edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
05/01/2010

Yemen se convierte en el tercer frente de la guerra contra el terrorismo global

Pedro González
Ni una sola vez desde que tomara posesión de la Presidencia de Estados Unidos Barack Obama pronunció la expresión “guerra contra el terrorismo”. Era el principal signo diferenciador con su antecesor, el denostado George W. Bush, éste el emblema más idóneo sobre el que apoyaron su antiamericanismo tanto los islamistas más radicales como los progresistas más demócratas, pasando por supuesto por los presuntos revolucionarios bolivarianos del siglo XXI.

Al Qaeda ha devuelto a la realidad al último Premio Nobel de la Paz, al demostrarle no solo que está más viva que nunca sino que también ha extendido sus ramificaciones hasta el corazón mismo de las sociedades occidentales que quiere destruir. Obama sigue sin pronunciar la palabra maldita, “terrorismo”, pero sus decisiones convergen de manera acelerada con las adoptadas por la anterior Administración americana. La creación de una nueva unidad de élite para combatir a Al Qaeda en Yemen, secundada de inmediato por Gran Bretaña –que no esperó siquiera un minuto para consultarla con los demás socios de la Unión Europea-, viene a suponer la apertura del tercer gran frente de esta guerra, después de los de Irak y Afganistán-Pakistán. En ninguno de ellos se atisba no ya una victoria clara de las fuerzas occidentales sino siquiera la consecución de los objetivos de pacificación con que se quisieron justificar los despliegues de tropas y material, los bombardeos y, en definitiva, los miles de muertos que ya se ha cobrado esta guerra global en aquellos escenarios.

El salto al primer plano de Yemen, el país más pobre y atrasado del Medio Oriente, supone asimismo un abierto reconocimiento a su papel como refugio, campo de entrenamiento y centro de operaciones estratégicas de operaciones contra intereses occidentales. No es una sorpresa, puesto que el Pentágono venía destinando medios económicos y humanos crecientes para contrarrestar el poder de Al Qaeda en la Península Arábiga en aquel país. El día de Nochebuena, la aviación norteamericana lanzaba un bombardeo contra una de las bases de Al Qaeda en Yemen, que acabó con el presunto máximo líder de la organización en aquel país, Naser al Wuhayshi. Una acción que tuvo su inmediata respuesta en el intento de voladura del avión de la North West sobre el cielo de Detroit, lo que ha sido considerado por Obama como la prueba más fehaciente de la capacidad de Al Qaeda para lanzar sus represalias de inmediato sobre cualquier punto del mundo.

Los servicios de inteligencia le han puesto asimismo sobre la mesa del Despacho Oval informes que demuestran que buena parte de los presos liberados de Guantánamo han vuelto a sus países de origen, entre otros a Yemen, y han retomado su actividad terrorista. En el penal quedan aún otros noventa presos de origen yemení, a los que ahora será más difícil repatriar y cumplir la famosa promesa de cerrar el símbolo más oprobioso de la era de Bush Jr.

Es evidente que Al Qaeda está obligando a Obama a retractarse con sus acciones de sus buenas y conciliadoras palabras de hace apenas un año. Su mano tendida y sus ofrecimientos de negociación han sido despreciados en casos como Cuba, Irán y Venezuela, que desde luego vivían mejor contra Bush que con este afroamericano nacido en Hawai. En esto coinciden con los fundamentalistas islámicos, que buscan acorralar a Obama hasta que no tenga más remedio que librarles una guerra sin contemplaciones, ya que les serviría de argumento definitivo para demostrar supuestamente que todos son iguales, y que da lo mismo quién esté al mando del conglomerado de infieles asimilado de manera simplista al mundo occidental.

Como último apunte a considerar a la vista de las últimas acciones en Estados Unidos y Dinamarca, la que desmiente que esta guerra la estén librando los capitalistas occidentales frente a los pobres del Islam. El terrorismo islámico es de ricos, nacido entre ricos y financiado por ricos. Y combinan muy bien la riqueza, las tecnologías más avanzadas del siglo XXI y el fanatismo político-religioso del siglo XIII. Una fórmula devastadora, a la que no se derrotará solo con concesiones semánticas.  Por eso Obama no puede permitir en modo alguno que Al Qaeda logre su propósito de volver a atentar en suelo estadounidense, ya que su denostado e impopular antecesor sí cumplió su promesa de que, después del 11-S, impediría por todos los medios que Al Qaeda volviera a demostrar la vulnerabilidad de Estados Unidos. 

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2018 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...