edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
09/11/2009
Le falla "su" Plan Copenhague

Zapatero, el ‘cazador cazado’ del cambio climático

La AIE y la OCDE repudian su mix energético y su ‘olvido’ nuclear, la CME recuerda que su eficiencia es menor que la media
Barcelona fracasó sin que ZP pasara ni siquiera por allí, con la delegación española dividida y la Secretaria de Estado aún dolorida por las críticas al carbón
No habrá Comisario Europeo con apellidos españoles, no consigue liderar el camino a Copenhague y Sarkozy y Brown buscan el amparo del FMI y del G-20 en la batalla contra el calentamiento
Protestas durante la Cumbre de Barcelona
Javier Aldecoa

Quiso colgarse las medallas del CO2. Había prisas, lo decía la Secretaria de Estado Ribero. Tantas que Zapatero no dudó en hacer del cambio climático la principal carta de presentación para buscar su sintonía con la Casa Blanca y en acudir en persona a la Cumbre de Naciones Unidas de Pittsburg con la promesa de convertir Barcelona el último golpe de ‘horno’ antes de servir a la mesa un gran acuerdo global en Copenhague en diciembre. Intentó -hasta irritar a Obama- imponerle algún compromiso a EE UU pero ni habrá acuerdo, ni será ahora, ni Moncloa está en condiciones de abanderarlo. Es Juan Verde -el asesor de Obama- el que le recuerda el ‘tú más'. Nada que no le hayan recordado, al calor del ruido de Barcelona, todos los organismos internacionales. Suspende en movilidad sostenible y el estudio de la Comisión Mundial de la Energía deja sus niveles de eficiencia energética y captura de CO2 lejos de la media de los países industrializados. Ni la reducción de sus emisiones de CO2 un 16,9% este semestre gracias a la crisis mejoran el incremento total del 42,7% más con respecto a 1990, un horizonte que le cuelga a Zapatero la ‘medalla’ del país industrializado que más se aleja del cumplimiento del Protocolo de Kioto y de sus promesas que permitían al mercado español hasta 2012 emitir sólo un 15% más de gases contaminantes. La ausencia de Zapatero es sólo el preludio de una fuga que ha dejado a la Cumbre de Barcelona sin acuerdo, a la Cumbre de Copenhague sin horizonte preciso y sin padrinos y a Moncloa en fuera de juego, con compromisos de reducción de un 30% del CO2 en menos de diez años -como el resto de la UE-.

Comenzó poniendo a entonar el mantra de la guerra al CO2 hasta a Pajín y Blanco, de blog en blog. Nada que Sebastián pudiera tocar. Ahora se conforma con dejarlo en manos de López Garrido, le han bajado ya los humos y las expectativas.  Zapatero estira la chequera del cambio climático para salvar su diplomacia energética -es el único de los 27 que ofrece 1.000 millones de ayuda en una década- , pero la consigna ya es sólo nadar y guardar la ropa hasta Copenhague; después la presidencia de la UE dirá. Moncloa aspira a la repesca a partir de 2010 pero Sarkozy y Brown quieren capitanear la ‘guerra al calentamiento’ desde el FMI y el G-20 y no le dejarán colgarse la medalla de Copenhague. Hasta CCAA autónomas como Galicia y País Vasco le pelean los fondos y los galones de la UE: prefieren acuerdos directos con Bruselas.

Zapatero insistió en hacer de Barcelona el escenario de un preacuerdo al que ni Washington ni la UE ni el mismísimo responsable de la ONU en la lucha contra el cambio climático, Yvo de Boher, le veían posibilidades. Ni siquiera la Secretaria de Estado del Cambio Climático apostaba por su  éxito. Eso fue hasta que llegó la fecha y Zapatero comenzó  a verle las orejas al lobo del desencuentro global. Y a escuchar las voces discordantes de sus propios ‘embajadores’: ni siquiera apareció por una Cumbre a la que Teresa Ribero destinó sólo tiempo para las dos primeras jornadas. Mientras la secretaria de Estado de Cambio Climático sigue apostando un acuerdo vinculante -y esperaba incluso darlo a luz en Barcelona- otros representantes de la delegación española han admitido desde el primer momento que hoy por hoy las expectativas de la UE son conseguir tan sólo un acuerdo político.

El presidente le ha encargado a sus ‘exiliados’ de Moncloa y de Ferraz hacer ondear esa bandera de la lucha contra el calentamiento global. Lo ha hecho Manuel Marín en su nombre. Y en las elecciones europeas, Juan Fernando López Aguilar tenía la consigna de agitar la bandera del cambio climático tanto como su ‘receta socialdemócrata’ para hacer ‘urna’. Fue el  secretario general del PSOE en Canarias también el encargado de darle de nuevo cuerda al ‘lobby verde’ español en la Cumbre 'Hacia un nuevo pacto progresista global' un esfuerzo además por  que relanzar la alianza transatlántica entre España y Estados Unidos con el Center for American Progress de Estados Unidos y la Fundación Ideas como anfitriones.

Pero desde entonces, los embajadores del cambio climático le bailan la partitura a Zapatero y le afean su ‘mix energético’. Juan Verde- el nuevo embajador de Obama para la UE a partir de 2010- hace mucho que le ha enseñado la sintonía de las energías renovables, él será la bisagra en el Viejo Continente del desembarco de las españolas en la tierra de las oportunidades. Pero la política energética será otra cosa. Le ha sacado ya más de una vez los colores a España en el cambio climático y la eficiencia energética.

No es otro que Juan Verde -el asesor de Obama- el que recordaba que está a la cola europea del cambio climático, de la reducción de las emisiones del CO2 y de la investigación. Bruselas y la AIEA vaticinan que España no alcanzará sus horizontes del 20% de renovables en 2020 y le sacan a Zapatero los colores de las ayudas al carbón y la fiscalidad verde. El Consejo Mundial de la Energía la sitúa entre los gobiernos con peor eficiencia energética de los países ricos. Y el G20, la OCDE y la AIEA le advierten de que la ecuación de la energía limpia y sostenible pasa por la nuclear, una fórmula que Zapatero no quiere digerir.

Sus abanderados de la guerra al calentamiento tampoco entonan el ‘credo’ de Moncloa. Cristina Narbona le toca a Zapatero todas las ‘teclas’ públicas de sus debilidades exteriores, las mismas en las que han puesto sus dedos en las últimas semanas la AIE el CME o Naciones Unidas. La Embajadora de España ante la OCDE propone que despliegue su estrategia contra el cambio climático aplicando la fiscalidad ambiental para penalizar el derroche de energía le recuerda que el impuesto de circulación debía estar vigente desde que se aprobó la estrategia de ahorro energético de España de 2007 y le exige a Moncloa que “deje de dar subsidios al carbón”.  El 70% de la reducción de emisiones de gases invernadero pueden venir de la mayor eficiencia energética y en el desarrollo de las renovables. Según la AIE, hay que hacer un esfuerzo inversor en energías renovables cuatro veces superior al actual.

La postura final de la UE, al menos el suelo acordado en Bruselas lo dejan aún más fuera de juego: los Veintisiete se han comprometido a pasar del -7% actual al -20% o el 30% en cinco años. La reducción tendrá que ser superior al 85% en 2050. Un techo demasiado alto para España, el país que peor ha afrontado sus promesas de reducción desde Kioto.  Hasta Washington se ha ‘puesto las pilas’ tarde, ha crecido en sus emisiones ‘sólo’ un 17% con respecto a 1990. La avanzadilla de los Veintisiete obliga además a España a sacar la ‘chequera verde’ para que la vean sus socios, aunque Moncloa ha jugado a esconderla de nuevo. En Bruselas, Zapatero en persona se echó al monte de la generosidad -a contrapié del silencio de los demás países de la UE que aún no se han definido- y prometía que España daría un aportación “voluntaria” de 7.000 de los 100.000 millones de euros de los Veintisiete hasta 2020 para luchar contra el cambio climático, un séptimo del total que deben aportar los Estados europeos

Ya que el Consejo Europeo aceptó que en los próximos tres años estas ayudas se carguen al Presupuesto de la UE y a los países miembros que quieran colaborar. Tan sólo tres días después, su regreso a Moncloa lo devolvió a la contención, en boca de la vicepresidenta: para empezar, serán 100 millones de euros, luego Obama dirá.

SIN CETRO PARA COPENHAGUE

Lo decía -paradojas del clima- la representante española en las negociaciones, Alicia Montalvo: Barcelona han servido para "esclarecer" la posición de cada país y permitir que los demás vean sus cartas-. Las de ZP han llegado por persona interpuesta. Aunque España ocupa un puesto en la troika de la Presidencia europea, Zapatero no ha querido ni aparecer esta vez por la 'Barcelona Climate Change Talks 2009' sus 4.000 delegados sólo le vieron la cara a Ribera y De la Vega y le oyeron la voz oficial a Directora General de la Oficina Española de Cambio Climático, Alicia Montalvo.

Las delegaciones sólo se llevan de Barcelona un puñado de acuerdos acerca del texto de adaptación, cooperación tecnológica y en la reducción de emisiones por deforestación en desarrollo y los mecanismos de para distribución de los fondos. Ni una palabra a coro sobre los objetivos de reducción de los países desarrollados a medio plazo y la financiación que permitirá a los países en desarrollo limitar el crecimiento de sus emisiones. Tampoco su último cartucho, el intento por capitanear una posición común con Latinoamérica ha prosperado. Volverá a agitarlo de nuevo en la Cumbre iberoamericana de este mes.

A la vista de que ya no puede ser el líder mundial, el amigo americano, ni siquiera el motor europeo, busca la sintonía con Brasil que lo convierta en el rey del cambio climático ‘iberoamericano’, no será Lula, ya se lo dijo en la última reunión del FMI y lo ha dejado de nuevo en fuera de juego en la Cumbre del G20: ni su postura ni sus compromisos -reducir el 40% en sus emisiones de gases contaminantes para 2020 y rebajar en 80% la deforestación de la Amazonía- miran a Madrid. 

Según el panel intergubernamental por el cambio climático (IPCC), los países industrializados deben reducir sus emisiones entre un 25 y un 40% en 2020 respecto a 1990. EEUU mira a los demás ‘cómplices’ del CO2, los que con él producen el 90% de las emisiones -Japón, Europa, Brasil, India, China- y asegura que habrá acuerdo en Copenhague, pero evita mostrar las cartas y ha reconocido que será difícil que el acuerdo sea vinculante por más que Japón haya propuesto bajar sus emisiones un 25% respecto a 1990 y la UE un 30%.

La reunión danesa del 7 al 18 de diciembre concluirá en el mejor de los casos con una declaración política vinculante en la que figurarán -solo en los anexos- los objetivos esenciales: la reducción de emisiones y la financiación para los países en desarrollo. Y lo que decidan un puñado de senadores del Medio Oeste de Estados Unidos tendrá tanta importancia para el clima como la opinión de todos los restantes países del mundo. La última propuesta presentada por el senador demócrata John Kerry que obliga a EEUU a reducirlas un 10% en el 2020 respecto a 1990 es más ambiciosa que el plan anterior, pero a cambio ha tenido que incluir contrapartidas para los estados agrícolas del Medio Oeste, los más díscolos. El nuevo Tratado del Clima sucesor del Protocolo de Kioto tendrá que esperar, probablemente a finales de 2010 a México apenas un año antes de que expire. Será, si llega, ya sin la posibilidad de ningún padrinazgo institucional español.

A LA COLA DEL CAMBIO CLIMÁTICO

No sólo es Greenpeace la que recuerda que sólo “hay un líder climático” peor que Obama. Y no es otro que Zapatero. En su ‘guía de política climática’, que evalúa las actuaciones del Gobierno español, denuncian que en reducciones de emisiones, financiación, protección de los bosques y estructura legal del acuerdo, sólo consigue cumplir un 28% de los objetivos. España está dispuesta a seguir utilizando, en gran medida, los mecanismos de compensación para afrontar el menor porcentaje posible de reducciones domésticas.  La falta de cumplimiento de Kioto, las nuevas ayudas para el carbón en el presupuesto de 2010 y las políticas insuficientes sobre eficiencia son un lastre para España en las negociaciones climáticas internacionales.

El Gobierno español ha sido hasta ahora reacio a expresar los compromisos de financiación y -como recuerda Greenpeace- Zapatero ha mostrado muy poco interés en las negociaciones sobre protección de los bosques tropicales o el fondo global. La posición española respecto a la arquitectura legal del acuerdo al que debe llegarse en Copenhague también deja mucho que desear ya que, mientras se admite la voluntad de mantener los elementos esenciales del protocolo de Kioto, algunas declaraciones de los miembros de la delegación española ponen en duda la posibilidad de alcanzar un acuerdo legalmente vinculante en Copenhague. También es WWF la que denuncia las contradicciones de la política ambiental española capaz de proclamarse líder mundial en energías renovables, al mismo tiempo que intensifica los incentivos al carbón, de espaldas al guión energético por el que han optado ahora los líderes en cambio climático como Alemania y Reino Unido.

El ránking de buenas prácticas lo encabezan los programas de eficiencia energética en edificios y las primas para las energías renovables ofrecidas por Alemania, seguidos por un sistema de tráfico rápido de autobuses en México u otro de reducción de deforestaciones en Brasil, entre otros. No aprovechó el "boom de la construcción" para crear un parque de edificios energéticamente más eficaces -el código técnico de edificación entró en funcionamiento hace tan sólo un año y medio- y los vaivenes legislativos son tan sonoros que ni siquiera la organización ecologista WWF incluye las primas ‘verdes’ como práctica positiva. España encabeza su ‘lista negra mundial de descarbonización’ por la falta de gestión integrada del agua adecuada en zonas áridas (con riegos inadecuados), las ayudas al transporte de vehículos y al sector de la aviación. La ausencia en los salones del desencuentro barceloneses no ha impedido que todos los organismos internacionales le saquen los colores.

Son los datos oficiales de la propia Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático los que recuerdan que España sigue siendo el país de la UE que más se aleja de su compromiso en el protocolo de Kioto, y el segundo peor -por detrás de Turquía- si se tienen en cuenta a los 40 países industrializados. Lejos del compromiso comunitario del Protocolo de Kioto de reducir sus emisiones una media del 15% respecto a 1990.

Once años después, las emisiones de CO2 de España, por ejemplo, superan en un 52,3% los niveles de comienzos de los 90. Y de espaldas a las recomendaciones de la AIE, que cifra en 3.500 millones de dólares las inversiones adicionales necesarias de los países industrializados hasta el año 2030 y le pone apellidos a su intención: deben dirigirse hacia las renovables, la energía nuclear y la cogeneración mediante la captura y almacenamiento de carbono, así como a lograr que las ventas de automóviles eléctricos o híbridos representen en 2030 el 60 por ciento del total -actualmente sólo son el 2% en España menos del 05%-. Ni la rebaja del último semestre opaca que si apuntaba a no aumentar las emisiones más que un 15% desde el nivel de 1990 y comenzar a reducir en términos absolutos en tres años, está 38,5 puntos por encima del límite que le marca Kioto.

Para 2012, año en que se cumple el primer periodo del protocolo de Kioto, las emisiones deben estar un 5,2% por debajo del nivel de 1990. Además, lo más complicado con la tendencia actual es que las emisiones alcancen su pico máximo en 2015, fecha que, según Naciones Unidas, marca el punto de no retorno a partir del cual ya no será posible limitar en 2 grados centígrados el aumento de la temperatura global.

LEJOS DEL 20x3 DE EUROPA

El ministro español de Industria, en su intervención ante sus pares en la Cumbre de la AIE, sólo tuvo palabras para las renovables. Tanto como para ligarlas a la paz mundial. Pero sus esfuerzos no han podido opacar el informe simultáneo del Comité Mundial de la Energía, que considera que la política energética de España es menos efectiva que la de otros países ricos. Los compromisos de España no están a la altura de sus ambiciones: se lo advierten no sólo los ecologistas españoles y los informes como el de WWF (“El camino a Copenhague”), sino el que iba a ser su aliado en el frente ‘europeo’ al cambio climático: Gordon Brown.

Gran Bretaña ha comenzado, de la mano con Obama y Bruselas, a incluir el ‘ingrediente’ nuclear como uno de los arietes de la ‘menú’ contra el cambio climático. Y hasta Joan Ruddock Secretaria de Estado de Cambio Climático de Reino Unido, antinuclear hasta hace tres años, le ha ‘bajado’ los humos a la Secretaria de Cambio Climático española, Teresa Ribera: si no hay propuesta concreta de recorte -avisa- España pierde credibilidad. Los países industrializados han ofrecido recortes de entre el 15 y el 23% de sus emisiones, cuando es necesario llegar al 25-40% para evitar lo peor del calentamiento global. La UE ha dicho que reducirá, sin condiciones, el 20% y llegará al 30% si hay acuerdo en Copenhague.

Hasta el momento, España sólo se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) difusas un 10% para 2020 respecto a los niveles de 2005, lo que ni siquiera supone una mejora respecto a los niveles exigidos por el Protocolo de Kyoto para el período 2008-2012. Todo lo contrario, significaría un aumento de las emisiones difusas un 46% respecto a los niveles de 1990, lejos del mapa prometido en tiempos de Cristina Narbona, que aspiraba a reducir las emisiones de CO2 un 30% el transporte, el comercio o la agricultura para el 2020, a cambio de una factura del 0,02% del PIB. Sebastián y Zapatero olvidan que -según la propia Agencia Internacional de la Energía- es sólo la recesión global la que le ha permitido a España reducir sus emisiones de CO2 un 16,9% este semestre, frente al 3% de la media mundial. Aún así es un 42,7% más con respecto a 1990, un horizonte que le cuelga a Zapatero la ‘medalla’ del país industrializado que más se aleja del cumplimiento del Protocolo de Kioto y de sus líneas rojas, que permitían al mercado español hasta 2012 emitir sólo un 15% más de gases contaminantes que en 1990.

Ni la radiografía de la Agencia Internacional de la Energía, ni los últimos informes de organismos internacionales ayudan a su ‘corona verde’. El estudio de la Comisión Mundial de la Energía (CME) "Energía mundial y política ambiental: Evaluación del año 2009" -con la vista puesta en la inversión en tecnología, la adopción de medidas de eficiencia energética y la captura y el almacenamiento de CO2- deja a España por debajo de la mitad del grupo de los países más ricos analizados, con una calificación de un 6,7, la misma que  a Eslovenia. Madrid camina hacia el corazón de Europa de espaldas a las recetas comunitarias para el cambio climático: España destaca en la ayuda a los países pobres contra el cambio climático -invirtió en 2008 más de 200 millones de euros- pero “no investiga lo suficiente en energía verde”. Suspende en movilidad sostenible, las emisiones de CO2 producidas por la movilidad de pasajeros -excluyendo aviones y barcos- han aumentado casi un 90% desde 1990, al mismo nivel países con mucha más población, como Francia, Italia o Reino Unido, y que triplican las de Polonia, que tiene casi los mismos habitantes que España.

Y ni los 100 millones de euros que España acaba de prometer para ayudar a combatir el cambio climático en Copenhague opacan que, gracias a su nueva ‘receta’ del carbón,  emitirá -con la misma producción eléctrica- al menos 25 millones de toneladas de dióxido de carbono más. El Gobierno español decide intervenir en favor de la fuente de energía que más CO2 produce, en un país que -aun con la bajada de demanda por la crisis económica- triplica los límites de emisiones de gases de efecto invernadero del Protocolo de Kioto. Las subvenciones al carbón, su peso en el mix de generación y los cerca de 400 millones de euros destinados a impulsar el sector desde el Estado son una de las manchas más visibles desde los organismos internacionales en el mapa energético español. Y es que con cada palada de las promesas mineras de Zapatero no ha hecho más que escocer en las heridas del compromiso de la reducción de emisiones de dióxido de carbono españolas. “Este año estábamos mucho más contentos, porque el éxito del contexto regulatorio, de apoyo a las renovables y de poner precio al carbono, hizo que ese recorte ocurriera mucho más rápido. Es mucho más eficiente generar con viento que con carbón. Pero tenemos un problema social”, reconocía Ribera.

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