edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
09/06/2009

Zapatero puede "endosar" Garoña a Sebastián

Ni si ni no, sino todo lo contrario. Moncloa rastrea una tercera vía imposible. En voz baja. Y lo más tarde que se pueda. Zapatero diseña una solución que no lo distancie de su bandera antinuclear -al menos no formalmente- que le permita sostenerla sin pisotearle al CSN su beneplácito técnico a la seguridad de la central de Garoña por diez años más y pasarle a Nuclenor alguna factura por la rendición. Se agarra a la letra pequeña del calendario de Martínez Ten, que marca 2011 y 2013 en rojo: habrá de nuevo evaluación y si Garoña no cumple con un catálogo de 15 condiciones -que incluyen  modificaciones de diseño para reforzar la seguridad, la purificación de la sala de control y con el control de gases en el edificio de contención- no seguirá en funcionamiento. En realidad, nada que cualquier prórroga a una central no incluya y que hasta ahora no han sido ningún problema para Garoña. Pero a Moncloa le puede servir para intentar reeditar la coreografía de la indecisión en dos años o cuatro años. Sebastián –advierte Industria- tiene ya tejidas dos banderas –cierre o vía libre- tendrá que sacar una, otra o las dos.  La letra pequeña del protocolo le permite a Zapatero no tener que presentar su decisión ni siquiera en el Consejo de Ministros, dejar que Sebastián -o el Secretario Marín- sean los únicos en ponerle la cara a la noticia. Se aferra entretanto al flotador de Vandellós, el escarmiento que el CSN le ha dejado en bandeja.

José Luis Rodríguez Zapatero sostenía desde hace meses bajo la mesa el ‘melón’ de Garoña para no abrir el debate. Ahora todas las pistas técnicas obran a favor de la permanencia de la central. Está solo con la bandera antinuclear y ahora también con el calendario y el escenario a contrapié. .El presidente busca terceras vías, pero pocas más que las del calendario o los peajes adicionales para Nuclenor le quedan. El CSN le ha dejado, como mucho, a mano el guión para un ‘sí condicionado’, una prórroga más corta o el simple consuelo de vestir de reválida en 2011 y 2013 lo que sólo es un examen de condiciones por parte del Consejo de Seguridad Nuclear dentro de dos y de cuatro años. Nada que no hubiera ido avisando ya -por si los votos- Ramón Jáuregui. Hasta hoy, la letra oficial se acerca a una “prórroga limitada” en el tiempo, o en las condiciones, “un plazo de cierre más prolongado”, en palabras del número dos en las elecciones europeas por el PSOE. La prórroga "limitada" del funcionamiento de la central burgalesa podría seguir un esquema similar al de la central José Cabrera, en Almonacid de Zorita (Guadalajara), que cerró en 2006. Garoña es sólo el principio, después vendrán la guerra del uranio y la batalla pendiente por los almacenes de residuos radiactivos que debió licitar hace meses. La industria, los municipios afectados, los socialistas disidentes de su paraguas antinuclear e Industria quieren salir pronto del impasse.

Zapatero levanta cada vez más en solitario la bandera antinuclear, ahora que el PP ha salido del ‘armario’ energético para las elecciones europeas, que Bruselas le da la espalda a su mix sin nucleares y que en el PSOE las grietas de Garoña son cada vez más anchas. Moncloa hace saber que todas las opciones están aún sobre la mesa de Miguel Sebastián. Lo dice –claro- por boca del Secretario de Estado, Pedro Marín. El cierre de Garoña se ha convertido para el Ejecutivo en un ‘asunto tóxico’ que nadie quiere tentar. Moncloa se piensa la escenografía. La presidenta del CSN le ha puesto a Industria en bandeja mucho más que la ‘oportunidad’ de la publicación de su dictamen sobre Garoña, después de tres días en la ‘nevera’ del Consejo. Mientras el CSN le da pie al guión para un ‘sí, pero’, la letra pequeña de la legislación le abre un punto de fuga a Zapatero, fuera de la olla a presión nuclear. Como sólo es una renovación de licencia, no hace falta una resolución del Consejo de Ministros, ni siquiera el ministro tendrá que informar al Consejo, salvo que se empeñe. El presidente tendrá que responder al Congreso esta semana cuáles son las intenciones del gobierno. Por ahora, eso es todo. Si puede, agotará al máximo su mes de plazo para decidir si respeta la opinión del CSN y prolonga la vida de Garoña hasta 2019 o si ignora la recomendación de los técnicos y echa el cerrojo por lo que la vicepresidenta llamaba ‘motivos políticos’. No le gustaría tener que servirlo a una mesa de ministros en la que ni a Sebastián, ni a Elena Salgado les agrada un candado para Garoña a contrapié de la recomendación del Consejo de Seguridad Nuclear.

Desde su puesta en marcha en marzo de 1971, se han sustituido más de la mitad de los componentes y equipos de la planta. Además se han incorporado más de 2.500 nuevas modificaciones de diseño para adaptarla a nuevos requisitos. En la última década, Nuclenor ha invertido 150 millones de euros en la central y prevé destinar 50 millones más en el periodo 2009-2011. La renovación y duplicación de kilómetros y kilómetros de cables -algo que la nuclear prevé realizar en la parada de recarga de 2013 y para lo que tiene que construir un nuevo edificio- y un cambio en el sistema de ventilación del edificio de contención y en la purificación de los gases de la sala de control, que la nuclear prevé llevar a cabo en 2011 costarán unos 50 millones de euros. La central ya ha incorporado algunas de estas modernizaciones, exigidas a los nuevos reactores que se están diseñando actualmente en los EEUU, y procederá a poner en marcha el resto de medidas en la próxima parada para recargar combustible de uranio en 2011 y 2013.

Sus ‘buenas notas’ en todos los exámenes técnicos, más de 370 millones de inversiones, la sintonía con todos los requisitos del CSN y el visto bueno de la AIEA allanan el camino de la renovación a Garoña. Y ni la subida de la producción nuclear, ni el cálculo del precio del desmantelamiento y un 10% adicional en la factura energética -ahora que Sebastián cruza los dedos para que no se estropee la foto con las eléctricas- ni la demanda por lucro cesante que Nuclenor ejecutaría, ni el precio del incremento compensatorio en otras centrales obran a favor de las tesis del cierre. ZP le prepara el expediente a Garoña sin que se vea su sombra. Trata de tejer todos sus círculos viciosos: cómo ser rentable y segura y cerrar, cómo hacer que no parezca una decisión política, (ya ha desechado que el CSN entonara sus partituras), cómo hacer que parezca que las renovables pueden con el vacío de la nuclear, cómo solucionar las demandas que le planteará Nuclenor si cierra Garoña y cómo opacar las cifras que emergen ahora sobre la mesa.

Pero las contradicciones con el regulador y los argumentos técnicos se le nublan en la ‘casa socialista’ y son ya cañonazos por parte de sus socios europeos. Por si fuera poco, la bandera electoral antinuclear le despliega la ‘alfombra negra’ de la discordia a España en Bruselas y ante el G8 y le siembra de minas la presidencia de 2010. Europa le saca, además, los ‘colores verdes’ a Moncloa y a Miguel Sebastián y le chafa lo que en Ferraz pensaron que sería una ‘tercera vía’  para el cierre de Garoña.  En su “Informe de avance sobre la energía procedente de fuentes renovables”, le recuerda que el progreso de España está por debajo de la media de la UE-27 y será imposible alcanzar el objetivo del 12% de electricidad verde en 2010. El horizonte de un 20% de producción renovable en el año 2020 (en energía final ya elaborada y apta para ser utilizada) se le queda aún grande a una España que trata de subirse al vagón de cabeza de la UE a toda máquina.

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