El verdulero Montoro

Ríen en Hacienda la tendencia de la que consideran "asnada ciudadana" a creer que todo en la vida es cuestión de zanahorias. Y ríen porque la misma asnada no tiene en cuenta que el manejo de los impuestos (ahora los subo, ahora los bajo) es la aplicación burda y burra de la teoría básica de la motivación, asunto que se estudia en las bussines class y que consiste en administrar un sistema de castigos y recompensas para alcanzar los objetivos planeados.

Pues bien, el ministro Montoro ha creído conveniente que nada mejor que prometer la zanahoria (sólo al final de la legislatura) para que el burro tire y se mueva, para lo cual ya ha procedido a colgar la herbácea umbelífera por delante de nuestros hocicos. Montoro le ha dicho a su presidente que se trata sólo de una prueba piloto, enmarcada en un esquema sencillo de productividad, en este caso, aplicada a los impuestos, aunque a la postre se traducirá en votos; ahora se trata sólo de una promesa, de la siembra.

Pero debe saber el verdulero que por muchas zanahorias que conceda al burro, éste siempre estará más atento a la llegada del palo en el lomo. Igual sensación es la que siente la que da en llamar asnada, porque lo que hace daño es el palo y no la zanahoria. Una rebaja de impuestos -la zanahoria- si bien alivia el disponible no sería capaz de recuperar las ganas por votar al verdulero de turno, pues el pago de impuestos tiene de todo menos motivación intrínseca.

El verdulero sabe, sin embargo, que la zanahoria debe ser utilizada como gratificación al final del trabajo, cerca de las elecciones, porque así potencia el pensamiento a corto plazo -el voto- y frena –olvida- la visión a largo plazo si a dos años de las urnas recibimos la verdura naranja. Lo peor de la teoría de la motivación aplicada a la fiscalidad es que los votantes, como los asnos, llevan a estas alturas tal exceso acumulado de palos que no hay toneladas de zanahorias que lo compense. De ahí que las zanahorias, mejor para Bugs Bunny.