edición: 2360 , Viernes, 8 diciembre 2017
04/12/2009

Zapatero ya no quiere ser la ‘bestia negra’ de la nuclear europea

El sector tratará de aprovechar su paso por la presidencia de la UE para doblegar su rechazo
Zapatero no quiere otro ‘affaire Garoña’, deja pasar el almacén nuclear, las grietas reabiertas de Zorita, el debate sobre la cuarta generación atómica y la regulación comunitaria de los residuos
Javier Aldecoa

Quería rapidez, prometió cocinar en persona la reforma de la legislación nuclear. Iba a ser en septiembre, pero ni la mano ejecutora de Miguel Sebastián ni los calendarios acompañaron su partitura. Entona el mejor ‘no meneallo’ con todo lo que lleva el apellido atómico, no define el futuro del Almacén Centralizado de Residuos -que hace dos años le niega a las promesas del Ministerio de Industria- y las zozobras del Plan Garoña le han resucitado los fantasmas del día después de Zorita, pero el presidente se intenta sacudir las ‘manchas antinucleares’ en los resquicios de la Ley de Economía Sostenible. No habrá debate ni regulación específica, sólo gana tiempo. El nuevo techo de cristal -40 años de vida útil- sólo consuma el horizonte ya de hecho de la vida técnica. Nada que no se pueda estirar con otra prórroga si el CSN lo acredita. Se lo piensa, enseña al menos la bandera de las posibilidades para que la vean desde Génova. Estaría dispuesto a matizar su postura nuclear. Aunque fuera a cambio de un pacto de Estado. Pero se blinda en todas las prórrogas. La consigna es nada de otro affaire Garoña. Menos aún en el escaparate de la presidencia española de la UE. Se atrinchera en la indefinición en la que buscará pasar el trago europeo.  Los Veintisiete aspiran a liderar las negociaciones sobre el cambio climático y Moncloa no quiere seguir siendo un vagón de cola  de ese tren.

El Comisario de Energía Piebalgs y los presidentes de turno checo y sueco dejan como legado comunitario el horizonte de un 30% del mix eléctrico de origen atómico para la UE en 2012 y no quieren que las cabalgadas españolas y los pasos atrás en las centrales ya operativas se la chafen. Han tomado nota en el Ministerio de Industria: a pesar de Zapatero, el plan energético para la presidencia de la UE no dice nada sobre el cierre de reactores en sus propuestas sobre seguridad del abastecimiento y política exterior.

Madrid camina aún hacia el corazón de Europa de espaldas a las recetas comunitarias, pero Zapatero suavizará sus discursos, al menos en la galería de los Veintisiete, sabe que la decisión del cierre de Garoña ha dejado a Moncloa y a la presidencia española de la UE un poco más en fuera de juego y ha guarda sus galones antinucleares. Quiere ponerse al día. Tendrá que hacerlo ante la UE. Durante el primer semestre de 2010 debe acelerar la trasposición de la propiedad de las centrales que le exigen los Veintisiete y empezar a definir en menos de un mes la letra pequeña de los compromisos energéticos del Tratado de Lisboa.

Elude todos los debates nucleares, dentro y fuera de Moncloa, no sólo los de la vida de los reactores atómicos. Busca también tiempo en la reforma de sus calendarios energéticos a largo plazo. No ha terminado aún de digerir Garoña. Pero se resguarda en el ‘laissez faire’ y alista la ambigüedad atómica, por si sirve de ‘ofrenda de paz’ para el pacto de Estado de energía con Génova. Podría revisar el peso de la energía atómica dentro del mix energético, pero nada de nuevas centrales. Si no, en el peor de los casos, estira al menos las aristas nucleares de la calma con Sebastián, la CNE, el CSN y los técnicos de Industria. Hasta ahora, Zapatero se había mostrado inamovible en que las plantas debían cerrar al cumplir los 40 años para los que fueron inicialmente diseñadas, pero aunque la Ley de Economía Sostenible aprovecha para establecer con rango legal en 40 años la vida útil de las centrales y hace ‘decreto’ de la tendencia de hecho a la que pretendía aferrarse, admite la posibilidad de "renovación extraordinaria" si se lo somete a una evaluación ambiental.

En realidad, la norma sólo supone ampliar los requisitos para renovar la vida de las centrales pero no lo impide. Ni siquiera cierra del todo la puerta a la reversibilidad del cierre de Garoña en 2013, que el PP ha prometido revocar su llega al Gobierno. No son sólo el recurso presentado por Nuclenor ante la Audiencia Nacional contra la decisión del Gobierno de prorrogar la vida de la central sólo cuatro años, en lugar de los diez que recomendó el CSN, ni la denuncia de los minoritarios ante el Supremo y el recurso de la Junta de Castilla y León los que despiertan los fantasmas energéticos en Moncloa.

El fantasma de Zorita le pisa los talones a Garoña y al presidente le persiguen todos sus ‘olvidos nucleares’. Quiso destapar sin licitación la carrera por el Almacén Centralizado de Residuos, pero ni los municipios ni la AMAC obedecen la partitura de sus expectativas mientras no estén las cartas oficiales sobre la mesa. Y si desde su llegada al Ministerio de Industria Miguel Sebastián anunció una planificación hasta 2030, la Ley de Economía Sostenible acerca sus horizontes, sólo se atreve a marcar su horizonte hasta 2020, un plazo suficientemente corto como para que Moncloa no tenga que encarar de nuevo nada parecido a otro ‘affaire Garoña’: no hay a la vista ninguna central que llegue a los 40, ni la habrá antes de ese momento. Cuando llegue ‘la hora de la verdad’ de Almaraz, justo un año después, en 2021, será ya bajo el paraguas de otros planes energéticos. Y otra administración.

PRÓRROGA A LA INDEFINICIÓN

Zapatero no es ajeno a los avisos del Consejo de Seguridad Nuclear: el parque nuclear espanol es "joven" en comparación con los vecinos europeos (Garoña era la última excepción), lo suficiente como para que las instalaciones se mantengan sin que Moncloa tenga que volver a abrir el debate. Los 40 años de vida útil de los reactores establecida en el Anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible harán casi un trámite la prórroga en 2010 de la revisión de las autorizaciones de explotación de las dos unidades de Almaraz (con 29 y 26 años) y de Vandellós II (22 años). Así lo descuentan sus gestores. Algo parecido a lo que esperan para 2011, cuando el CSN revisará las autorizaciones de las plantas de Cofrentes, con 25 años en operación, y de las dos unidades de Ascó, de 27 y 24 años. Nada que en Moncloa no hayan calculado ya. Prefieren no poner a prueba las ‘cláusulas de excepción’ fijadas en la Ley de Economía Sostenible, al fin y al cabo, Garoña le dejo claro a Zapatero que los técnicos de Industria y el CSN, hoy por hoy, no encontrarían motivos para clausurar las centrales españolas al cumplir 40 años.

Pero congela el ‘affaire’ de los residuos, aunque han comenzado a ‘explotarle’ en las manos. No sólo porque el desmantelamiento de Garoña implicará la construcción de otro nuevo depósito individual si no hay uno centralizado. Zapatero no tendrá que esperar a ese momento. Hasta Enresa le ha recordado que se le agolpan sus cronómetros: en enero comenzará, "casi seguramente", el licenciamiento del Almacén Temporal Individualizado (ATI) en Ascó (Tarragona), cuando el Plan de Residuos habla de un ATC. Obligará al Gobierno a autorizar una actividad de almacenamiento de residuos contradictoria con el Plan General de Residuos Radiactivos. A Zapatero ya le queman los residuos. No quiere ni hablar de ellos, pero el PSOE promete, sobre los recelos de la AMAC, que llegarán antes de fin de año. El ATC no llegará nunca antes de 2013 y, si esperaba buscar acomodo casero a los residuos de Vandellòs I cuando vuelvan de Francia en 2010, ya sabe que no podrá. Se lo acaba de confirmar la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs, no recibirá en Vandellòs II esos residuos de alta y media intensidad.

PRESIONES EUROPEAS

Se ha convertido en el último mohicano antinuclear de Europa. Alemania acaba de dejar al presidente español a solas con la bandera del ‘nuclear no, gracias’ en la mano, el mismo estandarte que Italia, Gran Bretaña, Francia y todos los miembros de la UE-15 han ido dejando caer. Sólo la urgencia de un almacén de residuos nucleares centralizado hermana las zozobras energéticas españolas con las de Berlín. A España le duele la ‘soledad antinuclear’ de Moncloa: Bélgica, Holanda y Suecia han dicho que alargarán la vida útil de sus centrales y el resto no sólo prolongarán la energía atómica existente: además, construirán más centrales. En Reino Unido, la izquierda dio un giro y hasta Tony Blair reconoció la necesidad nuclear. En Francia, el país con más nucleares, no se cuestiona el potencial para la nación de este sistema. En Italia, que no tiene centrales, el Senado ha consumado la luz verde al retorno al ‘redil atómico’ y la alianza entre Enel y EDP planea construir 4 nuevos reactores. Polonia y Lituania han decidido desarrollar conjuntamente la nueva central nuclear de Ignalina, aunque sea en 2016, les cueste inversiones entre los 2.500 y 4.000 millones de euros por un reactor y no tengan más remedio que aprovechar la infraestructura de la antigua central lituana, para disgusto de Bruselas. La “soledad” antinuclear española es aún más patente allende las fronteras de los Veintisiete: EEUU, referente de las energías verdes para Zapatero, está renovando licencias nucleares y va a instalar nuevos reactores. Más de 40 países van a construir centrales o renovar licencias.

Las contradicciones ‘verdes’ de Moncloa tienen ventanas a las calles de Europa, EE UU y Asia. Lo saben en Industria y se lo han recordado a Zapatero: si hace un año el aún Comisario de Energía Andris Piebalgs se limitaba a defender el derecho de los gobiernos de los Veintisiete a elegir un mix energético y a pedir transparencia con la seguridad de las centrales, ahora el máximo responsable de la energía de la Unión exige -para poder hacer frente al cambio climático, la seguridad del suministro y la competitividad- un 30% de fuentes nucleares. No sólo eso: los Veintisiete acaban de coronar -por primera vez de forma oficial a través de una resolución de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa- a la energía nuclear como uno de los arietes para “reducir" las emisiones de gas de efecto invernadero y el calentamiento del planeta. Y para disgusto de Rodríguez Zapatero, el texto que ha visto la luz para prorrogar el Plan Estratégico de Tecnología Energética que aprobó la UE en 2007 exige a los miembros del Club Europeo inversiones en tecnologías bajas en carbono, para empezar la atómica.

No es sólo la herencia de Piebalgs la que promete amargarle, con sus manchas nucleares su ‘paseíllo’ europeo. Si el responsable de energía le ha dejado claro y a domicilio, en Barcelona, que la energía nuclear es una opción "económicamente factible y competitiva" y "una parte imprescindible" de un modelo energético equilibrado, su sucesor, el alemán  Günther Oettinger recibe la responsabilidad de Energía con pocas más pistas sobre su perfil político que su empeño nuclear, uno de los que impulsó el viraje de la canciller Angela Merkel. Un halo que comparte con el mismísimo primer presidente de la Unión, el belga Herman Van Rompuy. No será, además, un semestre más. Y, como le acaba de recordar el regulador nuclear español, a la Presidencia española de Unión Europea "le va a tocar" hacer una directiva de residuos, para "acondicionarlos". Pero sobre todo, En Moncloa comienzan a calar las máximas de Piebalgs -"la demanda no se  podrá satisfacer con milagros".- y los cálculos del CNE, el CSN.

GRIETAS A LA ‘CERRAZÓN NUCLEAR’

Las voces han chirriado de nuevo entre las grandes espadas de la energía española y hasta en la ‘casa socialista’. Le reviven los mismos avisos que la presidenta de la CNE, Maite Costa: la energía atómica sigue siendo “imprescindible” y "favorece que se fijen precios más reducidos que con otras tecnologías". No es sólo el presidente de Repsol YPF y de Enerclub, Antonio Brufau, el que le recuerda a Moncloa que, con más motivo ahora con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y sus expectativas de integración europea, ni el mix energético puede depender sólo de decisiones locales, ni prescindir de los reactores. España necesita -en palabras del presidente de E.ON España, Miguel Antoñanzas- un mix equilibrado.  Más aún -se lo advertía en el Foro del Club de la Energía el ex ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla- ahora que lo prioritario es la lucha contra el calentamiento global.

Sebastián y Espinosa callan ante las alertas de la comunidad científica, que pide un pacto de estado para combinar la nuclear y las renovables. Le pone cifras la Sociedad Nuclear Española (SNE): si en 2030 España debe generar un tercio de la energía que produce mediante fuentes renovables -actualmente genera el 20%-, otro tercio mediante centrales térmicas -que funcionan con carbón y gas- y el tercio restante mediante la energía nuclear (ésa es la composición del mix que propugna la UE), a corto plazo sería necesaria la prolongación de la vida útil de los 8 reactores existentes en España en unos 20 años además de la construcción de otros diez reactores.

Y a Zapatero se le ha agotado, con los humos de Copenhague, su consuelo en la supuesta hermandad de costes entre la nuclear y la eólica, que Nuclenor desmiente. La energía nuclear cuesta sólo 35 euros/megavatio, frente a los 60 euros de las centrales de ciclo combinado, los 80 de la eólica y los 400 euros/megavatio de las centrales fotovoltaicas. Una central nuclear de tamaño pequeño puede dar electricidad a una comunidad autónoma entera, pero para obtener esa misma energía por vía eólica se precisarían 2.000 molinos, a quinientos metros uno de otro: mil kilómetros de línea de molinos. El otro problema es la intermitencia: la energía eólica se detiene cuando no sopla viento y la energía solar se para cuando no hay sol. Las energías alternativas necesitan todavía de mucha investigación para poder acumular la electricidad producida e incrementar su rendimiento. Su función podría ser perfectamente complementaria. Con la combinación de energía hidroeléctrica, energías alternativas perfeccionadas y energía nuclear, se calcula que España podría ser soberana en materia energética en aproximadamente veinticinco años.

Los interrogantes ‘verdes’ se le  a ZP en la mesa en la que prepara la disección de Garoña. Paga ya su cerrazón de espaldas a los reactores de IV generación que la UE acaba de lanzar y al nuevo sistema de reciclaje casi completo de residuos (al 94%). Pagará, por su ‘ceguera’ verde, a Francia y Gran Bretaña. No son la directiva del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat) -dependiente del Ministerio de Industria- y la Real Academia de Ingeniería de España los únicos que le recuerdan que la nuclear no sólo es una de las energías más seguras y más limpias, sino el binomio más compatible con las renovables. Le ha puesto cifras a la “irresponsabilidad” de contraponer a corto plazo las renovables a la nuclear: un país sin reservas de combustibles fósiles y con una dependencia exterior del 82% de la energía -frente a un 52% de media europea-, no puede prescindir de 38 TWh, generados a bajo coste, que produciría la central nuclear de Garoña durante 10 años de vida adicional. España, defensor entusiasta e incumplidor contumaz de los compromisos de Kioto, emitirá más de 20 millones de toneladas de CO2 que Garoña evitaría, y que, a un coste orientativo de 20 euros por tonelada, supondrían 400 millones de euros.

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