edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
21/10/2010

Zapatero da por buena la parte económica del Gobierno

Alfonso Pajuelo
Si nos atenemos a la política económica, Zapatero no solo la da por buena sino que considera que su ejecución ha sido correcta. En este aspecto la remodelación del Gobierno es intrascendente por mucho que haya cambiado dos ministros, Trabajo y Medio Ambiente. Dicho esto, el nuevo Gabinete de Zapatero es radicalmente distinto al anterior debido a la elevación a los altares de Rubalcaba y el tándem que éste hará con Ramón Jáuregui. Zapatero ha hecho magia con cierta sorpresa por mucho que se esperara. Y si cabe alguna duda de ello bastó con escuchar la reacción anodina e irrelevante de un desconcertado Rajoy al que se le cayó a plomo en apenas cuatro horas la estrategia política aplicada durante tantos meses, la transversal Arrriola, de pasar a través y de puntillas en espera de que Zapatero se estrellara sólo. Casi lo consigue y todavía no está todo perdido pero el nuevo Gobierno tiene la estabilidad asegurada durante al menos los próximos doce meses tras el pacto con PNV y CC y con ‘la bicha’ Rubalcaba dando caña.

¡Alehop! Era lógico que el presidente aprovechara el pacto para hacer una remodelación de calado y así lo ha hecho, no tanto por los cambios de ministros -poco relevantes- como por la utilización de Rubalcaba con unos poderes máximos al sumar a su condición de ministro de Interior las de vicepresidente primero y portavoz. Rubalcaba aporta credibilidad -si es que Zapatero realmente le permite actuar sin las interferencias rayanas en la desautorización que acostumbra- y muy especialmente capacidad de comunicación. Rubalcaba sabe hacerse entender y Zapatero lo ha valorado públicamente así. Lo necesitaba. Pero aunque está muy bien hacerse entender y la comunicación es un valor en si misma, lo cierto es que lo más importante es tener algo claro que comunicar y que sea efectivo. Por muy bien que se comunique, la política económica, por ejemplo, ha sido errática, deslavazada y forzada a empujones, y eso es muy difícil cambiarlo con una buena comunicación. Lo que sí ganará es explicando mejor las medidas impopulares que quedan por tomar.

Y en ellas tiene un papel importante el nuevo ministro de Trabajo, el ministro sin apellido -porque llamándose Valeriano no hace falta apellido-. Importante pero nada trascendental. Valeriano es un ‘ugetista’ de pancarta y pudimos verle en la manifestación sindical del día de la huelga, algo difícil de entender pero que quizá no fuera casualidad. Es un giño a los sindicatos pero que previsiblemente no tendrá consecuencias reales porque siendo miembro del Gobierno tendrá que hacer en cualquier caso lo que diga Zapatero. Eso sí, Valeriano podrá explicárselo a los sindicatos en su mismo lenguaje. Con la reforma laboral ya en vigor sólo puede influir en su aplicación y es más que dudoso que pueda suavizarla. Pero hay grandes conflictos pendientes, especialmente el de la reforma de las pensiones, y vamos a tener Valeriano hasta en la sopa.

El cambio en Medio Ambiente tiene también un marcado cariz político más que económico. Otro guiño a la izquierda que quizá sea poco afortunado. Rosa Aguilar no tiene experiencia ni conocimientos sobre las labores de ese departamento y necesitará al menos seis meses para ponerse al día. En el camino, las procelosas negociaciones con la UE sobre asuntos agrícolas, un aspecto que tendrá que cuidar y para ello necesita rodearse de un equipo eficiente y experto. Quizá Aguilar no esté para eso y lo suyo sea efectivamente para la galería, puro marketing político. Ya veremos.

Lo de Leire Pajín no tiene nombre pero sí adjetivos: impresentable y hasta desconsiderado. Esta militante, cargada de ímpetus juveniles y poco consistente, ha fracasado en el partido. Blanco pidió su cabeza y Zapatero se la ha dado. Lo hizo mal y lo iba a hacer peor porque con el guirigay que hay en el partido, la secretaría de organización necesitaba un buldog en lugar de un caniche. Lo impresentable es que para solucionar un grave problema en el partido se la ofrezca el caramelo de un ministerio y que este sea nada menos que el de Sanidad. Seguro que Leire va a ofrecer espectáculo y tampoco descartemos que la utilicen como muñeco del pimpampum para desviar la atención, aunque ese juego es peligroso.

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