Plan B, por si acaso

La maquinaria de la comunicación financiera registra estos días una actividad fabril inusual. Claro que todo responde a la acumulación de asuntos de interés coyuntural, económico, por supuesto. Ahí está el Brexit, que no deja dormir a los financieros del Santander, banco al que el referéndum inglés coge de lleno, dada la concentración de riesgo -y beneficio- que tiene el banco en la isla.

Se prodigan los expertos oficiales de la entidad al ver a la baja el volumen de dinero que llega a sus fondos de inversión, una vía de ingresos, de comisiones y de capital que figura subrayada como prioritaria en la estrategia del banco. La necesidad de Santander debe ser acuciante habida cuenta del esfuerzo desarrollado en las últimas fechas por sus analistas de los que, al fin, notamos que tienen voz con la prensa (amiga).

Pero sucede que los analistas funcionan a golpe de encuestas, y sobre el Brexit parecen indicar que los favorables a la salida de la UE son cada vez más numerosos. El más elemental sentido común dice que, en caso de salida, si se cumple el pronóstico, el sector turístico español se resentirá, y mucho.

Ahora bien, si sucede lo contrario la industria turística española seguirá al alza, precisamente la alternativa que no parece ser contemplada por buena parte de los fondos de inversión, al parecer, más interesados con la `especulación de salida´ que con la `especulación de la permanencia´. Se sospecha que no se dice toda la verdad, pues es difícil creerse que la salida de la UE no afectaría a la economía británica como tampoco se desplomaría la libra. Por si acaso nos engañan, piense en un plan B.