edición: 2286 , Martes, 22 agosto 2017
13/10/2008

Vuelve el espectáculo

J.J. González

Ya habían advertido los psicólogos que el miedo no es siempre racional y que en una situación extrema las decisiones se tornan compulsivas y apremiantes. Si algo así es lo que sucedió semanas atrás, lo de hoy, el rebote técnico de las bolsas, el síndrome de ansiedad por comprar cuando todo está por los suelos en precios, no deja de ser la reacción a tanta desgracia.

Mario Blejer, ex directivo del Banco de Inglaterra, elogiaba esta mañana el comportamiento del mercado español de renta variable porque “se ha convertido en un buen termómetro de la realidad financiera y porque ha reaccionado a las medidas que han tomado los Gobiernos de forma adecuada y rápida”. El ex directivo recordó, a propósito del miedo compulsivo, que la reacción de Merkel obedeció a un comportamiento escasamente racional. Ahora la acción concertada y premeditada de Gobiernos e instituciones económicas internacionales, es considerado como un ¡salvemos al mundo de la recesión! Sin embargo, no parecen despejados los peligros que hacen que nos encontremos más bien cerca que lejos de una depresión mundial.

El problema persiste porque los bancos aún no han terminado de reconocer las pérdidas reales, los tan traídos y llevados activos tóxicos de los que se dice únicamente se conoce lo que se ve, la punta del tempano. Y mientras no se despeje el horizonte el Titanic financiero seguirá rumbo a no se sabe dónde. Se mantiene la desconfianza entre las instituciones financieras y para muestra un botón. El pasado viernes se supo que los bancos europeos depositaron 150.000 millones de euros en el Banco Central Europeo al 3,25% a un día. Nadie se fía de nadie. Por eso no extraña que los bancos centrales sigan proporcionando financiación ilimitada.

En las marejadas siempre hay alguien que sale mejor parado, sin embargo, cuando hay galerna no se salva nadie. Con una excepción: Gordon Brown, el primer ministro británico acaba de registrar a su nombre la fórmula Gordon para capear la crisis y salir lo antes posible. Fórmula que Gordon está convencido que aplicarán en el resto de economías con problemas, como la suya, y no ha dudado en convertirla en franquicia. Encantado de sí mismo, el mandatario inglés se dispone a sentar en los consejos de los pilares financieros de Reino Unido a vocales políticos que fiscalizarán hasta los tés que entran y salen en las reuniones de RBS, Lloyd´s y HBOS, donde será el máximo accionista (invertirá 46.000 millones de euros en comprar acciones. Y para ello barra libre, no se escatimarán ni recursos ni favores políticos, todo por la patria o Dios salve a la Reina.

Mientras esto sucede, no perdamos de vista a los críticos, expertos y voces autorizadas que estos días señalan que así no se resuelven los problemas, que esto es sólo pan para hoy y hambre para mañana, y que lo único que significa toda esa corriente de confianza repentina hacia la gran Banca es, sencillamente, la prolongación de la agonía.

Los inversores comienzan a vigilar sus intereses de medio plazo; los dividendos. Ese maná que a lo largo de tres o cuatro dosis cae como agua de mayo en las tesorerías de las empresas y los bolsillos de los particulares. Telefónica se ha adelantado a todos y ha confirmado que su dividendo no lo toca nadie y que incluso puede mejorar. Por si fuera poco, se compromete a mantener firmes sus compromisos con los objetivos en los planes de crecimiento hasta 2010, así que, verde con asas, inversión segura.

Avisa Telefónica que hasta finales de año piensa adquirir –y lo hará- 50 millones de títulos propios. Y los bancos españoles seguirán sacando pecho porque pueden; mantendrán dividendos aunque el beneficio se recorte ligeramente. A día de hoy parece imposible que los dos grandes bancos españoles, o los medianos, estén pensando en un ligero retoque del beneficio distribuible.

Otra señal que se conoció esta mañana viene de Goldman Sachs, que tras doce meses de dar recomendaciones negativas para la Banca ha vuelto a incluirla entre sus objetivos preferidos, recomendación que se notará en las próximas semanas.

Oído a última hora en el parqué. Iberia y British Airways, las dos compañías aéreas que estos días trabajan en su fusión, han recortado su cotización en las últimas sesiones un 36% la española y un 55% la inglesa, lo que quiere decir, que el mercado les otorga un valor diferente. Pero no es esto lo que está enturbiando la negociación entre las dos compañías, sino la falta de entendimiento entre los directivos y entre los propios asesores de la operación. De ahí que se empiece a hablar que la fusión podría malograrse.

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