Sospechas de diferencias insalvables en el Gobierno

Bruselas urge a España a presentar un Presupuesto pragmático y, sobre todo, no ideológico

Alemania muestra el camino a Europa con nuevos criterios en sus cuentas, aumento del gasto público y un apoyo amplio de fuerzas políticas y sociales para el presupuesto de la crisis
Juan José González
Sin nuevos Presupuestos Generales del Estado las ayudas de Europa llegarán más tarde y los planes de largo plazo, los que contemplan las cantidades mayores, es probable que se reduzcan. La petición de las autoridades europeas a los 27 es, en esta ocasión escueta y hasta sencilla se podría asegurar para los técnicos encargados de construir los presupuestos estatales. Europa solicita a sus socios que elaboren presupuestos realistas, ajustados a las necesidades, las urgencias, pragmáticos y exentos de contenido ideológico, para salir de la crisis. El ejemplo que se impone en esta ocasión parece ser el que propone Alemania que, como ya se conoce en sus líneas generales se aparta de la ortodoxia económica del déficit cero de los últimos años para fijar objetivos coyunturales donde prima la necesidad de compensar la caída de la demanda proponiendo un aumento del gasto público. El modelo alemán de la crisis, como ya es conocido el documento presupuestario, está respaldado por un amplio consenso social y político, que es sin duda, uno de los elementos que mayor fuerza puede aportar al nuevo Presupuesto del Estado alemán. La iniciativa de la Comisión Europea de proponer un ejemplo de presupuesto para la crisis está justificado en la imposibilidad del Parlamento europeo de imponer a sus 27 Estados miembro un documento específico que contemple los criterios técnicos y pragmáticos que apuntan desde Bruselas y evitar imposiciones ideológicas según la fuerza política dominante en ese momento en cada uno de los 27 Parlamentos.
En este sentido, y debido a esa carencia de soberanía supranacional del Parlamento europeo en estas cuestiones, tienen sentido las recomendaciones de las autoridades para que todos los socios elaboren las cuentas generales a ser posible con los criterios señalados de pragmatismo y no ideológicos. La soberanía del Parlamento europeo en asuntos presupuestarios llega en este momento a través de la acción del Banco Central Europeo, la única institución y único poder supranacional por cuanto tiene el poder de la moneda única, sus decisiones afectan a la divisa común.

En esa divisa están denominadas las deudas y las ayudas, los planes y los fondos, las compras y las ventas de activos, los créditos a largo plazo e innumerables subvenciones sin las que probablemente sería posible que más de un Estado miembro conservase hoy la soberanía económica. De alguna manera, el euro no es sólo la moneda, sino también la herramienta de `condicionalidad´ al servicio de la Comisión de Bruselas. Por tanto, siempre estará en la posición de exigir por medio de sus recomendaciones medidas y criterios presupuestarios que, como es el caso, deberán ser tenidos muy en cuenta si los socios quieren un mejor acceso a planes y ayudas.

El fondo de recuperación, el que está formado por medio billón de euros y otro cuarto de billón en subvenciones y créditos a largo plazo (en total 750.000 millones) navega en Bruselas entre negociaciones intensas no exentas de las polémicas creadas por los socios `ricos´ del norte, habitualmente contrarios a las ayudas al sur. Sin embargo, ahora el grupo de socios reticentes a las ayudas no cuenta con el liderazgo de Alemania, cuyas autoridades han decidido un cambio de estrategia presupuestaria dada la profundidad de la crisis y la urgencia de soluciones.

Es decir, que entre el cambio de orientación de las autoridades germanas con un nuevo presupuesto que contempla la necesidad de aumentar el gasto público y las recomendaciones de la Comisión europea, destacando un cierto grado de condicionalidad de las ayudas a la elaboración presupuestaria, los Gobiernos de los 27 se pondrán manos a la obra de unas cuentas anuales para salir de la crisis. Para salir de la crisis el Gobierno español está obligado a presentar un presupuesto nuevo y distinto, que no tendrá nada que ver con el heredado -"el Montoro" en honor a su autor- del Ejecutivo del Partido Popular.

Un presupuesto de amplio consenso social, apoyado por el mayor número de diputados, que recoja buena parte de las exigencias de socios tan heterogéneos, con un fuerte impulso del gasto público y en capítulos sociales, parece ser el camino a seguir. Sin embargo, no parece que vaya a ser tarea sencilla para que el presupuesto que proponga el Gobierno sea refrendado por los socios parlamentarios. Y sin un apoyo amplio, la propuesta del Gobierno para salir de la crisis no contará con el respeto (aprobación) de Europa. Todo parece indicar que sin presupuesto nuevo, de crisis, las ayudas, subvenciones y planes europeos tardarán más en llegar. Si el nuevo presupuesto y su aprobación en el Parlamento español, pasan por un consenso amplio no habría que descartar que la Unión Europea llegue a bloquear algunas partes de las ayudas y del fondo europeo. En el fondo, Bruselas está exigiendo un presupuesto nuevo, realista, de crisis, al Gobierno español.