edición: 2684 , Martes, 26 marzo 2019
02/03/2011

Y ahora viene Sardá e insulta a Mourinho

Antonio Cubero
Con su particular ‘teoría de la conspiración’ de que todo el mundo va contra el Real Madrid y su creencia de que el régimen federativo está dominado por el Barcelona, José Mourinho se ha convertido durante estos últimos días en el pimpampum de feria pulverizando todas las expectativas con las que aterrizó en nuestro fútbol. Se está llevando más palos que una estera. Incluso con el insulto de un veterano profesional del periodismo y 'showman’ como Javier Sardá, quien, quizá llevado por su condición de forofo culé, no tuvo reparo alguno en convertirse en protagonista al llamarle “gilipollas” públicamente ayer en una emisora catalana de radio.

Y es que Mourinho no parece estar dispuesto a dejar indiferente a nadie, le guste o no el fútbol, aunque no creo que ande buscando el ser insultado por gente como Sardá. Provoca pasiones para unos y para otros levanta cortinas de humo con encendidos debates como los que ha ocasionado con una de sus últimas queja sobre el calendario liguero impuesto por las televisiones, autorizado por la Liga de Fútbol Profesional, que el portugués considera diseñado para favorecer al Barcelona en perjuicio del Madrid. Una excusa más que no cuela ni para conformar al más madridista de los madridistas tan acostumbrado a ver jugar a su equipo un par de veces a la semana. Un aficionado que parece ver más allá que Mourinho para darse cuenta de que, hoy por hoy, el problema del Madrid es tener por delante a un Barcelona gigante.

Un líder sólido que tiene desquiciado a Mourinho. Un equipo que desde que comenzó la temporada ha sido el más perjudicado y el que ha contado con menos días de descanso entre partidos de Liga, Europa y Copa del Rey.

A Mourinho no se le debe dejar solo ante el peligro, a pecho descubierto, con su vehemente dialéctica, ni tampoco dándole la razón como Emilio Butragueño. Porque por el bien de la imagen del Madrid no se le debe dejar a su entrenador que siga con su discurso equivocado por la cruzada emprendida contra el dueño del mercado televisivo del fútbol. Hay que aconsejarle que deje de arremeter contra quien paga al Madrid por los derechos de televisión la cifra de 158,7 millones de euros, algo más de un tercio del presupuesto del club, y de donde sale su millonario jornal como entrenador madridista.
 
Lo peligroso del díscolo comportamiento de Mourinho no es que se haya ganado a pulso la animadversión de fútbol español, sino el deterioro de la imagen que día a día viene sufriendo el Madrid, precisamente ahora que Florentino Pérez ha conseguido que su equipo haya sido ‘fichado’ por el Ministerio de Industria, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la Villa para llevar el nombre de España por el mundo. Porque Mourinho, si no cambia de forma de conducta, en muy poco va a ayudar a ello.

Por lo pronto ha conseguido dividir a periodistas y aficionados del Madrid en dos bandos: en uno están quienes creen que tiene toda la razón del mundo el portugués en piarla y, en el otro, los que ven al técnico luso como un auténtico llorón que intenta desviar la atención del personal cuando las cosas se le tuercen al equipo y a él.

Y, por supuesto, Mourinho ha unido como era de esperar en un todos a una al resto de los colegas del país y los seguidores de los demás equipos en una reprobación general al comportamiento del entrenador que tanta antipatía almacena a diario con su forma de ser para el Real Madrid fuera del Bernabéu.

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