Boris, el discípulo de Trump

El capricho del tiempo quiere que la salida de Reino Unido de la Unión Europea se lleve a cabo con ruido, jaleo y caos. Y va a conseguir pleno. El ruido dura demasiado tiempo, el jaleo es perceptible y cansino, y el caos asoma cada vez que también asoma el despeinado Boris, el vecino broncas, el que saca la basura a la calle a cualquier hora, el mismo que está dispuesto a patrocinar el caos de la despedida de los británicos de las instituciones políticas del continente.

Es cierto que el caos ya estaba sembrado. La premier May y los suyos se encargaron de un trabajo previo que ahora, seguramente mañana, viene Boris a rematar. Y lo hará desde el 10 de Downing Street, su residencia oficial. Desde ésta, Boris consumará el divorcio sin acuerdo, la separación sin pacto, de cualquier manera, dicen que dice el tory. Pero había dicho que intentaría no llegar a ese extremo, algo que ahora incumple flagrantemente.

Su trabajo a partir de ahora no será otro más que preparar el caos y administrarlo, aplicando las dosis preceptivas para que la salida sea caótica. Por si no fuera suficiente, el despeinado Boris cuenta con la posibilidad cierta de un enfrentamiento entre los poderes Ejecutivo y Legislativo al entender el Parlamento que tiene poderes de veto sobre una salida por las bravas. Así que el espectáculo parece servido en bandeja.

Visto así, no sorprendería nada que Boris siquiera punto por punto el manual de gobierno de Donald Trump, a fin de cuentas, sería su mejor referencia para el manejo del caos que pretende para su Reino Unido. El manual del americano recoge la forma en que un gobernante debe ejercer la radicalidad en el poder. Incluso hay un apartado que le mostrará la manera correcta en la que Boris debe responder a los de Teherán en el Golfo Pérsico por el petrolero retenido. Un buen discípulo este Boris.