Artillería bancaria

A falta de esos preciosos ingresos que iluminan las cuentas bancarias bajo el título `Margen de intereses´, la banca cavila una vuelta a las andadas en el cobro de comisiones por algunos servicios que eran, son y que se había dicho que serían, gratuitos. Como la crisis ya es historia según el cristal con que se mire y la recuperación un hecho, también según el mismo cristal, los banqueros retoman el camino hacia el viejo y seguro caladero de las comisiones.

Es razonable porque la banca no debe perder. También porque le corresponde en virtud de los servicios que presta. Cierto es que todo ello debe ir envuelto en un papel de moderación y de comprensión hacia el cliente. En ese papel no debería descansar, sin embargo, el objetivo de la banca de asegurar la rentabilidad que espera y que no llega por intermediar crédito, pues para compensar tal ausencia las comisiones se dispararían.

Por una de esas gracias de las autoridades económicas para con los administrados, la Orden de Transparencia y Protección de los Clientes Bancarios de hace unos años, dejó al público ciego, sin algo tan valioso (por orientativo) como el conocimiento de las tarifas máximas que aplican los bancos. Una obligación que muchos eliminaron y que otros siguen conservando en sus folletos y tableros informativos.

Desde entonces, la información sobre esta jugosa partida es un misterio al que sólo se accede a través de los informes trimestrales de los bancos. En cualquier caso, el temor más extendido entre la clientela, en vista de que la rentabilidad de la banca es tenida por insuficiente, es la vuelta por sus fueros de las comisiones. La prueba se encuentra en la proliferación de productos, nuevos y viejos, de todo tipo, fondos, seguros, planes... la artillería de siempre para lo de siempre porque todos ellos conllevan sus comisiones. De la misma forma que el algodón nunca engaña, la banca siempre cobra y nunca pierde. Seguiremos siendo testigos.