edición: 2857 , Viernes, 29 noviembre 2019
Aconseja un análisis profundo de la capacidad de repago

El Banco de España quiere cerrar el caladero más rentable para la banca, el crédito al consumo

logo Cree que el sector subestima el freno de la actividad económica y avisa que la morosidad ha comenzado subir de la misma forma que lo harán los impagos en el futuro

Juan José González
Al parecer, las cifras que recibe el Banco de España de las entidades de crédito han causado una honda preocupación en el consejo del supervisor, que las estima peligrosas por cuanto descuenta que vienen tiempos difíciles para el sector de parte de la economía. Lo cierto es que el crédito al consumo crece en España a un buen ritmo anual, en torno al 14%, que si se tiene en cuenta los préstamos destinados a financiar otros bienes de carácter duradero se dispara, eso es cierto, hasta cerca del 22%. En principio, la cifra no debería alarmar a nadie, salvo a los propios deudores, puesto que el saldo de crédito al consumo que es financiado por los bancos esta todavía situado a años luz del registrado en el infausto ejercicio de 2008. En cualquier caso, el aumento del saldo de crédito acumulado desde 2014 hasta junio de 2019 (última cifra conocida) lo sitúa en el 46,8%. En los últimos cinco años, el sector bancario español se ha dedicado a buscar caladeros que le dieran alguna garantía para poder sacar adelante la cuenta de resultados, y uno de ellos, quizá el más rentable y accesible ha sido (y sigue siéndolo) el crédito al consumo. La banca ha creído necesario adaptarse a las tendencias del mercado, a la demanda de la clientela y en esa decisión ha podido comprobar que las inquietudes de las familias y de los hogares pasaban Y siguen pasando) por la adquisición de bienes duraderos como por ejemplo es el automóvil.
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Investigan la desaparición de 50 millones de dólares en criptomonedas de una plataforma coreana

logo Esta vez le tocó a la cadena de bloques Ethereum sumando un revés más al sector y sus mercados

Carlos Schwartz
La plataforma coreana Upbit de transacciones en criptomonedas, un mercado virtual de estos artilugios digitales, sufrió la sustracción de 342.000 unidades de Ether, la segunda criptomoneda en importancia tras Bitcoin. La desaparición de estas unidades digitales equivale a 49,2 millones de dólares a la cotización de mercado del miércoles, cuando se registró el incidente. El mercado virtual bloqueó la apertura de cuentas y las transferencias de la criptomoneda, pero no la adquisición de la misma. Las unidades de Ether fueron transferidas a una cartera virtual sin identificar. La plataforma, una de las más grandes de Corea, identificó la dirección de esa cartera y dijo haber comunicado el incidente a las autoridades coreanas quienes lo están investigando. La plataforma dijo que las medidas excepcionales adoptadas se mantendrán al menos durante dos semanas. Ether sigue en su movimiento de precios, en una escala menor, al Bitcoin y es muy usada en operaciones de cobertura.
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Toque de Tentenublo

Banca invisible, riesgo oculto

Llegan los bancos de la nueva ola, importados de otros mercados vecinos, como experiencia -se dice- de éxito, con sus servicios, precios por los suelos, ventajas ilimitadas, flexibilidad garantizada, coberturas de todo tipo, rapidez, inmediatez y demás virtudes y capacidades. Es la nueva competencia de la banca tradicional, que ya había dejado su tarjeta de visita hace algún tiempo, con experiencias piloto, fallidas, pero que ahora viene para quedarse con todo el equipo.

Es cierto que viajan ligeros de equipaje esta nueva hornada financiera porque casi todo, o al menos lo que se deja ver, es informático, telemático, automático y digital. En esa delgadez de equipo y tripulación se echan en falta bultos, contenidos, elementos inmateriales intangibles cuya ausencia salta a la vista. La nueva banca, que sobre el papel llega para sustituir, complementar, competir, relevar y hacer la puñeta a los colegas tradicionales, acusa, a primera vista, preocupantes lagunas.

La primera de ellas es el desconocimiento por parte del gran público, la clientela potencial, los particulares, de la normativa a la que están sometidas. Es decir, si los nuevos financieros tecnológicos cumplen y deben observar las mismas obligaciones normativas que el resto de bancos no tecnológicos. En otras palabras, si nuestros dineros estarán protegidos por la misma regulación financiera que garantiza los depósitos de nuestras cuentas en las entidades financieras tradicionales. Si no es así, la nueva banca no será la misma que la otra banca a la que pretende sustituir o complementar.

Pero también hay otro riesgo que no se aprecia a simple vista en esta nueva ola de bancos: la seguridad. Seguridad de nuestros dineros pero también de nuestros datos, habida cuenta que todos ellos son personales, privativos y restringidos al tráfico público. Los datos ya no son lo que eran: antes se regalaban, eran sustraídos sin permiso o con él, eran menos relevantes y estaban todos, habitualmente, registrados en el DNI. Ahora no, los datos son datos más profundos, pistas, oro molido en un mercado rabiosamente orientado al consumo. Nada hace pensar y confiar en que estos nuevos bancos vayan a protegerlos en la medida en la que todavía existen zonas sin protección, sin regulación. Riesgos ocultos y desconocidos. Cuidado.

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