edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
18/11/2008
El Elíseo ya tiene lista la factura

Zapatero eliminará el veto a las empresas francesas

Juan José González

Transporte aéreo, terrestre, alimentación, energía, distribución, grandes superficies, medios de comunicación, telefonía… y otros sectores por no citar a todos, pero en los mencionados hay peso, poder y negocio suficiente como para satisfacer generosamente una factura que probablemente le hayan pasado ya a la firma a Nicolas Sarkozy. El concepto de la misma o el detalle a remesar, es posible que se haya acordado previamente grosso modo, pero lo que sí está claro es que el precio que el Ejecutivo francés le pase al español no coincidirá con el de un simple sillón, un mueble de menor uso de salón.

Tras la recepción de la factura, EDF y Total confían en que suene el teléfono y pronto. Sus pretensiones coinciden aquí con sus sueños: la primera, una eléctrica que frustrado el maridaje con Endesa, tiene ahora alguna oportunidad con Fenosa o Iberdrola, y la segunda, se prepara a toda velocidad para estar lista porque aspira, ahora más que nunca, a emparejarse con Repsol, con ese 20% que nunca quiso Gazprom –según dicen los rusos- en manos de Sacyr. ¿Quién le iba a decir a la constructora, con todas las barreras, muros y barricadas que le levantaron en Francia, que una empresa gala podría ser, a la postre y de rebote, la beneficiaria de su posición en Repsol?

Al sector alimentario español, superpoblado por grandes superficies galas (sólo la fusión de PRYCA y Continente significa el 23% del sector), le vendría muy bien cierta flexibilidad para que alguna de ellas no tenga que seguir desprendiéndose de centros en nuestra geografía. Aunque en este sector de las grandes superficies, el Ejecutivo español, antes de dar deberá conseguir un mínimo grado de reciprocidad, pues la Administración vecina se ha mostrado inflexible e intratable a la hora de solicitar tres establecimientos españoles en el sur de Francia.

Pero la filosofía de la empresa francesa tiene, como todas, sus peculiaridades. Una de ellas es esa manía o costumbre de copar el poder de allí donde asienta sus reales. El ideal de las compañías galas (insisten en sus escuelas de negocios) está en controlar el cien por cien del capital de sus filiales en el extranjero, y para muestra sirva el botón de las últimas OPA de años pasados, y en las que siempre se planteaba a la CNMV la fórmula de la exclusión bursátil.

Hay más ejemplos, aunque sea preciso hacer un poco de memoria. Cuando Renault vino a producir en España, adquirió FASA, el 100%, por supuesto, dejando morir la acción, siempre a la baja, con un capital flotante cercano a cero y con una cotización mínima, también tirando a cero con muy poco. Recordar aquí, los efectos de esa metodología operativa en casos como Citroën Hispania o Ciments Français cuando entró en el capital de Financiera y Minera. El resultado fue OPA de exclusión y a tirar millas que en España están que lo tiran, pensaron (bien) los franceses.

El caso de Electricité de France (EDF) es singular. Ejemplo perfecto de bizcocho político-económico representante de ese tejido industrial galo hecho desde el poder, supone el mayor monopolio público en territorio de la UE. Uno de sus atributos reside en que produce el 64% de la energía nuclear de todo el continente. Y los planes de ‘grandeur’ de la clase político-económica francesa, Sarkozy al frente, pasan por la expansión cueste lo que cueste. Y aquí es donde se cruza (el pago) por la silla de nuestro presidente José Luís Rodríguez Zapatero en el G-20 con (el cobro) el trono de Nicolas Sarkozy. Se trata de los intereses de poco más de mil empresas francesas con activos productivos en España, y se trata también de media docena de compañías multinacionales galas para las que el mercado español representa una parte importante en sus estrategias de expansión de negocio. Una factura que puede ascender a varios cientos de miles de millones si al Ejecutivo francés le da por meter en la remesa a cobrar, ayudas al sector de la automoción (Grupo PSA, Renault…).

La clase empresarial francesa, la que se mueve por el mundo de la mano del Gobierno de París, no es la misma que en la década de los 80 pretendía únicamente grandes contratos de obras de infraestructura, viales, electrificación de redes ferroviarias, máquinas de última tecnología de ferrocarril o equipos de generación eléctrica o, incluso, de mantenimiento de equipos de centrales nucleares y eléctricas. Esa nueva clase empresarial, con experiencia multinacional en otras zonas del mundo, quiere sillones de verdad, sillones de consejos de administración, donde se ordenan las estrategias, los tiempos de ejecución, los resultados, y los dividendos, claro.

Y todo envuelto en el papel de una nueva apuesta geopolítica puesta en marcha en las reuniones previas a la reunión de la foto de Washington. La próxima cita se prevé que sea en París, por iniciativa del presidente de la UE, Nicolas Sarkozy, tendrá por objetivo la que un mes más tarde se celebre, siguiendo riguroso turno, en Londres, con un Gordon Brown  de anfitrión, de perfil más cercano a Churchill, más benevolente para los intereses españoles, que un Sarkozy bonapartista.

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