Calviño, entre el insulto y la ofensa

Se empeña la ministra de Economía Nadia Calviño, en tozudos y melones razonamientos difíciles de justificar en tiempos de pandemia. Segura de sus convicciones, y seguramente obedeciendo órdenes superiores, tiene a bien la funcionaria y servidora pública razonar en contra de muy razonables propuestas y peticiones de los sufridores autónomos y demás pymes para que suspendan el pago de impuestos o se aminoren a modo de quita u otras soluciones. Se trataría de compartir sacrificios en el entendido de que este término alcanza a todos por igual, aunque quizá no de la misma forma y cantidad. Pero lo que sí parece indiscutible es que debe ser mancomunado.

Alega Calviño que no es posible la suspensión de impuestos ni cargas sociales de los autónomos porque no desaparecen los gastos públicos, hasta aquí podríamos llegar, como tampoco parece reparar la funcionaria en que de la misma forma, autónomos y millones de pymes no van a ingresar dinero en estos meses: no desaparecen los gastos públicos pero sí los ingresos de particulares. No desaparecen los sueldos de los funcionarios como no desaparecen los impuestos que deben pagar quienes se les caen los ingresos. La política de paños templados que aplica el Gobierno, en base a aplazamientos, moratorias y demás facilidades a empresas en el pago de impuestos, no compensa el deterioro que sufrirán empresas y profesionales. Y se queda tan satisfecha la ministra al subrayar que las moratorias están libres de intereses pero se olvida que los rescates de planes de pensiones mantienen la penalización correspondiente.