edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
03/09/2009
Salgado y Campa prueban la herencia ‘envenenada’ de Solbes, a quien culpan del resultado

Zapatero firmará la primera deflación de la Eurozona

Economía quiere que Zapatero “se queme” en la rueda de prensa del Consejo de Ministros del día 11 para explicar el IPC (deflación) de agosto
Juan José González

Cuando el hambre se junta con las ganas de comer: deflación a la vuelta de la esquina, o lo que es lo mismo, el próximo 11 de septiembre, el INE publicará el dato -quizás el más esperado de los últimos meses- del IPC general correspondiente al mes de agosto. A finales de agosto se conoció el armonizado (-0,8%) que respecto al general suelen variar en una o dos décimas o coincidir. En todo caso, a día de hoy se desconoce quién dará la rueda de prensa en Economía para explicar oficialmente la entrada de la economía española en deflación, una especie de caverna donde se dan cita los peores fantasmas de cualquier economía. Si esto sucede, inflación negativa en agosto, será el sexto mes consecutivo, dos trimestres seguidos de caída de precios. Es posible, por rango, que la suerte le toque ejecutarla al secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, quien recientemente, y se supone que preparando el camino, asegurara que dos trimestres no son nada, que “no son ni mucho menos un escenario de deflación”.

El INE, último cartucho de Economía en esta batalla, esta recibiendo presiones en la última semana para que corrija algunos errores técnicos de contabilización de precios durante el pasado mes de agosto, como último remedio para evitar lo inevitable; confirmación del IPC armonizado que fue avanzado a finales de agosto y sobre el que el INE tan sólo podrá corregir entre dos y cuatro décimas ese -0,8% que confirmaría el sexto mes negativo en la evolución de los precios.

En esta ocasión, no servirá la excusa de la subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, tampoco servirá que en el resto de Europa la situación es similar, o que agosto ha sido atípico. Cualquiera de los tres motivos será difícil de demostrar. Lo cierto es que en este apartado se ha pasado de tratar la deflación como una situación posible pero no probable a otra situación posiblemente probable. Un juego de palabras que lleva camino –si en la noche del próximo día 10 Aristóteles no lo remedia- de convertirse en realidad.

Pues bien, la realidad parece que no va a darle la razón a Campa –porque no la tiene- y es posible que sea la ministra Elena Salgado quien salga a lidiar el astado. Alguna poderosa razón deberá cocinar el ministerio económico para hacer creíble que ese sexto IPC es una mera anécdota técnica y no el mismo representante en persona de ese fenómeno desconocido para el gran público por la lejanía del mismo. De no ser así, es más que probable que el número uno la dos del PP no deje escapar la ocasión de fustigar al Gobierno con tan espinoso asunto.

Para el ministerio de Economía, y a juzgar por las palabras de su secretario de Estado, este término -‘maldito’ según Keynes- ha cambiado en los últimos tiempos porque aunque sea cierto que en los seis meses pasados los precios se hayan reducido, no es menos cierto que el panorama, lo que los técnicos denominan escenario, no es de deflación sino de desinflación. La ‘boutade’ del ministerio para salir del paso ante tan engorroso asunto –reconocer abiertamente que hay deflación- sorprende incluso a varios miembros del Gobierno.

Quizás es porque no han funcionado los instrumentos de política económica de Elena Salgado; quizás porque no han sido bien elegidos; incluso es posible que Pedro Solbes sea el culpable de esta situación. Cuando todos creíamos que con tres tardes de lecciones de economía se solucionaría todo, el presidente del Gobierno tiene casi todas las papeletas para presidir en enero la UE con su economía en deflación. Un mal aval.

Se podría sugerir a los académicos una revisión del concepto, ahora que se va a tirar de moda una temporada, para que consideren que ese límite de los seis meses no tiene en cuenta la realidad, puesto que los precios bajan en seis meses recuperando lo subido en el último año, y además deben bajar durante seis meses. Es decir, aunque los precios llevan cayendo desde agosto de 2008, no es hasta septiembre de 2009 cuando se confirma la entrada en deflación. Y esto parece un poco tarde.

Si el próximo día 11 se produce la triste noticia, tan sólo restará catalogarla convenientemente y jugar a las quinielas para aventurar su duración en el tiempo. Una deflación puede ser leve, si las reducciones de precios agregados son del entorno del 1%; corta si no va más allá de unos pocos trimestres; leve y persistente si dura varios años y, finalmente, sostenido y violenta con caídas de precios y costes en medio de un estancamiento económico y paro elevado. Curiosamente, la que nos va a caer en suerte parece una diabólica combinación entre la corta y la violenta. Así que recemos todos juntos porque santa Elena aplique mayores impuestos –más- sobre las gasolinas, el pollo, etc… ¿Quién lo iba a decir?

Algunos países ya han comenzado a moverse para crear las condiciones necesarias que eviten una situación de deflación. Israel ha subido recientemente sus tipos de interés y Australia estudia aplicar la medida en breve. Los organismos encargados de preservar la estabilidad económica, tendrían que revisar sus criterios de prudencia sobre el mantenimiento de tipos bajos durante un tiempo que se está pasando de prudencial a temerario.

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