edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
29/04/2009

Zapatero se apunta al peronismo justicialista

Alfonso Pajuelo.- Todo lo que no sean sus recetas (¿) es antiguo, frívolo, antisocial o antipatriota. Las propuestas del PP, por supuesto, inadmisibles. No es que el principal partido de la oposición haya hecho gala de cacumen digno de mención, empeñados como están en aprovechar la crisis para ganar votos, una actitud que comienza a ser costumbre en la filas de Rajoy. Con un vocinglero Montoro, que cada día se parece más a Pujalte, de portavoz económico y de mediador desmedido en distintos conflictos, la perorata diaria les es suficiente para ir desgastando al Gobierno. Un Gobierno que aparentemente se está autoinmolando pero que en realidad también está aprovechando la crisis para crear su bandera electoral, la defensa de los desfavorecidos y el mantenimiento a ultranza de los derechos sociales y de trabajo, sin que termine de explicar con qué va a pagar los primeros, ni cómo va a aumentar la competitividad y a flexibilizar el mercado de trabajo en los segundos. Empieza a dar la sensación de que Zapatero se ha dado al peronismo. Sólo le falta Evita pero igual echa mano de Elena Salgado.

Zapatero aprovecha cualquier ocasión para demonizar a cualquiera que plantee la más mínima reforma en el mercado de trabajo, empeñado en ganarse a los empleados en detrimento de los desempleados, a los que pretende no olvidar pero a costa de un Erario Público que parece un saco sin fondo pero que alguna vez tendremos que pagar.

Al último al que ha rebatido ha sido al que fuera jefe de su Oficina Económica, David Taguas, que anteayer hacía una propuesta que, cuanto menos, merecía su estudio; era cualquier cosa menos una tontería. Plantear un nuevo contrato de trabajo que establezca una indemnización por despido creciente parece una posibilidad nada desdeñable y bastante moderada. Pero Zapatero se la quitó de encima de un manotazo. “Cuando mucha gente habla de reformar el mercado laboral, lo que viene a decir es desregular el mercado laboral. Sabemos a dónde han conducido las políticas de desregulación en el mercado financiero", dijo. Le cantan una soleá y contesta con una petenera. Y, además, con un punto de demagogia.

El rifirrafe con Fernández Ordóñez dejó bien claro que Zapatero está encerrado en su palacio y no quiere que nadie le haga su política económica. ‘Hoy no se admiten sugerencias, vuelva mañana’, es su lema y está colgado en la cancela del palacio. El que no se da cuenta, vuelve mañana y se encuentra con el mismo texto, y vuelta a empezar.

El club de los que añoran a Solbes no para de recibir nuevos socios. Obviamente Zapatero no está para sutilezas pero los miembros confesos de ese club le están haciendo unas indicaciones que no quiere entender. Solbes se equivocó como el primero en el diagnóstico de la crisis. Reaccionó tan tarde como los demás. No lo hizo bien pero aun así inspiraba confianza, tanto por su rigor como por su independencia. Puede que no fuera el más indicado para gestionar esta crisis pero los que le añoran están diciendo que no se fían de Salgado y mucho menos de Zapatero, incapaces de ver más allá de sus narices, emboscados por sus propios errores y con una idea un tanto trasnochada de la defensa de los trabajadores. Lo mejor que se puede hacer por los trabajadores es crear empleo y lo mejor para mantener los derechos sociales es crear riqueza.

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