edición: 2495 , Lunes, 25 junio 2018
06/10/2011

Vuelve la guerra fría a propósito de Siria

Pedro González
De nuevo aparecen los vetos en el Consejo de Seguridad de la ONU, mecanismo que hace imposible la adopción de medidas concretas contra un determinado régimen cuando sobre éste se juegan intereses internacionales encontrados. Vuelven, pues, los aromas de guerra fría  que dividieron el mundo en dos bloques antagónicos durante medio siglo. En este caso ha sido el proyecto de resolución contra el gobierno de Siria, presentado por Estados Unidos y los países de la Unión Europea. Un texto muy descafeinado, del que se habían suprimido las amenazas de sanciones por un mero anuncio de “medidas concretas” si el régimen de Bachar Al-Assad persiste en su cruenta represión contra opositores y disidentes. Concesiones que pretendían la abstención al menos de Rusia y China, que finalmente interpusieron su veto.

En un retorno al viejo lenguaje, el embajador ruso en Naciones Unidas, Vitali Churkin, glosaba el debate y posterior voto del Consejo de Seguridad como “el enfrentamiento de dos filosofías, la de la confrontación, planteada por los occidentales, y la que prefiere la persuasión y el acuerdo”, que se supone era la suya. Aunque en el texto de la proyectada resolución ya no figuraban las amenazas de sanciones, Churkin justificó su veto arguyendo precisamente tales amenazas como “inaceptables para Rusia”.

En línea similar, la diplomacia china difundía un comunicado, en el que acusaba a los países [occidentales] de “haber presentado un proyecto de resolución que pretendía presionar a Siria ciegamente, incluso mediante amenazas de sanciones, lo que desde luego no ayudaría a mejorar la situación”. La interposición también del veto chino dibujó por lo tanto un Consejo de Seguridad con los cinco miembros permanentes divididos en dos bloques: Estados Unidos, Reino Unido y Francia, de un lado, y Rusia y China de otro. Los representantes de las demás potencias emergentes –Suráfrica, Brasil e India- se abstuvieron, postura que los norteamericanos pensaban acabaría siendo adoptada asimismo por Moscú y Pekín.

La airada reacción de Estados Unidos también recuerda el lenguaje de la guerra fría. Susan Rice, su embajadora en Naciones Unidas manifestó literalmente: “Estados Unidos está furioso por el fracaso del Consejo [de Seguridad] en su intento por afrontar un desafío moral y una amenaza creciente para la paz en la región de Oriente Medio”. Aunque no los citó expresamente, Rice acusó a Rusia y China de “preferir seguir vendiendo armas al régimen sirio”. La embajadora recalcó que Estados Unidos cree llegado el tiempo de que el Consejo asuma sus responsabilidades e imponga medidas duras y específicas, además de un embargo de armas contra el régimen. Dando por sobreentendido que Siria se encamina a pasos agigantados hacia una guerra civil, Susan Rice señaló que “el aguerrido pueblo sirio puede comprobar quién, en este Consejo de Seguridad, respalda sus aspiraciones a la libertad y al respeto universal a sus derechos humanos y quién no”.

Utilizando parecido lenguaje, la delegación francesa en la ONU fue incluso más precisa: “Los vetos de Rusia y China –dijo el embajador Gérard Araud- constituyen una expresión de desprecio a las legítimas aspiraciones de los que luchan en Siria desde hace cinco meses. Tales vetos suponen un rechazo a este movimiento por la libertad y la democracia que es la primavera árabe. Que nadie se confunda. Este veto no nos detendrá, porque ningún veto blanqueará a las autoridades sirias, que han perdido toda legitimidad asesinando a su propio pueblo”. El ministro de Exteriores francés, Alain Juppé, calificó a su vez de “día muy triste para el pueblo sirio y para el propio Consejo de Seguridad” esta jornada del veto ruso-chino, que por cierto es el primero que se produce desde julio de 2008, cuando también Moscú y Pekín decidieron bloquear las sanciones acordadas por la ONU contra el dictador de Zimbabue, Robert Mugabe.

Aunque no es miembro permanente del Consejo de Seguridad, Alemania, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, se comprometió asimismo a intentar consensuar con toda la Unión Europea nuevas presiones contra el régimen sirio.

Mientras tanto, los opositores al régimen de Al-Assad se muestran cada día más convencidos de que el presidente solo se marchará derrotado por una rebelión armada. Así lo manifiesta gran parte de quienes decidieron el pasado domingo en Estambul la creación de un Consejo Nacional Sirio, que se coordine con la resistencia en el interior del país. El creciente activismo de los opositores sirios en el extranjero se encuentra con represalias cada vez más duras del régimen sobre aquellos de sus familiares que aún residen en Siria. Los servicios secretos de Al-Assad también multiplican su actividad sobre los exiliados, tanto en Europa como en América, decididos a contrarrestar por la fuerza cualquier tipo de manifestación contra el régimen.  

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