edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
04/05/2012

Y ahora resulta que Guardiola es otro Mourinho

Antonio Cubero
Lo mismo que debo confesar que he pertenecido al grupo de periodistas que admiraba a Pep Guardiola por considerarle un entrenador fuera de lo común por su comportamiento en tiempos de bonanza como cuando los vientos no eran favorables, por su saber estar en la victoria y en la derrota, hoy no me duelen prendas al admitir que tampoco estaban muy equivocados quienes entre los profesionales del periodismo deportivo   le tachaban de “mear colonia” como sinónimo de una forma de ser engañosa debido a una personalidad con doble moral.

Como quien con ansia de revancha se sienta a la puerta de su casa para ver pasar el cuerpo de su enemigo (en este caso, un triunfal enemigo como el Real Madrid), Guardiola no pudo soportar más el peso del corsé que le venía aprisionando desde siempre para mostrar su verdadera cara ante el desconcierto, insisto, de quienes le creíamos diferente de José Mourinho. Pero está visto que la realidad nos acaba de demostrar que los dos técnicos son tal para cual cuando la soga de la derrota les aprieta en el orgullo de quien no sabe perder.

Ahora que se ha liberado tras anunciar su salida del Barça, parece como si Guardiola necesitara mostrarse ante sus aduladores y detractores tal cual desterrando con premeditación, alevosía y a última hora el disfraz que lució en estos últimos años de persona prudente y exquisita deportividad. Porque, efectivamente, todo ha sido una triste impostura muy bien tramada por Guardiola como parte de su juego.

Este cambio de actitud de Guardiola viene cuando este pasado miércoles a una pregunta sobre los dos penaltis a favor que le pitaron al Barcelona frente al Málaga, el entrenador barcelonista sorprendió a propios y extraños con la versión de un Guardiola sibilino, el Guardiola de los `pellizcos de monja´, es decir de la clase de personas que tiran la piedra y esconden el brazo. Se olvidó de repente de la filosofía de no agresión que le ha caracterizado y honrado durante sus cuatro temporadas como técnico azulgrana: “Nos han pitado dos penaltis, pero ahora ya es tarde, ya no hace falta. El Madrid ha sido el justo campeón, pero han pasado muchísimas cosas que se han tapado por nuestro silencio”. Toda una andanada a destiempo y fuera de lugar, sin atreverse a acusar directamente a alguien que es como más daño hace cuando se pone en marcha el ventilador encima de la mierda, que viene a emborronar la buena imagen que venía manteniendo hasta ahora.

Quejarse ahora Guardiola de algunas decisiones arbitrales que le perjudicaron en determinados momentos de la temporada es negar la realidad de la superioridad del Madrid expresada en la diferencia de puntos entre su equipo y el justo y merecido campeón de Liga. Mourinho también lo hizo, pero ahora que ya sabe lo que es ir a Cibeles con el título liguero, pelillos a la mar y que proteste Pep Guardiola.

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