La iniciativa recuerda a la línea del ICO ‘Moratoria Hipotecaria’ de 2009

Bankinter y Banco Santander hacen un uso expiatorio de los problemas inmobiliarios

Oportunidad de oro para limpiar mora, reducir pérdidas, recuperar imagen y, de paso, desviar la atención de unos resultados que esconden problemas
Emilio botín, presidente de Banco Santander
Juan José González

Hasta las cejas de deudas y hasta las cejas de impagos. Los primeros les deben cada vez más dinero a los segundos. Son las familias y particulares con cargas hipotecarias quienes se encuentran en una posición deudora in crescendo respecto a los segundos, los bancos, los acreedores, también, por la misma razón, en apuros: si las deudas ahogan a unos, la mora se encarga de fustigar a los otros. Situación provocadora por la doble vía del derecho mercantil, pero también por otra, no se sabe si peor, que es la vía de la imagen, de la mala imagen. La coyuntura impone dos denominaciones distintas para el mismo problema: las familias tienen un problema hipotecario en casa, mientras los bancos tienen el mismo problema en el inmobiliario, también en casa, en el balance. Lo cierto es que en ambos casos, posiblemente con un origen, también, similar, provocado por una valoración anterior que se demostró errónea con el paso del tiempo, familias y entidades financieras parecen estar cerca de alcanzar, tácitamente, un principio de acuerdo para solucionar el desaguisado hipotecario-inmobiliario.

Los particulares, las familias, sólo pueden pagar o no pagar. Los bancos pueden cobrar, no cobrar, cobrar parte de una u otra forma, pero lo cierto es que tienen la capacidad de iniciativa. En varios Länder alemanes un banco perdonó diez años de hipoteca a un parado de familia numerosa (4 hijos). El precedente fue aprovechado por la entidad para extender la renuncia inmobiliaria a 300 familias, y otros tantos créditos hipotecarios más. En Irlanda (apuntaba Icnr.es el pasado martes en su edición de la tarde) uno de los principales bancos, el intervenido AIB, propuso destinar la inyección de capital estatal en la condonación de la deuda de sus clientes hipotecarios, aduciendo la entidad que “sería la única vía para resolver dos problemas de un golpe, el del deudor y del acreedor”. El camino, pues, parece el más propicio para este tipo de soluciones alternativas en las que el banco (o caja) toma la iniciativa, la única legal puesto que la resistencia popular en forma de impago tiene su trascendencia jurídica.

¿Y qué hacer en España? Pues ya han comenzado a surgir algunas iniciativas, si bien la primera de ellas, protagonizada por un banco mediano en apuros como Bankinter, se consideraba aislada y menor como correspondía al tamaño de la entidad ‘pionera’.  Como también fue pionera esta entidad en las hipotecas con cambio de divisas de cuyos resultados prefiere no acordarse nadie. Salvo Bankinter claro. Así las cosas, y puesto que la prueba o experimento del conejillo de indias, parece haber causado impresión aceptable -al menos, varios cientos de personas no clientes se han acercado al banco a preguntar ¿qué es eso de la dación?- la matriz del grupo, Banco Santander, lanza a propósito de la coyuntura y de la presentación de resultados semestrales, una idea que facilita, o quiere facilitar, el pago de las deudas hipotecarias en determinadas condiciones, es decir, el acreedor se aviene a flexibilizar la relación con el deudor en vista de que no existe otra solución mejor, pues la del embargo conlleva salpicaduras peligrosas, entre ellas de imagen.

En 2000 el endeudamiento de las familias en la adquisición de una vivienda era del 29% del PIB y en 2010 ascendía hasta al 65% del PIB. Fuerte endeudamiento que hay que contrastar con una de las peores recesiones de las últimas décadas, con un desempleo superior al 20% y sin perspectiva de crecimiento económico que pueda absorberlo. Cifras que sirven para situar el problema en unos términos donde los deudores se enfrentan a serios problemas para hacer frente al pago de sus hipotecas. La tasa de mora hipotecaria en la adquisición de vivienda alcanzó el 3,67% en la primera parte de 2011, y seguirá aumentando pues las perspectivas de recuperación económica se retrasan. En la anterior recesión económica española -1.994- la tasa llegó al 5,54%.

La situación alcanza un punto donde en el que la aplicación de modelos matemáticos se muestra ineficaz, pues por mucho que las matrices del algebra le conviertan a uno en deudor, al parado se le terminan los ingresos al cabo de unos meses. Pero la situación indica igualmente que la mora grava al acreedor con otros costes indeseados que a primera vista no aparecen en el balance: la reputación, la mala imagen producto de una posición de dominio y fuerza que se vuelve, siempre, en contra del acreedor.

Si la iniciativa de Bankinter es considerada como menor en atención al tamaño de la entidad, la de Banco Santander, aunque limitada a sus clientes, ya son palabras mayores, en tanto que esta llamada a ser una práctica que se generalizará en todo el sector. El sector comparte el problema inmobiliario, como reflejan sus cuentas, y de ahí que el paso de Santander –empeñado su consejero delegado Alfredo Sáenz en negar cualquier estimación en su balance sobre el alcance de la propuesta- suponga una iniciativa más.

Bankinter más Santander, por orden de llegada, suman y hacen tendencia. El gesto, medida o iniciativa, da igual, tiene mucho de acción comercial, de marketing porque un vendedor tiene vender siempre, pero conlleva asimismo una parte muy apreciable de imagen, de querer alinearse con los problemas de la gente, de los clientes. La calle, ahora identificada en el movimiento desordenado del 15-M, hace reiteradas menciones en sus mensajes a las entidades financieras, siendo el hipotecario un espacio conflictivo.

Pero la idea de facilitar la situación al deudor hipotecario –e hipotecado- se basa en una buena filosofía que tiene en cuenta como criterio de actuación la flexibilidad. De la misma forma que las entidades financieras se están mostrando más sensibles a los problemas de la clientela –aunque sólo como medio para conseguir resolver los propios- las iniciativas orientadas a resolver la situación inmobiliaria reflejan, en parte, la sensación de mala conciencia que pudieran albergar algunos gestores, presentando medidas pretendidamente revolucionarias y novedosas en el ámbito hipotecario. En el fondo, Bankinter y Banco Santander se valen de la coyuntura –financiera y laboral- para expiar posibles errores en la gestión inmobiliaria.

No hay que olvidar que, antes que Bankinter y Banco Santander, el 6 de febrero de 2009 el Consejo de Ministros aprobaba la Línea de mediación ICO Moratoria Hipotecaria, que al parecer ha servido de base a varios departamentos comerciales de la banca para ‘crear’ o adaptar sus productos y presentarlos como novedosos. Aquella línea del ICO fue bombardeada –y denostada- por la banca al estimarla menos costosa para los clientes y además porque servía a estos para plantear una petición de rebaja. Las líneas del organismo público resultaban, entonces, excepcionales para la banca: estaban pensadas para resolver muchos de los problemas que ahora se trata de solucionar.