que no hubiera un indicio, atisbo de que algo, o eso, el `betrug´, estaba saliendo a diario y en cada vehículo de sus factorías. Porque de lo contrario, el delito continuado no se arreglaría con ceses, dimisiones y multas, sino con la inhabilitación urbi et orbi de sus responsables y posterior encarcelamiento.

Recordar aquí el caso de una compañía nipona del mismo sector y su reacción ante la caída estrepitosa de las ventas, y claro, también del beneficio. El consejo resolvió alargar el mandato de los responsables de las pérdidas hasta que lograsen reconducir la situación, lo cual, seguramente, evitó el harakiri de algún directivo. En esta ocasión no parece que vaya a ser posible la prolongación del mandato del actual presidente (tampoco el harakiri) y el consejo proponga una renovación a fondo de la alta dirección.

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