edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
25/09/2008
BELVEDERE
Estanislao Rodríguez Ponga ha hecho un trabajo sucio pero no inútil en Caja Madrid

Zafarrancho en las cajas

Autonomías y ayuntamientos, estrangulados financieramente, miran rijosos a estas entidades
La situación del sector financiero crea una debilidad en las cajas que los políticos aprovecharán
Alfonso Pajuelo

En Caja Madrid han zanjado el episodio pero no la incertidumbre ante la certeza de que en primavera habrá elecciones. En Caja Duero hay disputas internas con el transfondo de una caída de beneficios del 11% y procesos de concentración con interferencia política. En la Comunidad Valenciana, paradigma del maridaje entre política y cajas, se enfrentan a una situación delicada. La fusión de cajas vascas viene algo forzada y los diferentes signos políticos de las Diputaciones condicionan el proceso. Las ambiciones de control político se multiplican y mucho tiene que ver en ello la necesidad de recursos de ayuntamientos y Comunidades Autónomas, afixiadas financieramente. A ello se suma la situación del sector financiero, afectado en su negocio por la crisis de liquidez y los quebrantos inmobiliarios, especialmente las cajas, lo que aumenta la tensión porque los políticos intentarán descargar culpas o aprovecharán la circunstancia para aumentar el control y la utilización de las cajas. Resultado: zafarrancho en las cajas.

Lo ocurrido en Caja Madrid ni es casualidad ni pretende serlo. El trabajo sucio realizado por Estanislao Rodríguez Ponga, político de infausto recuerdo en el Ministerio de Hacienda y ahora a las órdenes de Esperanza Aguirre, no ha sido inútil porque ha servido para dejar claro que una de las fuerzas en conflicto no va a cejar en su empeño de poner presidente y controlar la caja. Esperanza Aguirre necesita manejar recursos, cuantos más mejor, y dada la situación Caja Madrid se presenta como un depósito de fondos muy goloso que poner a disposición de las ambiciones políticas de Esperanza Aguirre en su carrera -de fondo- por la presidencia del PP.

Rajoy y Gallardón han visto la jugada y respaldan a Blesa pero ahora son muy conscientes de que en primavera hay elecciones en Caja Madrid y no van a poder bajar la guardia hasta entonces. La situación crea una inestabilidad manifiesta en la entidad madrileña. Aguirre ha enseñado la patita y el momento elegido no ha sido casual. La creación de Cibeles como holding de participadas de Caja Madrid despierta las apetencias de cualquier político y a Aguirre no se le ha ocurrido mejor idea que forzar una situación de crisis para sacar tajada ante la resistencia de Blesa de dar más pastel a los acogidos políticos de Esperanza Aguirre, comparsas de las ambiciones políticas de la presidenta madrileña.

La batalla no evita la guerra y al final las dos facciones populares están compitiendo por un pastel muy goloso en un momento en que los recursos son escasos debido a las estrecheces presupuestarias. La postura de Rajoy es estrictamente política pero no así la de Gallardón, tan necesitado o más que Aguirre de recursos. Acaba de suspender las licitaciones de obra pública del Ayuntamiento de Madrid, tiene serios problemas de financiación y un oscuro agujero con el endeudamiento municipal. No quiere perder a Blesa, mejor dicho, no quiere perder la posibilidad de control de Caja Madrid, algo que la permanencia de Blesa no le asegura pero sí evita que Aguirre le quite el pastel o la parte de él que le deje Blesa.

Lo de Madrid no es un caso único aunque sí peculiar. En varias autonomías cuecen habas y siempre con el transfondo del acceso a recursos financieros, ahora mucho más que antes.

La pelea en la dirección de Caja Duero también tiene su cocina en la política. La necesidad de procesos de concentración entre cajas se hace muy evidente en Castilla y León por el amplio abanico de entidades entre las que elegir. El conflicto coincide en el tiempo con una caída de beneficios de Caja Duero, un momento propicio para la intriga porque crea una debilidad.

En la Comunidad Valenciana está todo controlado, no hay dudas sobre el control político de las cajas. Pero vienen duras y Camps va a tener que empezar a dar explicaciones. Bancaja no para de sufrir embates. Tiene mimbres para aguantar por el momento pero ya no puede parar de dar justificaciones. El embolado inmobiliario en la autonomía pasa factura y de él hay un responsable político claro. Necesita frenarlo como sea y no puede prescindir del control de las cajas. Pero estas, a su vez, sufren las consecuencias. La rebaja de calificaciones crediticias de Bancaja es el ejemplo más reciente y ayer se vio obligada a aumentar sus recursos propios. No son malas las cajas de la Comunidad Valencia pero ¿hasta dónde van a aguantar?

En el País Vasco se ha forzado con marchamo de urgencia la fusión entre BBK y Kutxa. Bilbao y San Sebastián se han puesto de acuerdo, quizá porque no les quedaba más remedio. Han dejado en el camino a Caja Vital, la tercera pata del banco, creando una asintonía difícil de entender desde un punto de vista empresarial pero fácil de comprender desde el punto de vista político. Mucho tienen que ver las Diputaciones, verdadera alma financiera del País Vasco, y el distinto signo de sus gobiernos, es decir, la capacidad de control de recursos en distintas manos.

En Galicia no hay problemas, aparentemente. Es el feudo de dos gallos de pelea, Caixa Galicia y CaixaNova. La primera bajo un gestor con ínfulas de virrey, José Luís Méndez, el Kim Il Sung de las cajas; la segunda, reaccionando a la defensiva y exacerbando su independencia. Curiosamente esta guerra personalista tiene sus ventajas porque aleja a ambas cajas del control político aunque no lo evita del todo. Caixa Galicia acaba de nombrar vicepresidente primero a Salvador Fernández Moreda, presidente de la Diputación de A Coruña.

Evitan la injerencia completa pero esto sólo podrá mantenerse mientras la crisis no golpee de lleno a ambas entidades. Por ahora sólo han tenido zarpazos. El último ejemplo de intento de injerencia fue con motivo de la compra del paquete de Unión FENOSA en manos de ACS a Gas Natural. El conselleiro de economía no tuvo mejor ocurrencia de invitar a entidades y empresario locales a la defensa numantina de la galleguidad de la eléctrica, empeño absurdo que revela un profundo desconocimiento de los mecanismo de poder económico. El conselleiro no se había enterado de que FENOSA ya no era una empresa gallega y que simplemente tenía sus antelaciones industriales en Galicia. Menos mal que Caixa Galicia y Caixa Nova no entraron al trapo de tan descabellada iniciativa.

Pero esa independencia, cebada por la animadversión personal, tiene un serio inconveniente: la imposibilidad de plantear un proceso de fusión que crearía una de las primeras entidades financieras españolas. Vaya lo uno por lo otro.

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