edición: 2490 , Lunes, 18 junio 2018
16/09/2009

Zapatero no quiere "manchar" las relaciones con Rusia hablando de Opel

Ha sido visto y no visto, Rodríguez Zapatero tocó los muros de Jaroslav y volvió a casa con las manos vacías -sólo el acuerdo de ‘seguir acordando’ en cuestiones energéticas España y Rusia, como ya hicieron en marzo- y la boca sellada con el tabú de Opel. El presidente del Gobierno no le ha sacado ni un estornudo para Figueruelas a Dimitri Medvevdev. Tampoco lo intentó, por más que hasta Alberto Belloch desde las filas socialistas se lo reclamara en voz bien alta: la pelea es de ‘champions league’ y hasta ahora Merkel le ha ganado todas las manos de Opel a las ausencias de Zapatero. El Sberbank –futuro socio financiero de Magna con el 27,5% cada uno- ya le dio con la puerta en las narices al ministro de Industria en junio. Esta vez el presidente del Gobierno no ha querido ni ‘manchar’ su sintonía diplomática con Medvedev sacando a relucir la mano rusa tras los intereses de Opel.

Moncloa -lo reconocía Salgado- se hubiera conformado con que Moscú, el Sberbank y Magna reconozcan la superioridad en productividad –entre un 30 y un 40% más- y capacitación de Figueruelas, pero no están para himnos industriales.  Sebastián coge ahora por primera vez el guante que le tiró Luisa Fernanda Rudí y camina sobre el silencio de Zapatero. Lo ha hecho desde ayer en Alemania, se pone una voz que hasta ahora ha entonado por él su número dos, la Secretaria de Estado Teresa Santero, y que aún no tiene una partitura definida. Chocan ya bajo la mesa de Figueruelas las lanzas de Moncloa, Industria y el gobierno de Aragón, que desde hace semanas condiciona los avales y no quiere más paciencia para Berlín ni Moscú.

Fue José Luis Rodríguez Zapatero en persona el que le peleó las riendas al ejecutivo de Zaragoza y abogó desde junio por esperar, cruzar los dedos para que GM se quedara con Opel y condicionar las ayudas. El presidente y Sebastián se negaron a creer lo que Aragón les advertía -que el proyecto avalado por Moscú y el Sberbank era sobre todo financiero- y lo que el repudio de Moscú les recordaba: los planes de Magna y Sberbank sólo tienen ojos para Alemania, las licencias estadounidenses y el tejido productivo ruso. Pero el ministro de Industria ya volvió de Moscú con la ‘vacuna moscovita’ en las espaldas y ahora ha regresado de la reunión con el gobierno alemán con la convicción de que en el horizonte de Opel ya no sólo contará la rentabilidad de las plantas. Y si aseguró que la Planta de Figueruelas no se movería, ahora el ministro traga dos veces para digerir los anuncios de Magna y su entorno: para empezar, un recorte de 1.700 empleos en la planta zaragozana.

El ministro se quedó solo en su timidez. Se alejó de la ‘patata caliente’ de Opel, tanto que durante meses -mientras Fiat le pisaba los talones a General Motors- no quiso ni mentar al fabricante alemán y hasta las elecciones, el 2 de junio, no puso un pie en Figueruelas. Lo hizo con la bandera de las promesas de 300 millones adicionales de garantías del Estado, para empezar, aunque ni siquiera Berlín sabía ni cómo ni cuánto ni a quién conjurarle los planes. Ahora, los 200 millones de euros que anunció el Ejecutivo de Aragón -que hubiera preferido jugar la partida de Opel en Bruselas y no en Berlín- sólo se consumarán después de que los nuevos ‘inquilinos’ de Opel enseñan el mapa de su futuro  y sólo si son para producir el próximo Meriva en la planta zaragozana, un horizonte que no llegará- lo reconoce Zaragoza- con Magna y Sberbank al volante de la automovilista.

Durante los últimos seis meses, Moncloa e Industria se pertrecharon en el silencio de la ‘neutralidad’. Nada de posturas ‘políticas’ ni decisiones antes de conocer los detalles industriales. Ahora que RHJ y la oferta belga ya es historia, enseñan pro primera vez la mala cara de la diplomacia española al desembarco de Magna y Sberbank en Opel. Sus recelos dejan ahora en fuera de juego por partida triple a Sebastián: con Aragón -que retrae sus ayudas- con Berlín, con Moscú, con el calendario, con las cifras y hasta con la Secretaria de Estado Teresa Santero, en la que había delegado la negociación directa. Sin altares ni calendarios para unas ‘ofrendas’ que ni la planta de Figueruelas, ni el gobierno aragonés ni sus asesores en el Ministerio están ya dispuestos a diseñar, menos aún si llevan el apellido de Magna. Desde el Ejecutivo aragonés, su presidente, Marcelino Iglesias, "no da nada por perdido". El Gobierno de Aragón utilizará el aval al Meriva-200 millones de euros que el Ejecutivo y las Cortes aprobaron a finales del año pasado- como arma de negociación ante Magna: el aval se diseñó, se aprobó (tanto por parte del Ejecutivo como del Parlamento aragonés) y está planteado, pero no firmado. Alberto Larraz tiende la mano a Salgado y promete obligar a hablar de empleo y producción directamente  a los nuevos dueños de Opel y con nadie más. Una postura que hasta ahora ni el silencio de Sebastián ni los discursos de Santero tenían tan claro.

Con el gas que necesita de Rusia en una mano, las riendas de Opel en la otra -al menos el mayor número de fábricas y trabajadores- y las elecciones alemanas el 27 de septiembre, Merkel sólo tiene ojos para la oferta de Magna y el Sberbank. Las dudas sobre el futuro de Opel suponían un mal trago para los conservadores de la CDU, a los que los socialdemócratas, socios en la ‘Gran Coalición’ de Gobierno y ahora rivales, les acusan de no hacer lo suficiente. Por eso la canciller no  podía permitir que Bélgica, Inglaterra y España -Polonia nunca ha estado cuestionada- estuvieran en la mesa negociadora y pusieran dinero y condiciones en ella. Ahora, con cada vuelta a sus presiones, Angela Merkel empeora el horizonte de Figueruelas -eliminaría una línea de producción y perdería la totalidad de la producción del Corsa tres puertas, a pesar de haber hecho ya la inversión, además de compartir la del Corsa cinco puertas con Eisenach- y deja a Miguel Sebastián a dos velas, abocado a una carrera estatal de ayudas en la que Berlín le ha acotado ya el terreno y el calendario. El secretario de Estado de Economía germano, Jochen Homann, no sólo no habla del futuro de las plantas fuera de Alemania, sino que intenta  endosarles primero a Reino Unido, Bélgica y España las facturas del reparto de ayudas económicas a “New Opel”, la empresa que surgirá de la venta de Opel al consorcio formado por el fabricante austro-canadiense Magna y el banco ruso Sberbank. Junto al crédito de 1.500 millones que Berlín concedió ya en primavera para mantener a flote a Opel, se han comprometido 3.000 millones que Alemania quiere compartir con otros países.

LA MANO TRAS EL TELÓN RUSO

Miguel Sebastián peina el tiempo, aún confía en la investigación de la Comisión Europea sobre las ayudas alemanas a Opel y no sacará todos los cañones de su diplomacia –avisa- hasta que conozca al detalle las intenciones de Magna. No será por pistas. El fabricante austro-canadiense se las ha dado todas, incluyendo las de sus intenciones rusas. Pasan por la eliminación de 10.500 empleos en Europa -1700 de ellos en Figueruelas-, teniendo en cuenta que la producción asignada para la planta aragonesa se reduciría a 320.000 unidades. El contrato de compra estará listo en noviembre. Para entonces ya se habrán celebrado las elecciones alemanas y muchos expertos piensan que podrían entonces cambiar muchas cosas. Pero la esperanza de que la brújula rusa introdujera modificaciones que suavizaran el impacto sobre la planta zaragozana se desvaneció desde la última reunión del Comité Restringido Europeo.

Magna ofrece a EE UU mano de obra barata (300 euros al mes), capacidad de instalación y mercado en expansión. Y el fabricante Gaz y el banco estatal Sberbank necesitan una marca de coches y le han puesto ya el traje a medida a Opel.  Enseñan, milímetro a milímetro y en latitudes extrañas el nuevo mapa de Opel: Figueruelas puede perder producción, mientras las plantas rusas ganan peso en la compañía. Los rusos quieren todo a cambio de nada. Han acordado pagos a cambio de sus patentes, prometen incorporar a AvtoVAZ, -el mayor fabricante de autos de Rusia- aunque la empresa no sabe nada. Habrá plataformas compartidas y más espacio para la producción en tierras de Putin. Opel necesita 4.500 millones de euros para independizarse de su matriz. Magna y sus aliados rusos quieren cargárselas a las espaldas del anfitrión alemán y sus dos plantas y a los países europeos donde hay plantas del fabricante -otros 1.900 millones, al menos: España pondría 500 millones; Polonia, 300 millones; 100 millones Austria y otros 500 millones Gran Bretaña y Bélgica, cada uno. Magna y el banco ruso Sberbank aportarán sólo un capital propio de 100 millones de euros (139,7 millones de dólares) para su participación en el 55% de la automotriz alemana y  otros 400 millones de euros (560 millones de dólares), pero sólo como crédito sin intereses. Después, poco a poco, durante años, ese préstamo ha de convertirse en capital propio.  Nada de los 700 millones prometidos a Merkel en los primeros compases de la negociación. Rusia será un mercado clave para Opel que aspira a lograr allí una cuota del 20%. Eso es todo lo que la central berlinesa ha dejado entrever.

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