Ancelotti salió tocado del derbi

Antonio Cubero
El Real Madrid sufrió ante el Atlético de Madrid la primera derrota de la temporada y Carlo Ancelotti salió tocado del derbi madrileño. Ya sabe cómo se las gasta el Bernabéu el técnico italiano, silbado por primera vez por el foro madridista cuando decidió retirar del terreno de juego a Isco -el fichaje blanco que mejor rendimiento ha dado hasta la fecha- y dejar al desacertado Benzema – el ojito derecho de Florentino Pérez- en la cancha en pleno naufragio blanco y la sensación en el ambiente de estar viviéndose de nuevo la repetición de la pasada temporada en la que el equipo madridista perdió la Liga en los primeros dos meses de competición.

Los cinco puntos de desventaja respecto a los líderes, Barcelona y Atlético, cuando tan sólo se llevan disputadas siete jornadas, las malas sensaciones en el césped y las primeras críticas señalan a Ancelotti como culpable, aunque aún puede esgrimir como defensa que el Madrid es un equipo en construcción, con mucho trabajo por hacer y toda una larga temporada por delante.

Pero las malas sensaciones en el césped y el mal juego son preocupantes. Para el seguidor madridista no hay excusas que valga por mucho que Ancelotti intente escudarse en ellas bajo la piel de cordero degollado. Los últimos partidos -como los de Villarreal, la primera parte de Estambul y, especialmente, Elche- han echado demasiado pronto por tierra la ilusión generada en la pretemporada.

Una vez más el Madrid de Florentino da la impresión de ser un proyecto que cae preso de los males de una plantilla confeccionada por Florentino a golpe de talonario y sin escatimar caprichos de ricos, pero sin ordenar los cromos en un álbum llamado equipo. El Atlético es, tal como demostró el sábado en el Bernabéu, el modelo de cómo el dinero no lo es todo a la hora de confeccionar un buen equipo competitivo, aunque no figure en el ‘top ten’ de la Lista Forbes.

Ancelotti sigue sin encontrar el once ideal con el que cumplir la promesa que realizó el día de su presentación de “hacer un Madrid que gane y dé espectáculo” . Y sobre todo, no ha sido capaz todavía de insuflar un mínimo de estilo que facilite las virtudes de sus jugadores. Ha perdido el crédito en poco tiempo, por los resultados y porque ya hay quien dice que se le ve el plumero de ser algo servil al poder.