edición: 2408 , Viernes, 16 febrero 2018
01/06/2012
A 17 días de las elecciones griegas
Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y ministra portavoz

Washington, última parada antes del rescate

La arriesgada maniobra americana provocará la reacción negativa de la Unión Europea
El carácter personal de la negociación –Santamaría y Lagarde- ilustra el nivel extremo de gravedad
Juan José González

Extraña estrategia alternativa la elegida por un Gobierno en apuros. El revés propinado por Bruselas a la terapia española para afrontar la crisis, le obliga a jugar a partir de ahora bazas muy comprometidas y de dudoso resultado. El recurso al FMI y al Tesoro norteamericano, se convierten, de esta forma, en el segundo eje de la política económica que se desarrolla en el exterior, tras comprobar que el otro eje, el de De Guindos en Europa, no obtiene los retornos esperados. El presidente Rajoy mueve la ficha intercontinental y envía a Washington, como “embajadora plenipotenciaria”, a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Es una maniobra arriesgada que seguramente habrá motivado en Moncloa alguna reflexión, cuando no desaconsejada, por el responsable de Exteriores, José Manuel García-Margallo.

La política económica de guerra puesta en práctica por el Ejecutivo español, acaba de recibir un suspenso monumental de la Comisión Europea. Una enmienda a la totalidad envuelta en términos de loa pero que en la práctica supone la reprobación de la gestión de la crisis, calificación de difícil encaje. Las reformas económicas españolas no convencen en Europa y ahora más que nunca se puede comprobar que aquéllas manos de Draghi fijadas en el cuello de De Guindos, escenificaban la realidad. Manos de un amigo y excolega en Lehman Brothers que ahora aprietan con fuerza porque las reformas (económicas, fiscales y laborales) no han sido de guerra sino de guerrillas. Bruselas le dice al Gobierno español que sí, que está haciendo los deberes, pero no le dice que los está haciendo mal.

Pero el viaje, a buen seguro no colmará la satisfacción de los socios europeos, alemanes y franceses, como tampoco de los burócratas del BCE ni de la Comisión Europea, al considerar la crisis española como un asunto “interno” y propio, sentimiento que queda cuestionado en la medida en que muestra la incapacidad europea para aportar soluciones. En todo caso, y al tratarse de una situación de emergencia, no deja de ser legítima la decisión de acudir a Washington en busca de esas soluciones particulares sólo accesibles bajo la forma de una negociación personal, como es el caso, algo que no se ha conseguido por De Guindos ni Rajoy entre los socios de la Unión Europea.

El viaje de la “plenipotenciaria” Santamaría a la capital norteamericana, refleja por otra parte, la sensación general (ciudadanos, instituciones y fuerzas políticas) de una reacción tardía del Ejecutivo a problemas que, como bien insiste en señalar machaconamente, han sido heredados, es decir, no surgen ni en enero ni en febrero o marzo. Son también el reflejo de su falta de transparencia y del oscurantismo que presiden algunas de sus actuaciones.

En este sentido, la vicepresidenta, según la versión oficial de Moncloa, asiste en su primer viaje oficial programado hace meses, para realizar dos encuentros institucionales (como no puede ser de otra forma) con la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, y con el secretario del Tesoro norteamericano Timothy Geithner. Se trata de dos reuniones diferentes pero con un motivo (siempre oficialmente) en común: explicar en persona los ejes de la política económica española y convencerles de la austeridad fiscal que recogen las reformas del Gobierno. Añaden en Moncloa, que el ministro de Economía ya habría dejado el camino sembrado a Santamaría para la cita de Washington.

Pero la estrategia del Ejecutivo en esta fase decisiva de la crisis, es diferente a la indicada en esa versión oficial. Alemania acaba de dar la espalda -valga la expresión- a la propuesta de un socio en apuros, en estado de necesidad y peligro en aumento, situación cuya gravedad se ha visto incrementada notablemente al estallarle en las manos la crisis de la cuarta entidad del sistema financiero.

La reacción de la Comisión Europea, sumada a la del Ejecutivo alemán al poner trabas a la fórmula de capitalización elegida por Madrid para Bankia, parece marcar el punto de partida de la recta final para la economía española hacia la intervención inevitable. El viaje a Washington, no es otra cosa sino una de esas últimas visitas al médico, previas al inicio del tratamiento de choque, destinado a contener una complicada metástasis. Es por ello que las únicas jugadas que le quedan a las delegaciones españolas, pasan por las acciones directas en el exterior, como las de la vicepresidencia y la del ministro de Economía.

Un trabajo el de Santamaría por EE UU que, al igual que el de De Guindos por tierras alemanas y belgas, no cuenta con mayor margen que el de lograr un resultado inmediato, relámpago. Por ello se trata de una visita oficial pero de choque, contra el reloj, a sabiendas de que a partir de hoy tan sólo restan 17 días de 24 horas antes de que los griegos decidan en las urnas el futuro de Grecia, del euro pero, en particular, el de España: otro revés griego significaría la puntilla que daría paso a la intervención de las cuentas españolas.

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